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Armenia soviética: Violencia y destierro para los repatriados

Investigación publicada por Hetq.am (parte 2)

hetq FAMILYPara los ojos de los residentes locales la persecución era un hecho normal. Luego de la sovietización de Armenia, miles de armenios fueron víctimas de ejecuciones, encarcelamientos y deportaciones.

Estas cosas, de hecho, eran algo inesperado para los repatriados, los nuevos ciudadanos de Armenia.

Creían que al llegar al país encontrarían lugares más seguros para vivir. Sin embargo rápidamente se hizo evidente que las noticias de sus “crímenes y transgresiones” anteriores, llegaron al país junto a ellos, o incluso antes.

 

Anahit Pochikyan

Repatriada de Siria en 1946 / Vive en Ereván

hjetq ANAHIT_POGHIKYANA los que eran Tashnags, se les indicó que abandonaran el partido antes de su vuelta. Se les dijo que si lo hacían, no iban a ser molestados en Armenia.

Hubo muchas familias que lo hicieron, pero fueron detenidas en 1949 y posteriormente exiliadas. Entre 1946 y 1952, más de ochocientos repatriados fueron víctimas de la persecución. Los cargos impuestos contra ellos fueron principalmente:

-Colaboración con servicios secretos de países europeos o de Estados Unidos.

-Haber servido en los ejércitos de países europeos (principalmente Inglaterra y Francia).

-Propaganda y acciones antisoviéticas.

-Afiliación a la Federación Revolucionaria Armenia y otros partidos nacionalistas burgueses (cuando era conveniente, partidos socialdemócratas como los Henchakian y Ramgavar eran considerados como tales, aunque también apoyaran la repatriación). Estas acusaciones se basaban a menudo en suposiciones, percepciones e informaciones proporcionadas por fuentes locales o extranjeras, y eran consideradas usualmente como traición a la patria.

 

Ishkhan Hovsepyan

Repatriado del Líbano en 1947 / Fallecido en Vanadzor, 2016

hetq_ISHKHAN_HOVSEPYAN“Mi padre luchó como fedaí (soldados voluntarios civiles armenios). Era analfabeto y no podía leer una carta, pero hablaba persa, asirio, árabe, ruso, kurdo y turco.

Era un hombre alto y fornido. Creo que fue en 1949, cuando ya vivíamos en Kirovagán (Vanadzor) donde comenzaron a desterrar a los repatriados. Si hubiéramos permanecido en Leninakán (Gyumrí) o Ereván, seguramente nos habrían deportado. No mucha gente de aquí sabía que mi padre había sido fedaí”.

Los repatriados, puestos como centro de atención de las agencias de seguridad del Estado, estaban más expuestos, debido a que hablaban libre y abiertamente. Solo el hecho de expresar insatisfacción con respecto a la realidad del país, o comparar la realidad soviética con la que se tenía anteriormente en un país de origen, eran razones suficientes para que los guardianes del régimen tomaran rápidas medidas.

Como sabemos por los diarios y relatos orales de los recién llegados que fueron perseguidos, primero se sugería que cooperaran con las agencias de seguridad, proporcionando información sobre ideas, actitudes y quejas que se expresaban en sus círculos cercanos (principalmente el de los repatriados). Al aceptar esta propuesta se podía evitar el castigo, aunque en algunos casos ni siquiera así lograron hacerlo. En cambio, si se negaban, no solo eran acusados de quejarse y hablar, sino también de crímenes mucho más graves, señalados anteriormente de forma generalizada.

 

Hakob Mushoyan

Repatriado del Líbano en 1946 / Vive en Los Ángeles.

Hetq HAKOB_MUSHOYAN“Siempre estaba el miedo de que los espías y traidores estuvieran entre los repatriados. Así comenzó una ola de desconfianza hacia ellos. Pensamos que eran decisiones que venían del gobierno armenio, pero más tarde nos dimos cuenta que eran instrucciones impuestas desde Moscú”.

Lo más inesperado ocurrió el 13 de junio de 1949. Aquella noche fue una sorpresa para los lugareños, quienes ya habían pasado por el infierno del stalinismo, y para los repatriados, que se adaptaban a los caprichos del sistema totalitario con dificultad.

Este fue el primer caso cuando los armenios fueron expulsados en masa. Pero no era por una motivación étnica. Como se ve en los documentos históricos, el contingente de armenios exiliados era denominado como Dashnak y tenía tres subgrupos:

-Armenios locales que alguna vez tuvieron vínculos directos o indirectos con la Federación Revolucionaria Armenia

-Soldados prisioneros de guerra o que habían servido en la Legión Armenia.

-Repatriados

Aquella noche, 2754 familias (12.300 personas) fueron exiliadas de Armenia a la región de Altay. Un 10% de ellos, 1578 personas, eran repatriados.

