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Armenia, un paraíso entre Europa y Asia

No hace mucho, el Diario ARMENIA lanzó una interesante pregunta a sus lectores: ¿Cuál es la mejor época del año para visitar Armenia? Todo el año, fue una de las respuestas. Está claro que la ilusión de visitar la patria lejana, más aún si es por primera vez, es tan grande que -nunca mejor utilizado el refrán- “al mal tiempo buena cara”. Habiendo tenido la oportunidad de viajar en las cuatro estaciones, opino que la mejor época es de mediados de abril a fines de junio, durante la primavera boreal. Es la época del renacer de la naturaleza y es también, la del renacer de nuestro pueblo.

Obviamente, en los meses de septiembre y octubre el “otoño dorado” tiene su encanto y sería para mí la segunda opción. Si bien el templo de Garní o el monasterio de Keghart cubiertos de nieve es un deleite para los ojos, es común que muchos caminos se tornen intransitables en época invernal. Y aunque el verano no presente este tipo de inconvenientes, caminar por las calles de Ereván con 40 grados al sol no es precisamente un placer…

Una segunda pregunta a los lectores: más allá de los armenios de la diáspora, para muchos de los cuales la visita a la madre patria tiene visos de “peregrinación” y de reencuentro con las raíces, ¿es Armenia un destino turístico a nivel regional y mundial? Desde mi primera visita a mediados de los ´80, en plena era Gorbachov, hasta mi último viaje en 2018, siempre he llegado a la misma conclusión: el potencial turístico de Armenia es inconmensurable. Es increíble todo lo que un territorio tan pequeño ofrece al visitante: paisajes, historia, arquitectura, arqueología, arte, gastronomía y la hospitalidad de su gente. Y por sobre todo, un inmenso potencial de turismo cultural y religioso, que lo sitúa a la vanguardia de muchos países.

A pesar de su todavía modesta participación en la economía, el turismo en Armenia y en Artsaj ha mostrado durante los últimos años un significativo dinamismo, tal como lo testimonia el incremento del número de visitantes (casi un millón y medio en 2017) y el aumento de las empresas de servicios turísticos y de hotelería. Es cierto que aún queda mucho por hacer en cuanto a infraestructura y servicios. La red vial necesita ser ampliada y mejorada. Las rutas y caminos dejan mucho que desear y son uno de los motivos del alto índice de accidentes de tráfico. Incluso caminos que llevan a sitios obligados y muy frecuentados como Garní-Keghart tienen un pavimento defectuoso. Otros, como los que conducen a “joyas” turísticas como el lago Barz o el antiguo asentamiento en las rocas de Jntsoresk, no sólo no están pavimentados sino que presentan un estado calamitoso tal, que dificultan el acceso con vehículos convencionales.

La respuesta a la segunda pregunta en cuestión la han dado también, en las últimas semanas, sitios web especializados en la materia. Así, el portal de “Etheria Magazine” del 2 de mayo pasado, en su nota titulada “Armenia, 10 pistas en el Jardín del Edén” describe todo aquello que merece ser visto. “Si buscas el paraíso sigue estas indicaciones por la geografía de Armenia. Te llevarán al borde imaginario entre Europa y Asia donde afirman que existió el jardín divino del Edén. En este bello panorama situado más allá de las tierras cultivadas verás las raíces de una de las civilizaciones más antiguas del mundo”, dice la introducción a una excelente presentación con textos de Mar Ramírez y fotos de Juan Carlos Muñoz.

Por su parte, el portal de viajes “Matador network” del 7 de mayo, en una nota de Eben Diskin, titula: “Armenia es el lugar más fascinante para visitar este verano”. A comienzos de la temporada turística, estas notas auguran un flujo aún mayor de turistas europeos y americanos para 2019, sumados a los miles de rusos e iraníes que todos los años eligen Armenia como destino de vacaciones.

Desde que Hovhannés Vanantetsí escribiera su poema “Para Armenia” -cuyas primeras líneas rezan “Armenia, lugar paradisíaco” (Ierguir trajdavair) y al que Gomidás le pusiera música- para los armenios de todo el mundo el viaje a la patria ancestral es como llegar al “paraíso” y poder ver el Ararat, al alcance de las manos, desde el imponente monasterio de Jor Virab. Tal parece que de ahora en más, el “Edén terrenal” será también destino de turistas no armenios a nivel internacional. Un verdadero patrimonio cultural de la humanidad, que merece ser visitado por todos.

Dr. Ricardo Yerganian
Exdirector del Diario ARMENIA
ryerganian@diarioarmenia.org.ar

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