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De brujas, zombis, calabazas y otras yerbas…

Puntos de vista

halloweenA nadie escapa la multiplicidad de dificultades que debe afrontar la armenidad, ora escabrosas, ora penosas, para poder desarrollar su vida social y cultural fuera de su terruño ancestral.

Desde las comunidades más recientemente formadas hasta las más antiguas, todas comparten ciertas problemáticas, en muchos casos, directamente relacionadas con el país de residencia (conflictos políticos, crisis socioeconómicas, persecuciones ideológicas, etc.), en otros, las dificultades, de carácter intrínseco, no guardan relación con la situación benévola local, debiéndose principalmente a la falta de organización interna o de compromiso comunitario de sus integrantes. Tal es el caso de nuestra colectividad, la que tras largas décadas de sostenido esfuerzo ha logrado cierto status acomodado que, en teoría, debería coadyuvar al mantenimiento de la identidad armenia, lo cual efectivamente, no se ve reflejado en los hechos.

El propósito de esta nota no es discurrir acerca de los factores a favor o en contra del adecuado desarrollo de nuestra vida como armenios, que son muchos y atendibles todos. Sin embargo, es preciso destacar la ocurrencia de determinados hechos por muchos ignorados o imperceptibles, que por lo bajo están minando la identidad armenia de nuestros jóvenes y niños, y que son consecuencia de decisiones fácilmente modificables a muy corto plazo, las cuales siquiera requieren una erogación monetaria.

Omnipresente y todopoderosa tanto en la República de Armenia como en la Diáspora, la tara del odaramolutiun (de odar: extraño-ajeno y molutiun: vicio ) ha generado un profundo cambio en las decisiones y elecciones a nivel individual, familiar, comunitario y en muchos casos, institucional. Hoy día se ha generalizado firmemente la convicción acerca de los innumerables beneficios de la poliglotía extranjerizante, primer factor de éxito a la hora de ser aceptado socialmente, desarrollarse comercialmente o de insertarse laboralmente.

Tan sólo una generación atrás, el conocimiento y la práctica del arevmdahaieren eran, para un vasto sector comunitario, un atributo tan valioso como necesario; para otros, una condición insoslayable otorgante de prestigio y orgullo. En cambio, últimamente somos testigos de una desigual “batalla idiomática” en la que nuestro Medzaskanch (1) se ve obligado a ceder terreno día a día.

Un ejemplo concreto de ello resulta el franco desembarco en algunos de nuestros establecimientos educativos y familias, de ciertas costumbres totalmente ajenas al acervo armenio, incluso reñidas con uno de los pilares fundamentales de nuestra identidad: la Iglesia Armenia y el cristianismo.

La utilización de la antigua celebración celta del Halloween, de irrefutable origen pagano (2) devenida en una fiesta comercial que produce millones de dólares en occidente, resulta a todas luces inaceptable dentro del ámbito de nuestra comunidad, y mucho menos aun, de nuestros institutos educativos. La aparentemente inocente propuesta de usar máscaras, disfraces y maquillajes (inclusive ridículamente utilizados en criaturas de corta edad), amén de la compulsiva adquisición –con la complicidad de los padres- de todo tipo de objetos “necesarios” para tal celebración (v.g. calaveras, disfraces de esqueletos, fantasmas o brujas, calabazas, etc.) sólo con el fin de granjearse el afecto de los niños y con ellos enseñar algunas palabras en inglés atenta directamente contra la fe cristiana que desde hace más de 17 siglos sostiene firmemente la Nación Armenia, así contra la afirmación de la identidad armenia en nuestros niños.

De ninguna manera estamos en contra de la enseñanza de ningún idioma extranjero; es más, ampliamente probados están los beneficios de su práctica sistemática. De igual forma para la conmemoración del Hishadag Merelotz (recordación de los difuntos), en la que cada uno eleva una plegaria por el descanso del espíritu de sus familiares o amigos extintos. Sí lo estamos enfáticamente de la introducción de cualquier celebración, rito o costumbre extranjerizante o anticristiana.

Sin ir más lejos el Avedarán (Santa Biblia) nos prohíbe expresamente en el Deuteronomio 18:10-12 “No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Dios cualquiera que hace estas cosas (…).” Las falsas creencias acerca de los muertos y espíritus maléficos, así como el referido uso de máscaras o disfraces con el fin de ahuyentar a aquellos últimos se dan de bruces con las enseñanzas bíblicas y el dogma cristiano.

El hecho de que en el mundo anglosajón la noche de Halloween sirva para realizar tratos con los espíritus de los muertos, canjes a cambio de rezos por los difuntos o la alusión a fantasmas, vampiros, hombres lobo, brujas o – los tan en boga- zombis corporizando o personificando espíritus malignos están claramente prohibidos por las Sagradas Escrituras, tal como en La Carta de San Pablo a Los Efesios 6:12 “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales”. Más claramente, en La 1ª Carta A los Corintios 10:20-21, Dios no quiere que tengamos algo que ver con los demonios; de hecho no se nos permite beber de la Copa del Señor y de la Copa de los demonios .(3)

La Nación Armenia no sólo ha sobrevivido a las mayores penurias y sometimientos por su valentía, su laboriosidad, su tesón, sino ante todo, por su apego y valoración de la vida. El único camino que nos conducirá al fortalecimiento espiritual y el consecuente próspero desarrollo integral como nación, es el trazado por Jesús y el seguido por San Gregorio “El Iluminador”, nuestros patriarcas y la grey cristiana desde tiempos fundacionales. Es nuestro deber mantenernos en esa senda a fin de asegurarle a las nuevas generaciones una vida digna como armenios. No perdamos entonces, ninguna oportunidad para celebrar la vida.

Alejandro D. Dorumian MSD

(1).- “Prodigioso” o “Admirable”, nombre con que se hace referencia al idioma armenio.

(2).- Muy pocas son las costumbres heredadas del período pagano y que son aceptadas por la Iglesia Apostólica Armenia. Por ejemplo, tanto la festividad de “Vartavar” como la del “Dearn entarach” tienen, respectivamente, al agua y al fuego como principal elemento simbólico.

(3).- Remitirse también a Efesios 6-12 y Eclesiastés 9: 4-5

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