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“Armenios en la ciudad de Buenos Aires”, muestrario de los inmigrantes

Entrevista a Carlos Iglesias

tapa-libro“Armenios en la ciudad de Buenos Aires” es la segunda entrega de la colección “Colectividades” de Carlos Iglesias. Cuando el autor se embarcó en la titánica producción, no sabía con qué y con quiénes se encontrarían. Hoy, pleno y con la gratitud en su mirada, nos devuelve con destacadas palabras su parecer. Un libro para sonreír con nostalgia frente a las fotografías y recorrer las historias personales evocando a esa evocación colectiva.

El jueves 6 a las 20 hs, el autor se presentará junto a los protagonistas de su libro en la Asociación Cultural Armenia.

Repasando el devenir de la humanidad, la paulatina abstracción de la sociedad ha ido borrando la marca de un modelo de interacción instalado en la comprensión empática. Y eso definitivamente arrastra a final sintético, despojado de benevolencia, nublando la capacidad de ver al que está enfrente. “Armenios en la ciudad de Buenos Aires” es un muestrario de lo que han vivido nuestros inmigrantes y también el reflejo de lo que sigue ocurriendo en una Argentina y un mundo tan descarnado que los movimientos migratorios se continúan y aumentan a temerosos pasos agigantados. Pero es este libro de Iglesias uno de esperanzas, de nostalgias que trazan la experiencia vivida y absorbida por los herederos. Por eso la necesidad de documentarlo todo, para mantener una memoria de percepción, imaginación y deseo de un espacio mejor.

“En principio es poder ponernos en el lugar del otro”, comienza diciendo el autor, “Me pasó con los armenios: me pude poner en el lugar del migrante más del inmigrante. No hubo una opción, tenían que irse. Mi abuelo español vino porque quiso. Profundicé en aquellos que debieron irse, con la idea de cómo mirar al que se fue. Pensemos en el hoy: Liniers es un barrio que cambió; cambió el paisaje, cambió el aroma. Románticamente podemos decir que cambió para bien con la llegada de los bolivianos. En lugar de estar los micros y las terminales de ómnibus, hoy están ellos. Las colectividades se fusionaron. Esto no quita que sean discriminados, claro”.

—El gentilicio como insulto.

—A los bolivianos y peruanos se le sumaron los colombianos y hoy finalmente los venezolanos. Y nunca falta el que dirá que vienen a quitarnos el trabajo y abusar de la gratuidad de lo público como resultan la salud y la educación, lo cual saca lo más miserable del ser humano. Pero está vinculado a estos abuelos nuestros que vinieron buscando un espacio para sobrevivir, una vida mejor. No es cierto que no fueron discriminados y que se los recibió con los brazos abiertos. El idioma era adverso, les cambiaron el apellido y sin embargo fue la gente que construyó la sociedad. Todas estas estructuras identitarias sumadas a las locales indígenas son la Argentina de hoy. Como esos armenios que vinieron para sobrevivir y lo mostramos en el libro, son los inmigrantes que vienen hoy para lo mismo. Nos debemos la mirada del “otro soy yo” pero no en una proclama política falsa sino concretamente: yo soy ésto, esta es mi patria. Miremos un poco al que viene porque vino como llegaron los nuestros.

—Se romantiza la idea del que vino de Europa.

—Los que llegaron antes no vinieron a usufructuar lo local, lo hicieron, como lo hacen ahora. Dejan cultura y trabajo e identidad.

—El libro como reactivador de la memoria.

—Cualquier relato que toque una fibra me obliga a ponerme en es ese lugar. En el libro de los irlandeses pasó lo mismo: no soy ni armenio ni irlandés pero el libro me llama, por las fotos, qué trajeron, qué aportaron, “a ver esa cerveza”. Qué es ser porteño, que al final resultará que es todo eso. Un poco de armenio, un poco irlandeses, un poco gallegos. Quizá el armenio descubra alguna veta turca a partir de ver las costumbres. La pretensión de libro no es doblegar al negacionista. Sí que se confrontan las partes, sabemos qué pasó, sabemos quién es el responsable, pero en una comunidad como la armenia estos son temas de debate. Esto es algo que aprendí haciendo el libro y sí quiero que los demás aprendan también, por eso el manifiesto al final de libro.

En esta proclama se recuperan los principios de memoria, verdad, justicia y reparación frente al acontecer del genocidio perpetrado por el imperio otomano contra el pueblo armenio; y se reconoce el accionar del Estado argentino con el reconocimiento de un genocidio aún negado por Turquía y su promulgación en los tres poderes nacionales; la sentencia del Poder Judicial en el Juicio por la Verdad del escribano Gregorio Hairabedian declarando “delito de genocidio en perjuicio del pueblo armenio”.

“El eje es la persona”, continúa Iglesias, “Con los armenios aprendí que las instituciones son importantes y representan distintas agrupaciones que hablan por uno. Aquel que no es armenio sabrá a dónde dirigirse”.

—Contar estas historias es también recordar que siempre hubo alguien que les dio una mano, un vecino, otro trabajador. Una comunidad que no baja los brazos por la justicia, nos tiene que interpelar al resto de la sociedad argentina para pelear por nuestros derechos. Por ejemplo, a futuro quizá tomar estos libros como referente y exponer un tema: la mujer. Tomar a la mujer a partir de estas historias de estas madres armenias, mujeres que desde la fraternidad han contribuido a la lucha y abrazar la identidad pensando “Ésta también soy yo”. Son circunstancias heroicas, fueron verdaderas heroínas. En esta comunidad no hay un solo caso donde no lo sean todos.

Libros como objetos de divulgación cultural que exceden el mapa de la transformación: frente a una sociedad automatizada se hace foco en la resistencia, el arte y apela a la sensibilidad como significado íntimo del accionar social. Más que un trabajo teórico, un código y flujo de información que apela al estímulo emocional.

 

Por Lala Toutonian

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