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Ana Markarian: “Soy una mezcla de colectividades”

Ana Markarian es vestuarista y tiene una larga trayectoria en teatro, cine y televisión. También se desempeñó como productora en medios gráficos y fue nominada para distintos galardones por su trabajo. Finalmente, en 2017 le fue otorgado un Premio Tato por su labor como vestuarista en el programa Cuéntame cómo pasó, ambientado en los años 70 y emitido por la Televisión Pública. Además, es la cabeza tras Agenda Amiga, el sitio en Facebook donde recomiendan servicios.

—Contanos sobre tu formación.

—Estudié Diseño de Indumentaria y Textil en la Universidad de Buenos Aires y actualmente me desarrollo como vestuarista. Diseñé el vestuario de obras de teatro, programas de televisión y cine. Además, soy productora y estilista de medios gráficos de varias revistas.

—¿Cómo surgió la idea de Agenda Amiga?

—Agenda Amiga es una comunidad que existe desde el 2012, un grupo de Facebook donde nos pasamos distintos datos. Desde el contacto de un plomero, una verdulería orgánica, hasta lugares donde irse de vacaciones unos días.
Es un grupo cerrado y para entrar solo tienen que pedir acceso. Al día de hoy somos más de 26.500 personas en el grupo.

—¿Cómo es tu historia armenia?

—Mi padre es armenio y mi madre judía, así que soy una mezcla de colectividades. Mi familia es de Uruguay y no tengo relación directa con la comunidad armenia en Argentina. Mi abuela, de Marash, y mi abuelo, de Adana, llegaron a Montevideo en 1929.
Yo nací en Argentina y a los cuatro años me fui con mi familia a Uruguay. Me quedé hasta los doce así que hice toda la primaria ahí. Yo no fui a la escuela armenia pero mis primos sí. Igualmente, mientras estuve en Uruguay tuve una relación más directa y profunda con mis tíos, primos, abuelos y bisabuela armenia. Con ellos hacíamos grandes fiestas y comilonas armenias, íbamos a Marash y a Hai Guetrón. También disfrutaba mucho de ir a los casamientos con mi abuela y bailar. También mientras viví en Uruguay, entre los 7 y los 9 fui a clases de danza armenia, era una diversión. Una vez que volví a la Argentina hice danza clásica y moderna, pero en ningún caso fue de forma profesional, siempre fue a modo de ejercicio.

—¿Cómo es tu relación con lo armenio actualmente?

—Ahora mi relación con lo armenio es a partir de la comida. Aprendí a cocinar porque me enseñó mi abuela, suelo invitar a mis amigos y preparar comida armenia. Además, tengo una fascinación enorme por esta comida así que voy mucho a comer a los restaurantes armenios, a todos y a comprar a las panaderías orientales. También tengo relación por mi profesión con distintos profesionales armenios igual que yo. Me crucé con Magalí Saberian trabajamos en revistas, ella como fotógrafa y yo con el estilismo. Con Analía Manouelian trabajamos juntas en vestuario y a Alejandro Tantanian, actual director del Teatro Cervantes también lo conozco, pero por ahora no trabajé con él. Además, me crucé en la televisión con hijos de matrimonios mixtos como yo. En Uruguay tengo a mis primos que son conocidos. Sergio Markarian es Director Técnico y Roberto Markarian fue rector de la Universidad Nacional de la República en Uruguay. Mis abuelos se escaparon del Genocidio y mis tíos fueron naciendo en distintos países como Siria y el Líbano. No contaban mucho, siempre se hablaba del presente y el futuro. No tengo muchas anécdotas de ese tema con mi familia. Pasé toda mi infancia y los veranos de mi juventud en su casa. Mi abuela murió a los 100 años. También pude conocer a mi bisabuela. Ella no hablaba ni una palabra de castellano. Se murió a los 106 años cuando yo tenía 11.

Un objeto. Tengo un jarrito para hacer café (djesbé) y un juego de té que se trajo mi abuela Verónica cuando escapó del Genocidio. Ahí siempre tomábamos el té siempre y lo heredé de ella.

—¿Y en relación con el idioma?

—En mi casa no se hablaba armenio porque mi mamá no es de origen armenio. En la casa de mis abuelos sí, se hablaba en armenio y en turco. Mi papá y sus hermanos hablaban entre ellos en armenio, sobre todo para que los más chicos no los entendiéramos. Igualmente, con las pocas palabras que sabíamos, con mis primos siempre inventábamos canciones.
También cuando era chica le hice creer a una tía, hermana de mi mamá, que yo sabía hablar armenio y le fui a hablar a mi abuela. Obviamente con palabras inventadas. Le dije a mi tía que mi abuela había dicho que quería tomar el té y ella creyó yo hablaba armenio y le contó a mis padres.

—¿Cómo es la fusión entre la cultura armenia y la judía en tu familia?

—Todos vienen de Europa, así que son culturas muy parecidas y tienen costumbres similares. Yo asimilé cosas de las dos colectividades con naturalidad, pero sin fanatismo.

Sofía Zanikian
Periodista
sofi.zanikian@outlook.com

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