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De las páginas olvidadas de la historia: Vida y época de Mari Beylerian

Mujeres destacadas

Beil 1Hace un siglo había mujeres armenias que levantaban la voz y hablaban con audacia sobre temas como el matrimonio y el servicio público. Hace un siglo existían mujeres fuertes e intrépidas que establecían sus propias revistas y diarios, proporcionando un espacio para las más jóvenes. Hace un siglo había mujeres que luchaban por sus derechos y por la educación femenina.

Sin embargo, un siglo después, son en su mayoría olvidadas…

Mari Beylerian, escritora, feminista y figura pública, es una de las intelectuales menos reconocidas de Armenia occidental. Víctima del Genocidio Armenio de 1915 fue una modelo a seguir y una educadora para miles de armenias de diferentes partes del mundo. Era reconocida por su revista Ardemis, considerada como la primera publicación periódica de mujeres dentro del mundo armenio. La misma incluía temas como la liberación de las mujeres armenias, entre otros puntos.

¿Quién era ella? Hay poca información sobre su vida. Aunque fue conocida gracias a su publicación, su nombre y sus actividades fueron olvidadas después del genocidio. Se dice que Beylerian fue una de las dos mujeres – junto con Zabel Yesayan- arrestadas junto a más de 200 intelectuales armenios el 24 de abril de 1915. Su destino todavía se desconoce.

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Revista Ardemis

Nacida en 1880 en Constantinopla (Imperio Otomano), recibió su educación en la Escuela Esayan, a la que más tarde regresó como maestra. Algunas fuentes afirman que ella continuó sus estudios en el Estudio Pera (un distrito de esta ciudad). Como joven estudiante, comenzó a escribir para un periódico llamado Arevelk (Este) bajo el seudónimo de Calipso. Beylerian estaba llena de entusiasmo y deseosa de ser parte del movimiento de liberación armenio. Pronto decidió unirse al Partido Hnchakian, pero sus líderes argumentaron que era muy joven para ser miembro y la asignaron como corresponsal. En ese puesto participó y cubrió la manifestación de Kum Kapu organizada por el partido contra el patriarcado armenio. En 1895 se convirtió en una de las organizadoras de las manifestaciones pacíficas de Bab Ali en Constantinopla contra el gobierno turco, que exigían la implementación de las Reformas de mayo. Finalmente el gobierno otomano la condenó a muerte mientras ella escapaba a Egipto.

Rápidamente comenzó a enseñar en la escuela armenia de Alejandría y en 1902 fundó el periódico mensual Ardemis. En su artículo sobre Ardemis, Lerna Ekmekcioglu menciona que Beylerian se casó con el revolucionario Avo Nakashian poco después de llegar a El Cairo.

En 1908, tras la revuelta de los Jóvenes Turcos que restauró la constitución otomana, ella regresó y comenzó a enseñar en la escuela armenia de Esmirna y luego en la de Yevdokia. También publicó una colección literaria de su propia obra llamada «Tebi Ver», hasta su muerte en 1915.

Ardemis

Fundada en Alejandría, Egipto, Ardemis salió como una publicación literaria mensual hasta 1904 y fue popular entre las mujeres, no solo de Armenia, sino también de la diáspora. Antes de su inicio, Mari envió a su esposo a Echmiadzín para ver al Catolicós Meguerdich Jrimian y pedirle su apoyo. A este le gustó la idea de una publicación para mujeres y ayudó a Beylerian con nuevas fuentes. Además, le dio algunos de sus escritos y pidió donar todas las ganancias a la revista.

El objetivo principal de la publicación era crear conciencia sobre los derechos de las mujeres y promover laBeil 3 educación. También fomentaba diferentes actividades filantrópicas. Beylerian, la editora en jefe de la revista, con sus editoriales feministas, pensamiento progresivo e ingenio tenía la capacidad de sorprender incluso a lectores de hoy en día.

La revista era una plataforma abierta para cualquier mujer que quisiera expresarse y era una forma poderosa de llegar a diferentes clases sociales y permitir que todos debatieran y hablaran abiertamente sobre los problemas de las mujeres. Los diversos artículos publicados en la revista por mujeres armenias comunes provienen de ciudades como Tiflis, Moscú, Kars, Nor Jugha, Nueva York y París. Famosos escritores y personajes públicos como Vahan Tekeyan, Yeghia Demirjibashian, Zaruhí Kalemkaryan y la periodista estadounidense Alice Stone Blackwell escribieron artículos.

En su libro “Una historia de la escritura de las mujeres armenias, 1880-1992”, Victoria Rowe (2009) identifica cuatro temas principales que cubrió la revista: derechos de las mujeres, educación, maternidad y empleo. Estos eran los problemas más esenciales que las armenias habían enfrentado durante siglos. Algunos de estos, como el derecho de las mujeres a la educación, a un empleo o a tomar decisiones en su familia, siguen siendo relevantes en la Armenia del siglo XXI.

Derechos de las mujeres

Beylerian abordó el tema de los derechos de las mujeres en varias editoriales, pidiendo justicia y empoderamiento para las armenias. Ella creía que el feminismo occidental no era compatible con la realidad armenia. También explicaba que las armenias primero debían exigir «derechos naturales» (su derecho a tener su propia opinión, a tomar decisiones y controlar su destino) y luego plantear preguntas sobre su papel en el discurso sociopolítico del país. En su editorial titulado «Un vistazo al pasado de la mujer armenia», hablaba abiertamente sobre las duras realidades de la vida cotidiana, criticando las relaciones entre marido y mujer y el estatus de esta última dentro de la familia.

