Sugieren que es buen momento para avanzar en el proceso de paz.

Arriesgada propuesta sobre el conflicto de Artsaj

29 de enero de 2020

Un informe del International Crisis Group señala que pese a la parálisis actual de las negociaciones entre Armenia y Azerbaiyán, hay indicios que permiten pensar en la posibilidad de dar pasos concretos para acercar posiciones.

El “moribundo proceso de paz” en torno al conflicto de más de tres décadas por la soberanía de Artsaj, tiene una oportunidad si los dos países en pugna –Armenia y Azerbaiyán- “se mueven rápido”, asegura un informe del International Crisis Group (ICG). Se trata de un think tank orientado al estudio de zonas en conflicto, con sede central en Bruselas y oficinas en Washington, Nueva York y Londres.

Tras admitir que la solución a este conflicto está hoy virtualmente “congelada”, el informe analiza los aspectos centrales que impiden alcanzar una solución al diferendo fronterizo y hace una propuesta que considera admisible para ambas partes. No menciona, sin embargo, la posición del gobierno autónomo de Artsaj ni la voluntad de los residentes armenios del enclave.

“Si se mueven rápidamente, Armenia y Azerbaiyán podrían salir de su largo impasse sobre el territorio disputado de Nagorno Karabaj”, afirma el ICG y agrega que ambos países “podrían entablar conversaciones tranquilas sobre asuntos espinosos, aunque por caminos separados, en lugar de en un solo paquete”.

El documento, que lleva por título “Excavando el callejón sin salida de Nagorno Karabaj” y publicado el pasado 20 de diciembre, aborda tres aspectos centrales del conflicto, que hoy son los que más resistencia generan a ambos lados de la frontera.

En primer lugar, la cuestión de los asentamientos en los siete distritos adyacentes a la región de Karabaj, que en la época soviética formaba la Región Autónoma (u oblast) de Nagorno Karabaj, bajo administración azerí. El documento indica que esos distritos fronterizos están “ocupados por las fuerzas armenias” y con creciente presencia de colonos como resultado de la política poblacional impulsada por el gobierno de facto de Artsaj.

En segundo término, pone el foco en una eventual presencia de una fuerza internacional de paz, para garantizar el fin de las hostilidades. Por último, analiza alternativas sobre el estatus final que podría tener la región, y las posiciones que apoyarían o rechazarían tanto Ereván como Bakú. Allí analiza desde la independencia lisa y llana hasta una relativa autonomía bajo administración de Bakú, pasando por un referéndum, que desde Azerbaiyán consideran poco viable, porque descartan que votarían por mantener el statu quo.

Incontinencia verbal

El ICG considera clave para el cambio de escenario, que las conversaciones entre los gobiernos de Armenia y Azerbaiyán, no se han clausurado. Esto pese a la virulencia verbal del presidente azerí, Ilham Aliyev, contra los armenios y el gobierno de Artsaj, y la respuesta enérgica, aunque algo más moderada, del premier armenio, Nikol Pashinyan.

A diferencia de los presidentes de Armenia desde 1991, Pashinyan no tiene vínculos especiales con Artsaj y eso es un factor interesante para el futuro del conflicto, apunta ICG. Diferente es el caso de Levón Ter Petrosyan, exmiembro del Comité Karabaj y también del Movimiento Nacional Pan-Armenio, que fue el germen del proceso independentista de comienzos de los años 90.

Su sucesor, Robert Kocharyan, había encabezado el gobierno de Nagorno Karabaj antes de asumir como primer ministro y luego como presidente de Armenia en 1998. El expresidente Serzh Sargsyan, en tanto, tuvo responsabilidades en el comando táctico de operaciones militares durante la guerra de Artsaj entre 1991 y 1993, cuando fue designado como ministro de Defensa de Armenia.

En esta lógica de cierto deshielo de las posiciones más duras, el informe destaca que a comienzos de 2019 el gobierno de Armenia se mostraba dispuesto a buscar una solución, aunque ésta fuera de compromiso. Bakú, por su parte, también se avenía a “explorar formas de resolver la disputa”.

En algún sentido, esto se plasmó en la decisión de ambos gobiernos de lanzar proyectos humanitarios cerca de la línea de fuego, y a la vez, permitir que periodistas y familiares visiten a los detenidos en las respectivas capitales.

El ICG también recuerda que en octubre de 2016, apenas seis meses después del ataque artero de Azerbaiyán contra posiciones armenias en lo que dio lugar a la llamada “guerra de los cuatro días”, con un saldo de 110 armenios muertos, el presidente Aliyev se refirió a Artsaj en una entrevista como la “república autónoma de Nagorno Karabaj”.

