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Cuaderno de Viaje a Armenia (III)

Estamos en nuestra tierra y hay tanto que conocer por lo que una de las mejores opciones es contratar los servicios de alguna de las tantas empresas de excursiones existentes. Y todas ellas tienen excelentes guías en idioma español, lengua que manejan tan bien que sorprenden. La razón es que el mercado de turistas sudamericanos (y también españoles) lo amerita y al mismo tiempo el castellano es un idioma muy requerido entre los estudiantes terciarios. Es más, a principios del año pasado nuestra embajada en Armenia acordó mediante un convenio con la Universidad Estatal Brusov de Lenguas y Ciencias Sociales, poner en práctica los exámenes CELU, una certificación internacional del español como lengua extranjera que ofrece un consorcio integrado por universidades nacionales de Argentina.

Sin embargo, el guía que más recuerdo y estimo no es justamente alguien formado en alguna casa de estudios, sino una persona que emigró en busca de trabajo a España a principios de los noventa y aprendió su lenguaje en la propia cuna. A su regreso, inteligentemente se dedicó a capitalizar ese saber en el turismo. Ashot resultó un personaje entrañable, de esos que se ganan el aprecio en base a su simpatía y profundo conocimiento de su trabajo. Su compañía en los viajes que hicimos dentro de Armenia y hasta en Artsaj nos enriqueció porque además de exponernos  en detalle cada sitio histórico visitado, se prestó a variadas discusiones sociopolíticas sobre el presente de nuestra Madre Patria, siempre en un marco de respeto mutuo. Su español con marcado acento castizo nos divirtió con chistes y anécdotas, agregándole al final del recorrido una sorpresa porque el hombre además era cantante y músico de los buenos.

En cuanto a los destinos de las excursiones debemos convenir que hay una serie de ellos que son los imprescindibles para quienes viajan por primera vez a la tierra de sus ancestros. En esa lista podemos inscribir sin temor a equivocarnos Garní, con su templo pagano; Kheghart, con la iglesia tallada en la roca de la montaña,  Jor Virab, Echmiadzín, Lago Seván y hasta el teleférico como paso previo a la visita al complejo monástico de Datev. Tampoco se puede obviar el circuito de Ereván con el museo de Erepuní, el Madenatarán, las iglesias de San Gregorio y otras, así como el cementerio militar de Ieraplur y el memorial del Genocidio de Dzidzernagapert al que hay que dedicarle al menos medio día para poder conocer en detalle su importante museo.

Decíamos al principio de esta corta serie de notas que el armenio no es un turista en su patria porque todos y cada uno de los sitios históricos que conocerá son parte de su propio ADN nacional porque son representativos del pasado y presente de un pueblo que luchó por su supervivencia desde el mismo instante de su génesis. Peleó cuerpo a cuerpo contra sus múltiples invasores,  sufrió un genocidio en manos del sanguinario turco y lo derrotó en Sardarabad, pero además debió atravesar setenta años sumergido en un contexto que si bien lo favoreció en algunos aspectos, en otros fue determinante para generar la crisis que aún no consigue superar. Cada uno de los capítulos de nuestras excursiones tiene un sabor diferente, pero todos ellos tienen algo que aportarnos.

El primer viaje es de iniciación, los que seguramente le seguirán nos permitirán ir conociendo cada vez un poco más de ese suelo que fue el sueño de nuestros viejos y que nosotros podemos disfrutar sin olvidarlos al brindar cada vez que lo hagamos por nuestro presente y futuro como nación.

Jorge Rubén Kazandjian

 

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