Daniela Achoyan es diseñadora gráfica y artista plástica. Sus obras cargadas de color y formas la llevaron a exponer, entre otros lugares, a un colegio de la comunidad armenia de los Estados Unidos.

Daniela Achoyan: “Tuvimos una educación muy tocada por la cultura, el idioma y nuestro origen”

07 de enero de 2020

Dice Achoyan que cuando terminó el secundario se alejó de la comunidad por la necesidad de abrirse camino y encontrar los intereses sus intereses que dentro de la comunidad no podía llenar.

—¿Cómo es la historia familiar?

—Mi familia materna vino de Grecia huyendo de la segunda Guerra Mundial. Mi papá nació en Argentina pero sus padres vinieron desde Turquía. Ellos se conocieron por un grupo de amigos armenios que pertenecían a un coro de la comunidad. En mi casa el armenio se usaba sobre todo con mis abuelas. Con mis padres y mis hermanos no lo hablábamos de forma cotidiana pero como mi abuela materna estaba muy presente en nuestra casa se usaba mucho el idioma con ella. Hablaba armenio en el colegio y con mi abuela, después lo fui perdiendo. Hoy no puedo hablar con fluidez pero lo entiendo. Mis abuelos tenían distintos grupos de amigos en Valentín Alsina, Flores y Vicente López, todas zonas donde se habían instalado los armenios. Mi abuelo quería ir a Valentín Alsina pero mi abuela se había enamorado más del paisaje de Vicente López. Cada vez que voy a caminar al río de Vicente López le agradezco a mi abuela haber decidido instalarse en este barrio.

—Contanos sobre tu formación.

—Con mis hermanos estudiamos en el colegio armenio de Vicente López pero mi hermana mayor hizo la secundaria en el San Gregorio porque todavía no estaba la secundaria hecha. Mi hermano del medio fue la primera camada del Instituto Tertzakian y la mía la completó. Tuvimos una educación muy tocada por la cultura, el idioma y las costumbres de nuestro origen. También íbamos a Homenetmen porque tanto mis papás como mis hermanos y yo hacíamos deportes y teníamos a nuestros amigos ahí. Cuando terminé el secundario me alejé bastante de la comunidad. Creo que la oferta y la convocatoria para los chicos que terminan el secundario queda chica. Tenía intereses que superaban el ámbito de lo que se me ofrecía. Eran más culturales, artísticos, ideológicos y filosóficos. Necesitaba romper la burbuja donde habíamos crecido y conocer otras cosas, escuchar otras voces y estar más en contacto con la realidad del país en el que estaba. Cuando empecé la facultad se me abrió un mundo enorme y un poco vertiginoso al principio. Fue fascinante estar en contacto con otra gente, otras ideologías y maneras de vivir. Cuando era chica no entendía lo que hacía la gente por fuera del club. Sostuve mis amistades que forjé durante esos años pero no seguí alimentando mi crecimiento bajo el ala de la comunidad. Por un lado, por los intereses personales y por otro porque sentía que la comunidad no tenía nada para ofrecer que me resultara interesante. Estudié Diseño Gráfico en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA. Mi formación visual respecto a lo que es color, lo morfológico y cromático tiene que ver con el diseño gráfico, no con las artes plásticas. Le robo al diseño gráfico todas las herramientas que me ofreció para llevarlas al campo de las artes plásticas. No tengo formación como artista. Mi obra es más gráfica que plástica.

—¿Cuál es tu visión de la comunidad?

—No estoy dentro de la comunidad y siento que me podría equivocar mucho en mi mirada. La leve sensación que tengo cuando me pongo en contacto, yendo al club o a alguna cena armenia, es que vuelvo a un lugar que está muy quieto, que no creció, que no amplió miradas ni fronteras. Vuelvo a oler la misma esencia y veo que la gente es la misma. Es una sensación de afuera. Sí me gusta que en lugares como la Asociación Cultural Armenia le estén dando importancia a la parte artística. Eso me da alegría, porque veo un cambio. También la transformación tiene que ver con las manos un poco más jóvenes, es agregarle una cuota de modernidad y nuevos aires, corrernos un poco de este lugar donde siempre estuvo instalada la comunidad que fue con una cuota de sufrimiento y dolor. Me parece que hay que honrar el pasado y tenerlo bien presente, guardarlo en la memoria pero llega un momento donde hay que desprenderse de eso y darle una cuota de vitalidad.

Un objeto. La comida me conecta con mis raíces y el recetario manuscrito de mi mamá es mi gran herencia. Además, mis abuelas hacían muchos objetos a crochet que también son importantes.

—¿Cómo fue la experiencia de exponer en un espacio comunitario de Estados Unidos?

—Se puso en contacto conmigo a través de las redes sociales un artista plástico armenio que vive y tiene su estudio en Nueva York. Me dijo que le gustaba mi obra y me contó que había un colegio armenio en Nueva Jersey que todos los años organiza una muestra artística para recaudar fondos y que la convocatoria se extendía al mundo entero. Me postulé para exponer y cuando me aceptaron viajé con mis cuadros. Fue un evento muy lindo. Hoy lo pienso y me emociona más que en ese momento, hacerlo en un colegio armenio, una acción de la comunidad. Fue un premio haber viajado y participado de esto. Además, las obras se vendieron. Fueron dos años consecutivos que participé con mis obras.

—¿Cómo es tu relación con lo armenio actualmente?

—No viajé nunca a Armenia pero no tengo dudas que el día que llegue y vea todos los monumentos que he visto en libros toda mi vida, el día que pise suelo armenio y lo sienta en la panza va a ser una emoción muy grande. Cuando sos chico renegás de muchas cosas de la comunidad pero cuando crecés las empezás a ver con simpatía. Con el idioma me pasa eso, me encanta saber que tengo un idioma extra que no hablo con fluidez pero que entiendo bien y me acuerdo cómo se escribe e incluso puedo leer. Muchos de mis amigos no son armenios. Cuando uno está en un ambiente fuera de la comunidad y cuenta sobre sus orígenes, lo primero que preguntan es sobre la comida. Me gusta mucho cocinar y comer comida armenia, ese es mi gran valor. La comida en mi casa como símbolo cultural sigue siendo muy fuerte y es algo que no me gustaría perder. En mi casa la comida armenia siempre tuvo un lugar porque mis dos abuelas cocinaban, mi mamá y mi tía también cocinan.

Sofía Zanikian
Periodista
sofi.zanikian@outlook.com

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