 

Alain Pirian

Repatriado de Francia en 1947 / Vive en Marsella

Hetq ALAIN_PIRIAN“Tenía cinco años de edad. Podía jugar y no sentir nada. Pero puedo imaginar lo difícil que fue para mis padres. Pasamos diecisiete días en la ruta. Llegamos y estuvimos de vuelta en camiones.

Viajamos y nos dejaron salir en el bosque, donde había cuatro o cinco cuarteles. Nos pusieron en uno. Era un edificio largo con un pasillo y habitaciones que daban a él. Cada familia tenía una. Había una estufa rusa en el medio”.

A diferencia de las personas que fueron juzgadas y encarceladas de acuerdo a las decisiones de la corte, el tribunal militar, o el órgano especial del Ministerio de Seguridad del Estado, los deportados no tenían expedientes personales con investigaciones, entrevistas a ellos o testigos, o alguna evidencia material.

La gente estaba exiliada. Pasaron unas dos semanas viajando en trenes de carga y fueron relocalizados en empresas forestales y granjas de la región de Altai, sin nunca saber los crímenes o las razones por las cuales habían sido deportados. La reubicación masiva fue ‘legalizada’ más tarde, entre noviembre de 1949 y junio de 1950. Los documentos que se usaron como justificativos para las deportaciones fueron compilados por un consejo asesor especial de la URSS MMS, y fueron puestos a nombre del miembro principal de la familia exiliada, o de aquel que fuera la razón principal de la deportación.

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Stepán Veranyan

Su familia inmigró de Grecia en 1947 / Vive en Ereván

Lo llevaron a interrogatorio en la taiga y trataron de sacarle algunas confesiones. Había cicatrices en la espalda de mi padre, marcas de cuchillo. Lo torturaron para que firmara documentos que decían que él era espía.

Los exiliados fueron informados de estos documentos en la sede del comandante ya en sus nuevos lugares de residencia. Aquí también se les dijo que su destierro era permanente, hasta que murieran. Se les advirtió que no abandonaran su residencia, amenazándolos con veinte años de cárcel, o trabajo duro en caso de hacerlo. La persona exiliada debía presentarse ante el comandante una vez por semana y firmar una planilla.

Una vez deportados se enteraron de los documentos preparados por el consejo asesor y comenzaron a escribirles cartas a los altos funcionarios: Stalin, Beria, Malenkov, Mikoyan, Voroshilov, el primer secretario del Partido Comunista de Armenia Grigor Harutyunyan y otros. Querían conocer que transgresiones o crímenes habían cometido. Sugirieron a los oficiales que entrevistaran a uno u otro para verificar su inocencia. Describieron las condiciones de vida en los lugares de exilio. Condiciones que, por decirlo suavemente, estaban lejos de ser tolerables.

En raros casos, estas súplicas y quejas funcionaron y las familias fueron liberadas. Más frecuentemente, la respuesta era: “Su caso no está sujeto a revisión.”

Es difícil imaginar cuál habría sido el destino de esta gente desafortunada si Stalin no hubiera muerto el 5 de marzo de 1953, y la política interna del país no se hubiera modificado a causa de esto. A partir de ese momento, las autoridades comenzaron a responder a las cartas escritas por los deportados en términos más esperanzadores: “Su caso está siendo revisado”.

 

Hakob Filyan

Repatriado de Estados Unidos en 1947 / Vive en París

hetq HAKOB_FILYAN“Estábamos en la escuela cuando murió Stalin. Llorando, el director Suzan Haroutyunyan, nos dijo: ‘El padre Stalin ha muerto’. Nos colocaron bandas negras con su imagen en el pecho, como si realmente lo amáramos.

No había pasado un mes y ya lo estaban criticando. Luego disfrutamos un poco más de libertad. Nos podíamos expresar un poco más libremente y la vida empezó a cambiar. Yo estaba en casa cuando mi padre regresó. Corrí a la escuela. Mi hermano estaba en clase. Le dije que nuestro padre había sido liberado y que corriera a casa. No pidió permiso a los maestros y de inmediato abandonó el aula”.

De las investigaciones llevadas a cabo luego de la muerte de Stalin, a menudo se ve que las pruebas no habían sido suficientemente estudiadas, que la información proporcionada por las ‘fuentes’ no fue debidamente examinada, que no se tomaban en cuenta las circunstancias atenuantes, etc. Ante esta contradicción queda claro que las confesiones fueron producto de una presión física y psicológica, y de un ambiente de miedo que influía en el testimonio.

 

Anoush Gasparyan

Hetq

Este artículo se redactó en el marco de “Dos Vidas: La Guerra Fría y la emigración de los armenios” proyecto financiado por la Fundación Nacional para la Democracia (NED).

 

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