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Contradicciones: Pocos vienen, muchos se van

Opinión

MigrantesArmenia vive una dura realidad socioeconómica desde la recuperación de su independencia. El difícil contexto se acentúa día tras día y la desesperanza ya capturó la voluntad de miles de familias que sólo piensan en emigrar para encontrar en otras tierras aquello que su propia patria les niega una y otra vez.

Quien recorra los suburbios de Ereván o se interne en la Armenia profunda se enfrentará al peor de los escenarios donde no sólo se  entristecerá por la pobreza reinante sino que también se conmoverá por la disminución de la población en los pueblos y aldeas donde los carteles de “se vende” revisten los frentes de muchas viviendas y locales de comercio.

Armenia tiene una particularidad inédita en muchos países del mundo. Sus medios de prensa son por lo general independientes o se enrolan en la oposición. La comunicación está más concentrada en los sitios web o los numerosos canales de televisión que hay en el país porque los periódicos tienen escaso alcance popular. La prensa no rehúye en informar sobre la situación existente y el problema de la inmigración creciente encuentra eco en las páginas de muchos medios, sin embargo la presión de las reiteradas notas no consigue que quienes operan las palancas del poder tomen las decisiones correctas para detener una hemorragia que terminará por acorralar a nuestra madre patria.

El gabinete encabezado por Karén Karapetian parece hacer esfuerzos para mejorar el escenario y lograr alcanzar mejores parámetros en los indicadores económicos, pero más de un cuarto de siglo de desidia estatal y saqueo económico generaron un deterioro no sólo material sino también moral. Los armenios ya tienen escasas esperanzas en su futuro y la tristeza reina en casi todos los hogares humildes o de clase media baja.

En 1992 el número de habitantes de Armenia superaba los 3.600.000, hoy las cifras oficiales sitúan esa cifra en algo menos de tres millones. En casi un cuarto de siglo abandonaron el país 1.130.000 personas, muchas de ellas de la franja etaria de entre los 30 y 50 años de edad. Familias enteras se fueron a Rusia, Europa y otros destinos amigables como la Argentina que sigue recibiendo cada mes a decenas de compatriotas que llegan a probar fortuna casi siempre con notoria escasez de recursos.

Las consecuencias de este éxodo son impensadas porque atentan al desarrollo de Armenia y la privan de sus mejores fuerzas, despojándola de la sangre joven que es la que construye el futuro. La identidad nacional también queda lesionada porque la mayoría de esos cientos de miles de armenios se distancia de sus raíces y termina integrándose a sus nuevos destinos geográficos.

Pero hay otra realidad y es la de los jóvenes de la Diáspora que dejan el bienestar de sus actuales países  para internarse en una Armenia que siempre les abre los brazos como la madre que anhela el regreso de sus vástagos. Esta es una contradicción de difícil explicación, mientras unos llegan con sus ilusiones y sus esperanzas de afincarse en la tierra de sus mayores, muchos de sus congéneres se van del país con otros sueños y proyectos de vida.

Unos y otros son partes inseparables de una nación que aun hoy lucha por su supervivencia no sólo ya en el suelo propio, sino también en una Diáspora que carga demasiadas preocupaciones y problemas  y que a pesar de sus enormes restricciones colabora con sus hermanos de Armenia.

Encontrar respuestas efectivas a este flagelo debe ser prioridad del gobierno si éste realmente tiene la voluntad de servir a su pueblo. Ya no queda tiempo para derrochar.

Jorge Rubén Kazandjian

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