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“Colaborar es como una terapia para mí”

Entrevista a Razmuhí Khurlopian

Conocida en el ámbito de la colectividad por su solidaridad y activa participación, Razmuhí Khurlopian, a los 93 años, habla de su historia familiar y cuenta qué significa para ella ser Miembro Honorario de UGAB.

Tiene 93 años y la energía de una quinceañera, aquella que se casó en Uruguay, a poco de quedarse sin sus padres. Integra la Comisión de Damas de UGAB (Unión General Armenia de Beneficencia) desde hace más de cinco décadas, donde todos los jueves colabora para el comedor escolar y participa en cuanta actividad la necesiten. “Me hace bien participar; es como una terapia”, asegura Razmuhí.

Razmuhi-KurlopianSus padres eran originarios de Aintab. Su padre un reconocido médico y su madre una instruida políglota. Ella nació en Beirut, El Líbano, en pleno proceso de huida del Genocidio Armenio. En 1929 la familia se instaló en Buenos Aires. Poco tiempo después el sostén de la familia falleció y en poco tiempo más la mamá de Razmuhí también los dejó a ella y sus dos hermanos. Poco tiempo antes se habían ido a vivir a lo de una tía en Uruguay, donde, por consejo de su madre, Razmuhí, a los 15 años, se casó con un hombre mayor, con quien tuvo cuatro hijos.

Después de diez años en Montevideo, regresó con su familia a Buenos Aires donde se dedicó de lleno a ser madre y a convertirse en una activa referente de la comunidad armenia local. Su madre había sido la primera presidenta de la Comisión de Damas de HOM y ella siguió su ejemplo de participación y colaboración en el marco de UGAB. “Mis padres eran muy patriotas y les interesaba que interviniera en estos temas”, dice. Sin embargo, esta armenia no rechaza ninguna invitación -cualquiera sea la institución-, no se mete en política ni en discusiones banales. Ella, asegura, desea que “los armenios sean unidos”.

En este sentido, lamenta, un poco nostálgica, que ya los jóvenes no se casen entre armenios y que, según ella, “no tengan ese entusiasmo que nosotros teníamos, con ganas de hacer cosas y levantar el ánimo de la gente todos los días”.

Para ella, UGAB, es su segundo hogar. “Con la excusa de ir ahí, me arreglo, me visto bien, sino, si me quedo en mi casa me empieza a doler todo”, asegura con una sonrisa. “Al colaborar -continúa- me siento bien, me siento útil, tengo compañeras con las que nos conocemos hace años”, cuenta la miembro honoraria de esta institución de la colectividad.

Razmuhí integró, además, la Comisión Directiva del Colegio Raffi y fue presidenta de la Comisión de Damas de la Unión Patriótica de los Armenios de Aintab. Esta armenia que ya se acerca a los 94, casi no lleva huellas del paso del tiempo. Vive sola, se maneja con facilidad en la cocina, se expresa a la perfección y su lucidez está intacta. Todas las instituciones saben que pueden contar con ella, sin embargo,

Razmuhí lleva un perfil bajo, como el de aquellas personas que dan sin esperar nada a cambio. “Colaboro con todos de corazón, pero no me gusta contarlo. Hago todo lo que puedo y lo hago con gusto”.

Y se nota.

Luciana Aghazarian

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