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Crónicas de la vida: ¿Y vos, dónde estabas…?

Cada vez que un hecho nos conmueve por su impacto emocional, y que persiste en el tiempo nos remite hacia el lugar donde estábamos cuando nos enteramos del mismo. Así podemos enumerar magnicidios, atentados, la muerte de algún ídolo popular, o desastres provocados por la naturaleza.

El 22 de noviembre de 1963 -era sábado- y yo estaba en la casa de mi tío en Ezeiza. Él tenía una radio a válvulas tipo capilla, que colocaba en un banquito en el patio, mientras fumaba sus Particulares negros sin filtro y escuchaba la radio.

asesinato-KennedyCerca del mediodía, en el Boletín Sintético de Radio El Mundo, Hector Laguna-el locutor del noticiero- anunció, “Urgente, asesinaron en Texas al presidente de EEUU John Fitzgerald Kennedy”.

En aquellos años no había internet, ni comunicación satelital, ni teléfonos celulares. Es más, tener un teléfono de línea domiciliario, más que un lujo era una quimera.

Las radios recibían las noticias través de “cables”, un sistema que transfería al papel una serie de señales electromagnéticas que llegaban en una cinta perforada y que después se “traducían” para poder leerlas.

En la urgencia informativa, el locutor agregó apurado, que el asesino era Lee Ald. Todos sabemos que fue Lee Harvey Oswald, pero seguramente en la necesidad de dar la primicia, o porque el papel impreso se arrugó, omitió las tres letras iniciales del apellido, aunque después corrigió el error.

Desde-Rusia-con-amorEsa misma noche, de vuelta en Buenos Aires, con la 6ta de La Razón con la muerte de Kennedy en tipo catástrofe en tapa, nos juntamos con amigos para ir al cine y fuimos a ver una
de James Bond con Sean Connery, ”Desde Rusia con amor” en alguna sala de Lavalle.

La llegada del hombre a la luna la vi en la vidriera del Trust Joyero frente al Obelisco, la muerte de Perón me sorprendió en casa, la de Alfonsín en una gomería de Cañada de Gómez en la ruta 9, y la del flaco Spinetta, a través de un plasma que había en la librería El Ateneo en la calle Florida.

Cuando nos mudamos desde La Plata a Buenos Aires, en 1960, vinimos a vivir al barrio de Belgrano “R”, donde yo iba al colegio Mekhitarista.

Las casas de estilo inglés, las calles arboladas, la cercanía de la estación de tren y la majestuosidad de las avenidas Melián y de los Incas, seguramente hayan influido en la decisión al elegir el barrio, además de la proximidad con el colegio.

Algunos años antes, mi padre había comprado un terreno en la calle Olazábal en un loteo cercano a la estación donde construyó la casa donde al día de hoy seguimos viviendo. Fue la primera edificación de aquella manzana donde antes había dos canchas de fútbol y un vestuario construido en madera que utilizaban los jugadores del club General Electric e YPF.

Lo que no sabíamos, era que la zona era inundable y que debajo de la calle pasaba el arroyo Vega. Nos enteramos a partir de 1985 cuando se combinaron la sudestada y los cien milímetros de lluvia en menos de una hora, para convertir el barrio en Venecia.

El terraplén del ferrocarril en Olazábal, actuaba como un dique de contención, pero la fuerza de las aguas que bajaban desde Villa Urquiza hacia Belgrano terminaban anegando las calles aledañas. Autos flotando, colectivos y camiones agitando las olas en busca de una salida fueron postales del barrio durante cada inundación. El saldo trágico fue cuando el agua se llevó la vida de cuatro viejitos que no pudieron rescatar del subsuelo de un geriátrico de la calle Superí.

Desde el mismo día en que mi padre compró el terreno, e habían dicho que en pocos días más iban a construir un paso bajo nivel en Olazábal.

Por esa misma razón durante más de cincuenta años me ocupé de averiguar cuándo se iba a concretar la obra.

Hace dos años, después de muchas idas y venidas, recursos de amparo, oposición de los vecinos la obra se concluyó y se rectificó el viejo puente de la calle Superí. Pero antes de concretarse esta obra, hubo otra, la del tunel de Los Incas, que debía ser complementaria de esta.

El intendente Saguier había fallecido. Su lugar lo ocupaba Facundo Suarez Lastra y él fue quien consideraba imprescindible la realización de esas obras.

El crecimiento indiscriminado del parque automotor hizo intransitable la ciudad. El paso bajo nivel de Los Incas y Crámer, por donde circularon durante años, autos, mateos, micros, trolebuses y tranvías, cada vez que el tránsito se embotellaba para cruzarlo, parecía más angosto aún.

Entonces, a fines de los 80 se comenzó con la ampliación de dicho paso bajo nivel. El intendente la iba inaugurar el 6 de diciembre de 1988. A eso de las 8 de la noche subí al Renault 12 con mis tres hijos mayores y partimos hacia donde se iba a cortar la cinta inaugural.

Un grupo de militantes radicales portando carteles, algunos vecinos que se iban sumando, y mientras una motoniveladora terminaba de acomodar los restos del terraplén, esperaban que comenzara el acto que se iba demorando.

Terremoto-GyumriPasaron más de tres horas, el público se retiró y el intendente no apareció. Los chicos se durmieron y yo esperando que la máquina terminara su trabajo prendí la radio.

Con música de los años 60, Mochín Marafiotti iniciaba por Mitre su “Algo para recordar”. En el auto ya éramos cuatro los que dormíamos.

Cuando me di cuenta eran las dos y media de la mañana. Los 5 Latinos terminaban de cantar un clásico de los Plateros “Solo tú”, cuando irrumpió la cortina del Mitre informa primero, y la voz de Hector Trichinello anunció: ”Terremoto en Armenia, hay más de 10.000 muertos” y entonces ya no pude dormir más.

Era el 7 de diciembre de 1988.

Edgardo Kevorkian

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