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Cuando soplan vientos de cambio…

Dr. Ricardo Yerganian*

velvet_16A casi tres meses de la revolución “de terciopelo” –tal como la define en cada ocasión el flamante primer ministro Nigol Pashinian- comienzan a soplar vientos de cambio en Armenia. Lo más importante, quizás, es que la gente –y en especial la juventud- irradia energía positiva. En sus hogares, en sus puestos de trabajo, en las calles y en las plazas. Y más importante aún, el hecho de que ya no tiene miedo de hablar y expresarse abierta y libremente. “Tujov” es el nuevo “lema” del movimiento de cambio que resume, en una palabra, esa actitud política.

“Sabíamos que nos han robado durante 20 años. Lo que no sabíamos, es que nos han robado tanto… “, dice en tono acusador una empleada del Museo Histórico Nacional en el centro de Ereván. Y qué pensar, cuando dentro y fuera de Armenia todos nos hemos vuelto espectadores en la obra llamada “lucha contra la corrupción”…

Desde hace semanas, las investigaciones de la Agencia Nacional de Seguridad han sacado a la luz múltiples casos, sorprendiendo a propios y ajenos. Sin intención de analizar casos particulares, no podemos pasar por alto -sobre todo en la diáspora- el hecho de que Ara Vartanian, presidente del Fondo Nacional Armenia está implicado en un caso comprobado de corrupción y abuso en el ejercicio de sus funciones. Esta organización que siempre estuvo más allá de toda sospecha, con una tremenda contribución en la realización de proyectos de infraestructura en Armenia y Artsaj, acaba de recibir un duro golpe a causa de uno de sus integrantes, reelegido en el cargo hace poco tiempo.

Lo que esperan y anhelan los ciudadanos bien intencionados es que se termine con la impunidad y se aclaren -definitivamente y sin concesiones- todos los casos de corrupción, en las instancias judiciales competentes. Que se termine con la podredumbre que afectó al país durante tantos años. Y por sobre todas las cosas, que se garantice la igualdad de todos ante la ley. La “noticia” de los últimos días sobre los hijos del actual premier y del ministro de Defensa, de que cumplirán su servicio militar en Artsaj (mientras los medios informaban sobre numerosos casos en los que se intentaron eludir reclutamientos de forma ilegal) es otro claro ejemplo del accionar del “establishment” oligárquico. Cuando lo obvio se transforma en “noticia”, algo huele mal en el reino de… Urartú.

La lucha contra la corrupción es parte integral e inseparable de la restauración de la democracia real en Armenia. El capital político que el país ha ganado en los últimos meses en este aspecto es enorme. La comunidad internacional -y Europa en particular- siguen de cerca el curso de los acontecimientos que dieron y dan prestigio a un país atrapado a ambos lados de su frontera, por regímenes autoritarios supuestamente democráticos.

Lo conveniente sería que el sistema político en su conjunto se involucrara e hiciera causa común en la batalla contra la corrupción. Este no es ni puede ser un tema exclusivo del gobierno. Las remanidas excusas de que un país que se encuentra permanentemente bajo amenaza de guerra no se puede dar este tipo de “lujos” y de que la seguridad nacional no está necesariamente ligada a la democratización del país, no son más que sinsentidos. El ejército que defiende la frontera se siente moralmente más fuerte cuando sabe que detrás existe una democracia verdadera y justa. Lo mismo cabe para los cientos de miles de armenios que dudan entre abandonar el país, quedarse o regresar.

Dice el proverbio chino que “cuando soplan vientos de cambio, algunos levantan muros. Otros, construyen molinos”. Sin duda, cuando concluya el proceso de cambio de la ley electoral y el país celebre elecciones parlamentarias limpias, se habrá dado un paso importante. El impulso que en los comicios libres darán los ciudadanos a la naciente democracia, ayudará a derribar los muros y a construir los molinos de la nueva Armenia.

*Exdirector del Diario ARMENIA

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