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Canadá: La joven refugiada Soushí Bakarian creó a los 21 años un importante dispositivo aéreo

Joven refugiada armenia de Siria

BakarianMontreal (Fuentes diversas).- ¿Qué se necesita para ser un inventor de próxima generación? Para la estudiante universitaria de la Universidad de Concordia Shoushí Bakarian (foto derecha) significa mucho trabajo duro, creatividad y la experiencia de atravesar una guerra civil.

La estudiante de tercer año de ingeniería aeroespacial en la Escuela de Ingeniería e Informática Gina Cody, ha diseñado y ayudado a construir un dispositivo de ventilación para aviones Cessna. El Ventus puede enfriar las cabinas al mismo tiempo que actúa como un soporte de carga para cualquier accesorio que necesite enchufarse a una toma USB, lo que no se encuentra normalmente en aviones más antiguos. Su ingenio ha llamado la atención de la industria aeronáutica y ganado espacio en medios periodísticos nacionales e internacionales.

De la guerra civil a sus éxitos en la profesión abrazada

Hace cuatro años Shoushí Bakarian era una adolescente que vivía junto a su familia en Alepo, Siria. La guerra civil en curso se cobraba vidas y atentaba contra el futuro de los jóvenes como Shoushí. Su pequeña familia compuesta por sus padres Antranik y Aní y su hermana mayor Meghrí, escapó de la violencia trasladándose primero al Líbano y después encontró refugio en Canadá, donde llegó a Montreal a fines de 2015.

La joven comenzó a trabajar para mantener a su familia mientras buscaba continuar sus estudios persiguiendo su sueño de convertirse en ingeniera de aviación. “Tenía opciones en otras universidades de Montreal, pero Concordia se destacó como la mejor opción para mí”, dice ella.

Bakarian-2-HamilianEl destino quiso que mientras asistía a las clases de orientación junto a su hermana Meghrí, un monitor de estudiantes la vinculó con la Prof. Arpí Hamalian (imagen izq.), titular de una cátedra en la Facultad de Artes y Ciencias. Hamalian ha servido como mentora de muchos estudiantes que llegan a la Universidad Concordia como refugiados. En octubre de 2018, el Institute Carold/Community Knowledge Exchange (CKX) creó el Fondo Arpi Hamalian en reconocimiento al trabajo de décadas de la profesora en educación de adultos y participación ciudadana.

“Le di a Shoushí y a su hermana pequeños consejos y estrategias para transitar por un sistema que era nuevo para ellas”, dice Hamalian. “Hice esto con la ayuda de asesores académicos en sus respectivas facultades”, agrega.

Hamalian asegura haber quedado impresionada a partir del momento de conocerlas. “En lugar de mostrarse derrotadas por su situación, estaban muy motivadas”, recuerda. “Tanto Shoushí como Meghrí son emprendedoras que están ansiosas por seguir un consejo, para luego trazar su propio curso. Son increíblemente talentosas, enfocadas y orientadas al trabajo en equipo. No hay muchas como ellas”, concluye.

Pero para Shoushí, el éxito no llegó de la noche a la mañana. Tuvo que garantizarse un Bakarian-1trabajo para poder seguir sus estudios, adaptarse a un nuevo país y aprender un cuarto idioma. “Estuve bastante abrumada mi primer año, pero tuve la suerte de contar con el apoyo de mi familia y de Arpí en particular”, expresa.

Bakarian habla los idiomas armenio, árabe, inglés y francés a la perfección. Tiene dos trabajos de medio tiempo con prometedoras perspectivas en su especialidad: uno en el departamento de repuestos de Bombardier Aerospace y otro en Stratos Aviation, una pequeña empresa de aviación y simulación de vuelos. Allí, ella es cocreadora de su primer invento en el laboratorio que está construyendo. Ah, y en sus ratos libres y ella lidera una tropa scout* dentro de su comunidad donde espera influir positivamente en sus jóvenes integrantes.

