Avo Naccachian nació en Beirut pero llegó junto a su familia a la Argentina cuando era un niño. Desde chico comenzó a formar parte de las filas de la Agrupación Scout Ararat.

Avo Naccachian: “El scoutismo marcó mi vida”

01 de enero de 2020

La montaña es su lugar. A pesar de haber escalado dos veces el Himalaya, recuerda el día que hizo cumbre en el Aconcagua con su bandera armenia como el momento más satisfactorio. Hoy elige el cicloturismo para recorrer la Argentina y otros países.

—¿Cómo es la historia de tu familia?

—Mis padres sin saber el idioma se embarcaron a la Argentina desde Beirut, Líbano. Yo tenía cuatro y mi hermana un año. En Argentina nació mi hermana más chica. Mi papá consiguió trabajo rápido en el país porque en el Líbano tenía un taller de cierres y conocía el oficio. Los primeros años vivimos en casa de familiares, compartiendo habitación. Con el tiempo pudimos irnos a un conventillo donde compartimos un baño con siete familias, todas extranjeras. Vivíamos los cinco en una habitación. Cuando terminé la escuela primaria tuve que elegir entre ir al secundario o trabajar con mi papá. No me gustaba mucho estudiar así que empecé a ir al taller con él. Fue todo a pulmón pero con gratificaciones. Hasta los 15 años viví en esa habitación con mis padres y mis hermanas. Cuando pudimos comprar la casa en Lomas del Mirador fue una maravilla. Ahí hicimos un galpón en el fondo donde fabricábamos piezas de regalo muy artesanales con acero inoxidable y bronce bañado en oro. Con el tiempo también me casé y pude construir mi casa. Mis hijos pudieron estudiar en el San Gregorio y hoy son profesionales.

—¿Cómo comenzaste con las actividades de montaña?

—A los 15 años empecé a hacer actividad de montaña y eso me dio un montón de posibilidades, me abrió la mente. Con un compañero scout fuimos a Sierra de la Ventana donde pude conocer a un grupo de acampantes y otros que escalaban las paredes de la sierra. Me empecé a vincular con gente de la Asociación de Acampantes y con el Centro Andino de Buenos Aires. A partir de ahí nos empezamos a entrenar en un muro de contención que estaba sobre la Panamericana porque en Capital no había espacios para prepararse en esa época. Después íbamos a Sierra de la Ventana y a Córdoba a practicar en altura. A mí me gustaba la escalada en roca, no en montaña o glaciares. Las primeras salidas fueron a Bariloche, al Cerro Catedral donde escalábamos las paredes de roca granítica. En 1965 hicimos la expedición a los hielos continentales, escalamos una montaña virgen y nos quedamos durante un mes ahí. El primer año no pudimos hacer cumbre así que volvimos al año siguiente y pudimos llegar a la cumbre del Cerro Marconi Central.

—¿Cómo fue la experiencia en el Himalaya?

—En 1979 nos invitaron a la primera expedición al Himalaya, un cerro de más de ocho mil metros. Me fui durante cinco meses de mi casa. Estábamos en plena dictadura militar y nos fuimos con el Hércules hasta España y de a tramos cortos llegamos a la base. En ese momento entraba una sola expedición por temporada porque todavía no estaba explotado por el turismo. Durante tres meses trabajamos en la montaña. Estas actividades fueron declaradas de interés nacional y teníamos el apoyo de la Federación Argentina de Andinismo y Ski. El sueño de todo montañista es ir alguna vez a la cadena del Himalaya y lo pude cumplir en dos ocasiones. En 1993 fue la segunda vez que fuimos y estuvimos tres meses. Dos integrantes de la expedición pudieron hacer cumbre. Para la Argentina fue el primer grupo de montañistas de expedición deportiva que hizo cumbre en una montaña de 8000 metros en el Himalaya. Cuando volví en 1993 del Himalaya me dediqué al cicloturismo.

—¿Cuál es la importancia del scoutismo en tu vida?

— El scoutismo marcó mi vida, todo lo que sé se lo debo a la Agrupación Scout Ararat de Homenetmen que me enseñó el camino del scoutismo, de brindarse a los demás, de estar en contacto con la naturaleza. Con mis compañeros de aquella época nos seguimos juntando, somos “Los dinosaurios del movimiento scout”. De alguna forma siempre sigo vinculado. Afectivamente siempre me van a encontrar. En un campamento al que fui como grupo de apoyo acompañé a los chicos al Cerro Tronador y pasamos la noche en el Refugio Otto Meiling. En ese momento mi hijo Guille era chico y tenemos una foto arriba de la montaña. Con el tiempo pudimos repetir esa foto los dos más grandes. Fue una satisfacción muy grande haber llevado a los chicos. Él sigue en el movimiento scout y ya somos tres generaciones dentro de la agrupación porque mi nieto también es miembro.

—¿Qué significa Homenetmen para vos?

—Homenetmen siempre fue nuestra casa. Fui guardavidas en la pileta y muchas veces me encuentro con gente que me agradece haber aprendido a nadar conmigo. Mis hijos se criaron en Homenetmen y hoy siguen estando allí. Ahora se sumaron mis nietos.

Un objeto. La escalada que más satisfacción me dio fue haber llevado la bandera armenia cosida por mi mamá a la cumbre del Aconcagua en 1981.

—¿Te gustaría escalar el monte Ararat?

—No fui nunca a Armenia, es una asignatura pendiente. Pude hablar con Meliné y Romina (que lo escalaron en el mes de agosto) y la experiencia de satisfacción. El Ararat no tiene dificultad técnica pero tenés que estar entrenado y aclimatado.

—¿Cómo ves a la comunidad?

—Cuando se hacen las marchas se ve mucha juventud. Me gustaría que estemos más unidos, dejando un poco las banderas de lado. Se hacen muchas cosas por la Causa Armenia. Me alegra mucho que el movimiento scout sea un semillero para la FRA-Tashnagtsutiún. Muchos de los que dejan el movimiento se hacen dirigentes. Nuestra familia siempre estuvo muy vinculada con la armenidad y lo sigue estando.

Sofía Zanikian
Periodista
sofi.zanikian@outlook.com

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