Frente a ello, James Warlick, entonces Co-Presidente del Grupo de Minsk, elogió la declaración y agradeció la decisión de Aliyev de comenzar “negociaciones sobre el estatus” de Artsaj.

Hoja de ruta

Más allá de este relativo cambio de escenario, lo cierto es que los obstáculos que frenan la solución pacífica del conflicto, no son menores. El principal y que desde siempre se mencionó como factor clave al momento de negociar una salida, es la presencia del ejército armenio en siete distritos adyacentes a la región autónoma de Karabaj, según las fronteras de la era soviética.

Azerbaiyán reclama las áreas de Karvachar (en azerí, Kelbajar), Pertzór (Lachín), Kovsakán (Zengilan), Sanasár (Kubatly) y Chragán (Jebrayil), en las que las fuerzas armenias tienen control absoluto, mientras que en Agdam y Varandá (Füzulí) administran sectores importantes.

En total viven en esos territorios unos 17.000 armenios, el 11,5% de la población total. Éste no es un dato menor. La política de asentamientos del gobierno de Artsaj es criticada por Bakú, pero para Armenia y Artsaj es esencial para la seguridad nacional.

Según el informe, la posición armenia se encuentra atenazada entre los nacionalistas y los colonos que demandan más tierras para agricultura en esas zonas, y la posición más flexible, en la que una parte de estos territorios -podrían ser las regiones de Chragán y Varandá- , serían moneda de cambio en una negociación.

Al respecto el ICJ propone que Armenia declare una moratoria sobre nuevos asentamientos, a cambio de que Azerbaiyán acepte dejar de interponer recursos sobre los asentamientos en cortes internacionales.

Además, en el caso de Karvachar, por ejemplo, por allí pasa la autopista Vardenis-Martakert, inaugurada en 2016 con un costo de construcción estimado en U$S 35 millones. En cuanto a la ruta vía Pertzor, si bien es más antigua, resulta vital para la conexión con Armenia, por lo que es improbable que Ereván acepte una devolución de esos territorios.

Por su parte, ninguna de las dos partes ve con buenos ojos la presencia de una fuerza de paz internacional, que había sido planteado en 1994 por el Grupo de Planeamiento de Alto Nivel de la OSCE. Armenia, porque perdería el control absoluto que hoy tiene sobre el enclave y los territorios adyacentes, mientras que Azerbaiyán, teme una fuerza extranjera “cimente” la situación actual.

Explorando opciones

En cuanto al estatus futuro de Artsaj, se abren varias alternativas. “La cuestión central del conflicto es si Nagorno Karabaj seguirá siendo parte de Azerbaiyán o se convertirá en un estado independiente”, sostiene el documento.

Como primer punto, el análisis del ICG señala que Armenia y los líderes de facto de Artsaj “exigen independencia”, dado que sería “un trampolín para una eventual unificación de Nagorno Karabaj con Armenia”.

Para Azerbaiyán, el estatus futuro de Artsaj presenta un dilema. “Está dispuesto a permitir una autonomía sustancial de Nagorno Karabaj dentro de Azerbaiyán, aunque nunca ha presentado una propuesta clara y detallada sobre cómo sería eso”, indica el informe.

Las posiciones duras o intransigentes respecto del estatus futuro del enclave han impedido avanzar en otros temas como la cooperación económica o humanitaria, e incluso en aspectos relevantes para mejorar la confianza entre las partes.

El propio presidente Aliyev y otros funcionarios comenzaron a hablar de un “estatus interino”, en el que Azerbaiyán mantendría la estructura del “gobierno de facto actual” (armenio) pero otorgando ciertos grados de autonomía.

“Para endulzar el acuerdo, sugieren que Nagorno Karabaj podría tener la autoridad para llevar a cabo una política exterior limitada sobre un conjunto acordado de asuntos”, resalta la propuesta del ICG. Esto sería sólo para los territorios que formaban del enclave en la era soviética, por lo que Armenia y el gobierno de Artsaj deberían abandonar los reclamos y el control sobre los territorios adyacentes.

El gobierno armenio sostiene que “no habrá un regreso a principios de los años noventa”, por lo que hay un rechazo explícito a “cualquier plan en el que Nagorno Karabaj regrese al control directo de Bakú, ya sea a corto o largo plazo”, indicó el International Crisis Group. Mientras tanto, siguen algunos contactos, más informales que formales, que mantienen viva la llama de la negociación, aunque por el momento, sin resultados palpables.

Carlos Boyadjian
Periodista
coboyadjian@yahoo.com.ar

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