“Quiero llegar a las niñas y decirles que no tienen que limitarse a los trabajos tradicionales, como los maestros. Especialmente para las niñas de mi colectividad que tienen una idea muy limitada de lo que pueden estudiar”, dice Shoushí. “Quiero convertirme en un ejemplo”, advierte.

Bakarian dice que la experiencia de vivir un conflicto armado la preparó para su éxito actual en la Universidad Concordia. “Durante la guerra, mi familia perdió mucho y, básicamente, no me quedaba nada, excepto unos pocos libros sobre ciencia”, recuerda. “Antes de esto no era la mejor estudiante y la ciencia no me interesaba demasiado. La difícil situación me obligó a estudiar estos libros y me abrió la puerta a la carrera en ingeniería”, sostiene.

“Terminé mis estudios bajo las bombas”

Las hermanas Meghrí y Shoushí obtuvieron sus diplomas de secundaria durante el transcurso de la guerra civil con cohetes y bombas que explotaban cerca de la escuela armenia Karen Jeppe donde estudiaban. “Nuestra escuela estaba en la línea de fuego, así que tuvimos que estudiar en un jardín de infantes con pequeñas sillas”, recuerda. “Siempre hago bromas al respecto, pero no era gracioso en absoluto”.

Para 2015, la batalla por Alepo se había agravado y su familia estaba en dificultosa situación. “Algunos armenios comenzaron a irse, pero nosotros no sabíamos cómo salir de la ciudad. No sabíamos quién estaba en el camino esperando para secuestrarnos… Una vez que los misiles comenzaron a caer, no sabíamos de dónde venían ni dónde explotarían”.

Un momento crucial fue cuando su madre necesitó una cirugía que debió realizarse en el Líbano. El inconveniente médico combinado con la creciente violencia obligó a la familia a emigrar. Pasaron un año en el Líbano mientras ella se recuperaba. Sus padres concluyeron que la familia tendría limitadas oportunidades educativas y laborales en aquel país. Fue entonces cuando Canadá abrió sus puertas a los refugiados sirios.

Opinión de un ministro canadiense

Bakarian-2-HussenAhmed Hussen (foto derecha), es ministro federal de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía. Nacido en Somalia, llegó a Canadá a los 16 años como refugiado y, aunque rara vez se refiere a los problemas que tuvo cuando era adolescente, su experiencia de primera mano con las luchas por adaptarse a un nuevo hogar refleja las terribles historias que experimentan muchos recién llegados al arribar a una nueva tierra.

En un reportaje televiso reproducido en diversos medios canadienses, Hussen habló sobre las oportunidades que ofrece Canadá a los inmigrantes y refugiados. “Se vuelve más fácil olvidar los sacrificios que nuestros padres o ancestros hicieron durante generaciones, pero en muchos casos los riesgos que asumieron no son más que heroicos. Hoy en día, con toda la retórica antiinmigratoria y contra los refugiados flotando río arriba desde el sur de la frontera, es reconfortante escuchar que tales héroes hacen la diferencia aquí en nuestro país.

Shoushí Bakarian es un refugiado y estudiante sirio de 21 años en la Universidad de Concordia que estudia ingeniería aeroespacial. Ahora habla francés además de inglés, árabe y armenio, y tiene dos trabajos de medio tiempo en su campo. Recientemente, ayudó a inventar un dispositivo de ventilación de energía limpia para cabinas de aviones pequeños, que también sirve como base de carga para accesorios. No es de extrañar que se esté convirtiendo en una estrella mediática.

Cuando brindamos oportunidades a los jóvenes como Bakarian, demostramos hasta qué punto pueden crecer cuando se los cuida y apoya. Su historia no es la única; hay muchos otros refugiados e inmigrantes como ella. He conocido a muchos niños y niñas que llegaron a Canadá como expatriados con sus familias, aprendieron nuevos idiomas, trabajaron arduamente y están apagando su sed de conocimiento para que puedan construir el tipo de vida que la mayoría de nosotros damos por sentado”, dijo el ministro Hussen.

*Shoushí es dirigente scout de la agrupación Gamk de Homenetmen de Montreal

 

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