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Congresistas estadounidenses reclaman disculpas de Erdogan por el ataque a los activistas en la embajada turca

Washington

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Epígrafe: De izq. a derecha, representantes Dana Rohrabacher (Republicano, California), Ted Poe (Republicano, Texas), Jim McGovern, (Demócrata, Massachusets), Jim Costa (Demócrata, California), John Sarbanes (Demócrata, Maryland)

Dana Rohrabacher y Ted Poe, miembros de Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos; Jim McGovern, copresidente de la Comisión de Derechos Humanos; y los legisladores  Jim Costa y John Sarbanes condenaron la violenta represión del presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan en el marco del evento “A Stand for Free Speech” celebrado en el Sheridan Circle de Washington DC.

“Estamos aquí afirmando nuestras libertades de la Primera Enmienda y rechazando los violentos esfuerzos de Ankara para hacer cumplir sus leyes contra los ciudadanos estadounidenses”, dijo Aram Hamparian, Director Ejecutivo del Consejo Nacional Armenio de América (ANCA), que organizó el evento que contó con la presencia de varias de las víctimas y una serie de grupos kurdos, armenios, griegos, asirios y cristianos.

“La idea de que un tirano extranjero pueda venir a Estados Unidos y permitir que sus matones ataquen a estadounidenses en suelo americano es absurda”, dijo el representante Poe, quien solicitó la extradición de los acusados ​​del suceso. “Tienen que tener un juicio y deben ir a la cárcel, si son condenados”. El legislador, quien había pedido a sus colegas del Congreso que se unieran a él para regresar al sitio de las golpizas del 16 de mayo, fue contundente: “El Gobierno turco es responsable de estas acciones, y debe ser responsabilizado”.

“El gobierno turco mostró su brutalidad ante las personas que no están de acuerdo con él, las que creen en la realidad del genocidio armenio, en la realidad de la libertad religiosa en Turquía, en los derechos de las minorías y en la seguridad de Grecia y Chipre “, agregó Jim McGovern.

Citando la creciente represión en Turquía, el congresista Rohrabacher subrayó: “El pueblo estadounidense debe saber que esto no es nada comparado con la represión y brutalidad que el mismo Erdogan está ejerciendo con su propio pueblo. Hasta que le pida disculpas al pueblo norteamericano no debería ser bienvenido nuevamente”.

Por su parte, el representante Costa coincidió con esto y agregó que las lesiones producidas son un reflejo de la falta de derechos humanos en la Turquía actual, donde miles de ciudadanos y miembros de la prensa se encuentran encarcelados sólo por dar a conocer sus propias opiniones.

Por su parte, Paul Sarbanes también disparó contra el autoritarismo turco expresando: “Este tipo de políticas en Turquía no son nuevas, hay un historial de discriminación, agresión, represión y violencia dirigida contra kurdos, armenios y otras minorías étnicas y religiosas. Y además, por supuesto, está el vergonzoso legado del Genocidio Armenio”.

Sumado a los legisladores, varias de las víctimas de las agresiones también dieron su opinión. Sayid Reza Yasa, quien sufre las consecuencias de una conmoción cerebral, perdió un diente y recibió puntos en la nariz, comentó: “Como ciudadano estadounidense, violaron uno de mis derechos de la primera enmienda que es la libertad de expresión”.

Otra de las agredidas, Ceren Borazan, que fue filmada mientras era estrangulada por la seguridad turca, brindó datos  sobre la represión que se desarrolla en ese país: “Medio millón de kurdos han sido desplazados. Cinco mil políticos y activistas fueron arrestados. Se encarcelaron más de ciento cincuenta periodistas, cerraron doscientos medios de comunicación y despidieron más de cinco mil académicos. Por si fuera poco se les dice a las mujeres cuantos hijos deben tener, enfrentándose a sus derechos”.

El diverso conjunto de líderes comunitarios fue reunido por Sarkis Aktavoukian, de la Iglesia Armenia Santa Cruz, así como por los congresistas Brad Sherman, un alto miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores, y Devin Nunes, presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara.

La reunión se produjo  un mes después de que la policía de Washington emitiera dieciocho órdenes de arresto, entre ellas una decena contra los guardias del presidente Erdogan y dos canadienses de origen turco. Dos estadounidenses de la misma procedencia ya han sido detenidos por agresión y otros delitos relacionados.

Horas después de que se emitieran las órdenes, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Turquía convocó al embajador de los Estados Unidos en dicha nación, John Bass, al que se le argumentó que como la decisión no se tomó como resultado de una investigación imparcial e independiente, es inaceptable.

El presidente Erdogan reaccionó con enojo a estas noticias  y cuestionó las medidas realizadas. “¿Qué clase de ley es esta? Si los guardaespaldas no van a protegerme, ¿por qué los traigo conmigo a América?”, se preguntó el mandatario, quien prometió luchar contra las acusaciones puestas a sus hombres de seguridad.

El video filmado por el ANCA de los hechos ocurridos en la Embajada de Turquía mostraba a las fuerzas cercanas al líder turco cruzando la línea policial y golpeando a manifestantes pacíficos, incluidos hombres mayores y mujeres, que sangraban durante la mayor parte del ataque.

El 6 de junio con una votación unánime, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó condenar a Turquía en respuesta a las agresiones, tomando una poderosa posición contra los intentos de Ankara de exportar su violencia e intolerancia a las costas norteamericanas. Más de un centenar de miembros del Senado y la Cámara de Representantes expresó su indignación por los ataques a través de declaraciones públicas, redes sociales y una serie de cartas al Congreso.

La protesta del 16 de mayo frente a la residencia del embajador turco fue la continuación de una manifestación celebrada anteriormente coorganizada por el ANCA. Mientras el presidente Trump se reunía con su colega Erdogan, los representantes de las comunidades kurda, yazidi y armenia se unieron a grupos de derechos humanos y religiosos para llamar la atención sobre la creciente represión del régimen turco contra la prensa libre, las comunidades kurdas y otras etnias, así también por el no reconocimiento de Turquía del Genocidio Armenio .

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