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Carta abierta al embajador de Turquía en Argentina, Taner Karakas.

A propósito de una nota del Diario Perfil

Karacas-en-PerfilNarrativo/va: Del latín tardío narrativus.

  1. adj. Perteneciente o relativa a la narración. Género, estilo narrativo.
  2. f. Género literario constituido por la novela, la novela corta y el cuento.
  3. f.p. us. Habilidad o destreza en narra o contar algo. Tiene una gran narrativa.

 

Según el diccionario de la Real Academia Española, esta es la definición de narrativo, va. El título que eligió el embajador de Turquía en Argentina, Taner Karakas, para responder (nadie le había preguntado nada) a una publicación del Diario Perfil. “Narrativas de Armenia”, dice en su artículo, refiriéndose al fragmento que apareció en este mismo diario el pasado 13 de marzo del libro de John Sahakí Kirakosyan “Jóvenes Turcos: Antecedentes históricos y geopolíticos del Genocidio armenio” recientemente editado en nuestro país. A las pocas semanas y también en Perfil, se publicó una reseña sobre el mismo libro.

Estas situaciones habrán puesto los pelos de punta al lobby turco y salieron con su falta de retórica habitual que solo saben llenar con lugares comunes, ofensivos, negacionistas. Según el representante del Estado turco, los armenios murieron por cuenta propia. Sin más. La precisión y rigor históricos de Kirakosyan tras años de investigación y pruebas sobre el Genocidio bárbaro cometido por el Imperio Otomano durante el gobierno de los Jóvenes Turcos, es apenas un punto de vista (sic) que, oh, coincide con otras publicaciones en medios de comunicación argentinos. Porque el argentino convive con el armenio desde el primer día. Esta bendita tierra acogió a los refugiados armenios que llegaban en barcos desde Grecia generalmente, sin hablar una palabra en español, desde el primer día que huyeron y pudieron sobrevivir. Cien años de presencia armenia en Argentina, sin remate. Entonces, que un lobbista turco venga a decir hoy lo que vienen repitiendo desde el momento de la acusación de su barbarie, que lo del Genocidio es narrativa, ofende por igual a argentinos y armenios.

Narrativa es la épica homérica, señor embajador.

Fue Churchill quien dijo, muy precisamente, que un diplomático es aquel que piensa dos veces algo antes de decirlo y decide no hacerlo. Debería tenerlo en cuenta dada su condición.

Argumentar, una vez más, que hubo víctimas musulmanas otomanas cuando en realidad no hubo guerra alguna -fue un etnocidio duro y puro- no aporta más que desesperación por justificar la masacre cometida sobre el pueblo armenio. Sin la posibilidad de tener un Estado propio, el armenio basó su fundación y hasta organización en la Iglesia, la entidad que supo cultivar y mantener la cultura; así, fue lo primero que el turco destruyó: quemó iglesias y decapitó obispos. Lo mismo los partidos políticos. La identidad que el turco quiso borrar no llegó siquiera a borronearla. La Federación Revolucionaria Armenia (el Tashnagtsutiún) y el Partido Henchakian debieron aunar todos los factores que conforman al ser armenio y garantizarle derecho y justicia; no fueron creados para desestabilizar la política otomana sino para darle entidad al relegado.

Personalmente (y esto me ha valido más de una desaprobación por parte de los míos), siempre estuve por la reconciliación con el turco. No es el enemigo porque, otra vez, no hubo una guerra pero sí es el perpetrador que niega a la víctima su reconocimiento. Enemigo es el azerí. Destaco cuanto puedo el trabajo de muchos turcos que a pesar de ser expulsados de su propio país por reclamar a su gobierno que reconozcan el genocidio cometido, siguen trabajando mancomunadamente con nosotros para tales fines. No escuchan a los suyos propios, cómo no van a decir que lo nuestro es mera narrativa, me pregunto.

“El fuego cae donde quema”, destaca Ud. y fíjese que sin casualidades (sus ancestros compartían las tierras con los míos), mi abuelo materno, ese gran erudito y sobreviviente que fue Vartevar Mahramatzian, lo repetía cada vez que ameritaba. Usted pretende que nos basemos en una “verdad imparcial”, la Verdad es una, sin matices: al armenio lo masacraron o no. Pero sí lo hicieron. Esa es la única verdad. El fuego cayó, nos quemó y sin embargo, acá estamos. Esta es nuestra voz y nuestra verdad: la letra escrita como en el libro de Kirakosyan. 

Que sea justicia.

Lala Toutonian

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