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“Cuando nacieron mis hijos, sentimos que habían nacido nuevos soldados de la patria”, dice el excombatiente Arthur Yeghiazarian

Soldados de segunda generación

artsaj-1Ereván (ArmeniaNow).- En las manos del excombatiente por la liberación de Artsaj hay dos fotografías. En una de ellas se observan tres pequeños niños con una persona mayor, en la otra se ven tres jóvenes soldados. A primera vista habría que decir que son personas diferentes, pero en una segunda mirada un poco más detenida, puede observarse que hay similitud en los ojos y rostros de los tres varones. Son ellos mismos, simplemente han crecido.

“Los miro y pienso… yo era más chico que ellos cuando me casé. La guerra nos hace más viejos”, dice el excombatiente Arthur Yeghiazarian, de apenas 39 años de edad, quien es el padre de los tres jóvenes de la foto.

Cada página del álbum de fotos familiares es un nuevo recuerdo de la vida compartida con su mujer Nona de 37 años de edad. La guerra los maduró de golpe, entendieron que la vida era una continua lucha, y que la lucha es la guerra, las bombas que estallan a su alrededor, los sótanos fríos y húmedos, los familiares y amigos caídos, pena, aflicciones y finalmente la victoria.

Arthur recuerda sus años escolares, cuando se escapaba de clases para dirigirse a la Plaza de la Libertad en la Ópera, donde tomaba parte de los mítines populares. Y luego, cuando ya cursaba el primer año en la Facultad de Historia de la Universidad de Ereván, su responsabilidad respecto a la Patria fue tan grande que, abandonó sus estudios y se dirigió al frente de guerra.

artsaj-2A los 18 años, luego de la liberación de la ciudad de Shushí, Arthur se incorpora al servicio activo bajo las órdenes de Yirair Silifian, integrando el 1° Batallón que luego se tornó legendario denominándoselo el Batallón de los tashnagtsagán.

Simultáneamente a su servicio militar, Arthur, que ya se había enrolado en las filas de la FRA-Tashnagtsutiún, formando parte de la organización estudiantil “Nigol Aghpalian”, hace realidad con sus compañeros el rescate de entre las ruinas de Shushí del edificio donde se crea el colegio “Aram Manukian”, que en la actualidad se convirtió en la Escuela N°2 de la ciudad.

 

“Con nuestros compañeros de armas queríamos fundar un colegio pensando en que un día se terminaría la guerra y que las nuevas generaciones no deberían quedar sin su instrucción. No podíamos perder una generación”, recuerda el veterano de guerra. “En nuestro batallón había muchos maestros de escuela, sin embargo, las circunstancias de la guerra de liberación nos llevaban nuevamente a combatir” agrega Arthur.

A pesar de la permanente explosión de bombas que sacudía la región, la escuela de Shushí era un centro educativo único. Además de recibir su educación, los niños estaban bien alimentados y podían vestir decentemente. “La mayoría de los padres de los alumnos estaba en el campo de batalla y muchos otros habían muerto luchando por su tierra. Los varones eran estudiantes en la escuela y padres de familia en sus hogares. Por la mañana llevaban a pastar sus animales, más tarde reunían leña o cultivaban la tierra y por la tarde concurrían a clases. De noche, cuando estábamos de paso por sus casas, podíamos ver a través de las ventanas a nuestros jóvenes alumnos estudiando a la luz de las velas”, recuerda emocionado Arthur.

artsaj-3-jpgEn Shushí Arthur encuentra también la segunda mitad de su vida. Conoce a Nona y pocos meses después contrae matrimonio con ella. “Nuestros padres se oponían a que nos casáramos a tan joven edad. Yo tenía 18 años y Nona aún era menor de edad, pero finalmente nos |casamos. La mano de Nona fuimos a solicitarla con mis compañeros soldados, mis padres no habían podido estar presentes en la boda porque los caminos se encontraban bloqueados como consecuencia de los intensos combates”, recuerda.

En septiembre de 1993 nacen Ara y Aram, quienes se transformaron en los primeros mellizos en nacer en la Shushí liberada. “Mi corazón me decía que íbamos a tener mellizos, tal vez porque esa circunstancia estaba en nuestra genética. Pero en esos años hubo muchos nacimientos similares, parecía que la naturaleza estaba compensando las pérdidas que nos infligía la guerra”, cuenta Yeghiazarian, agregando que poco tiempo después, en noviembre de 1994, nacía su tercer hijo varón, Arkam.

En 1995, Yeghiazarian y su familia se trasladan a Ereván. Empero, hoy la paz de la República de Nagorno Karabagh es custodiada por sus dos hijos mayores.

“Cuando en plena guerra nacieron nuestros hijos, sentimos que no habían nacido ellos, sino que habíamos traído a la vida nuevos soldados de nuestra patria. Siempre hemos sabido que ellos debían servir, para nuestra familia es un deshonor no cumplir con la obligación militar”, dice orgulloso el combatiente de la libertad de Artsaj.

Ara y Aram cursan sus estudios terciarios en la Facultad de Teología de la Universidad de Ereván, en tanto Arkam hace lo propio en la Facultad de Estudios Orientales, especializándose en Turquía.

“Los tres resolvieron cumplir con el deber del servicio militar simultáneamente con sus estudios pues para ellos era más correcto compartir su obligación con los jóvenes de su edad, que hacerlo luego de culminar su carrera universitaria”, dice orgullosa, Nona, su madre.

Cuando se refiere a sus tres hijos soldados, los ojos de Nona resplandecen, su rostro es iluminado por una sonrisa y su nostalgia es mitigada con las fotos que atesora en sus manos.

“Mis mellizos son muy activos, el más chico es un poco silencioso, callado, si no le hablas durante todo el día, el tampoco lo hace, está en su propio mundo. A veces en casa discutían o peleaban un poco, sin embargo, afuera se apoyan mutuamente”, cuenta Nona.

Arthur y familia viven en una casa alquilada de Ereván debido a la avanzada edad de sus padres. El excombatiente trabaja en el Ministerio de Asuntos Sociales en la Dirección de Asuntos Estratégicos y Monitoreo.

En las elecciones parlamentarias de 2012, Arthur fue candidato a diputado representando a la FRA-Tashnagtsutiún, pero fue derrotado por el candidato oficialista.

La familia Yeghiazarian visita asiduamente a su querida Shushí. En 2007, quince años después de casarse, en el séptimo día del séptimo mes, Arthur y Nona renovaron sus votos matrimoniales en la renovada catedral de Surp Ghazanchelotz de Shushí.

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