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Colegio Armenio Jrimian: Memoria Activa

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¿Cómo se enseña un genocidio? ¿Cómo se hace para enseñar aquello que le cuesta duele o lastima a un docente recordar? ¿Cómo hacen los estudiantes para estudiar y expresar aquello que también les cuesta, duele o lastima? Cada año lectivo que comienza  buscamos delinear los proyectos a trabajar, junto con su  modo de abordarlos y surge la incógnita, ¿cómo enseñar hechos tan dolorosos? ¿Cómo enseñar genocidios?…

El pasado jueves 23 de marzo se realizó en el Colegio Jrimian un encuentro de formación docente con una gran especialista en la enseñanza de Derechos Humanos, la doctora Brisa Varela. Docentes y directivos de los tres niveles participamos de la charla que nos permitió pensar juntos, aprender y llevarnos algunos interrogantes para seguir perfeccionando nuestra labor. Brisa nos acompañó a pensar desde dónde y de qué modo abordar la enseñanza de hechos traumáticos (como pueden ser el genocidio contra el pueblo armenio o la última dictadura cívico militar argentina) junto a nuestros alumnos. Es un interrogante por demás complejo y que todos los profes que trabajamos estas temáticas nos planteamos con frecuencia. Pero este encuentro con Brisa nos permitió reforzar algunos ejes que ya teníamos e incorporar nuevas miradas.

En principio nos planteamos la cuestión de desde dónde promover el aprendizaje. La transmisión de la “memoria como mandato” (el famoso Tienen que saber…) difícilmente permita el interés genuino del alumno; la escucha se cierra y aunque todos los años abordemos la temática, al final de su formación, el alumno dirá no saber nada sobre el tema o haber visto siempre lo mismo; por lo que, la “memoria como mandato” está más cerca del olvido. Lo importante, como en cualquier otra enseñanza, es buscar el deseo del joven por conocer.

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El trabajo en equipo de los docentes  busca la enseñanza de estos hechos a través de la reflexión. Sabemos que no podemos volcar en las clases todo el conocimiento sobre estos hechos traumáticos sin más, desde un lugar meramente teórico, porque convertimos al alumno en un sujeto pasivo. Y esa “pasividad” es la que genera muchas veces angustia e incluso rechazo frente a estos temas. Una herramienta útil entonces, para evitar la angustia de la pasividad, es abordar la enseñanza de los hechos desde proyectos (artísticos, expresivos, de investigación, muestras, etc.) que les permita a los alumnos ser sujetos activos, en un doble sentido: de su proceso de aprendizaje y, al mismo tiempo, de la ciudadanía.

El objetivo debe ser incentivar la inquietud, el cuestionamiento e involucrar al alumno como sujeto activo del proceso de aprendizaje para evitar que “lo traumático” nos impida los momentos en los que recordemos y reflexionemos en pos de promover los valores de la verdad y la justicia. Abriríamos así la posibilidad de que los estudiantes (tanto en su etapa dentro de la escuela como en un futuro) puedan, en el extenso recorrido de la vida, continuar con el inagotable camino de la reflexión, del reconocimiento  y respeto por el otro y del nutritivo encuentro de nuevas voces, miradas y pensamientos.

     

Gabriela Venezia
Gimena Murgo

Profesoras del Nivel Secundario

Área de Ciencias Sociales

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