“La vida familiar fue un infierno para las armenias en el pasado. Se vieron obligadas a ser una nada más que una sombra. Se consideró vergonzoso que un joven hablara abiertamente, de manera amistosa y amorosa con su esposa. Si se atrevía a hacerlo, los que lo rodeaban lo llamaban afeminado. Se lo reprochaba e insultaba por ello. Si tenía algo importante que decirle, lo hacían sin mirarla a la cara».

El lenguaje de Beylerian era muy fácil de entender, ya que tomaba realidades cotidianas y “obligaba” a las mujeres armenias a ver, analizar y exigir justicia. En su editorial «Zavag» (niño) escribió incluso un breve manifiesto dedicado a los derechos de las mujeres armenias:

“Nosotras las mujeres armenias, vivimos más dificultades y tiranías que otras. La civilización apenas ha debilitado nuestras cadenas de esclavitud. Las armenias de la provincia todavía lloran bajo la misma carga de penurias.

Somos moderadas en nuestras demandas, y aun reconociendo que tenemos los mismos derechos aceptamos moderarlos. Luchamos ferozmente contra los prejuicios que nos han atormentado durante siglos, y hoy amenazan nuestro bienestar.

Exigimos tener el derecho a amar de manera completa y libre, tener el derecho a elegir sin coacción y con libre albedrío el que será el compañero de nuestra vida, cuyo corazón está unido al nuestro.

Tenemos el derecho de hablar libremente y revelar nuestras opiniones sobre todos los temas que tienen relación con la vida comunitaria. Pedimos que nuestras opiniones sean tomadas en serio y se respeten nuestras ideas.

Somos libres en nuestras vidas familiares, libres e independientes en nuestras actividades y pensamientos, libres de perseguir cualquier idea u objetivo que sea bello para nosotros. En resumen, somos libres de todo lo que es puro y libre de prejuicios. Permitimos lo que es ético y no daña el trabajo de criar a la próxima generación.

No pasaremos más allá de este límite. Permaneceremos en nuestro papel sagrado y recordando que la mayor satisfacción y alegría consisten en el perfecto cumplimiento a la responsabilidad.

Educación

Beil 2En una de sus editoriales, Beylerian discutió cómo la sociedad percibía el concepto de mujer educada. “Corazón, mente, educación, ni un pensamiento se salvó de esto. Se consideraba vergonzoso que una mujer dijera una palabra educada o progresista. Una mujer que podía leer y escribir era considerada como fuera de su lugar, una antropófaga no natural a la que las otras mujeres miraban con amargura y como algo escandaloso.

A fines del siglo XIX, este estereotipo comenzó a romperse cuando los armenios entendieron que la nación necesitaba niñas educadas para poder tener madres educadoras. Este concepto se hizo más popular y muchas niñas comenzaron a asistir a la escuela. Aun así, Beylerian no estaba contenta con el sistema educativo y continuó criticándolo a través de sus editoriales. Ella creía que en lugar de brindar conocimiento, las escuelas enseñaban a las mujeres a tocar el piano o hablar francés.

Una de las escritoras de la publicación, Avo, realizó para Ardemis un artículo de tres partes titulado «Actividades de las jóvenes armenias desde su graduación». En el mismo criticaba severamente a las jóvenes armenias, calificándolas de perezosas y no dispuestas a comprometerse con su nación. En sus memorias, la condesa Mariam Tumanyan, miembro de la élite de Tiflis a fines del siglo XIX y principios del XX, expresó la misma crítica y decepción hacia las que no estaban interesadas en estudiar.

Avo escribe: “Hemos abierto escuelas, incluso en los rincones más remotos de las aldeas, pero nos olvidamos de implantar el espíritu necesario para administrarlas. No nos importaban las necesidades y obligaciones prácticas de las jóvenes armenias con su clase social, con su nación y con su patria».

Beylerian también pensaba que el sistema educativo no era capaz de generar mujeres fuertes y valientes. Curiosamente, varios años antes del genocidio, expresa: «Es hora de que la educación fortalezca las mentes y los corazones de nuestras niñas. Necesitan clases prácticas para prepararlas, usando ejemplos de la vida real, para ir por el camino de la vida, para que el viento no las lleve de aquí a allá y para que los eventos perversos y las masacres no aprovechen su debilidad arrojándolas al suelo”.

Ella veía el futuro de muchas niñas huérfanas, para las cuales una mejor educación les podía brindar mejores herramientas para cuidarse a sí mismas. En lugar de enseñarles a ser “damas” bonitas, sugería que había que educarlas en sus responsabilidades para con sus padres, su patria y la nación. Sin embargo, en este punto reconoció que las escuelas armenias carecían de docentes calificados. Una gran maestra, debía saber cómo involucrar a las jóvenes e inspirar sus corazones. Avo estaba de acuerdo con ellas: «No tenemos chicas idealistas porque en las escuelas no les dimos ningún objetivo a seguir, y en la casa, lo único que escucha es que ‘se convertirá en una novia’”.

Como periodista y maestra establecida, a Beylerian le interesaba motivar a sus lectoras no solo para ser amas de casa, sino también a estudiar, comenzar sus propias carreras y mantenerse como iguales junto a los hombres armenios. Casi todos los temas de Ardemis discutieron la importancia de la carrera de una mujer, especialmente en la sociedad armenia de principios del siglo XX. En una de sus editoriales, argumentó que una de las razones del bajo estatus dentro de la familia era porque simplemente no ganaban dinero. Beylerian creía que, a lo largo del tiempo, los factores económicos afectaban mucho la forma en que las mujeres eran percibidas en la sociedad. «Hasta ahora, el empleo de las mujeres era visto como algo alienante, debilitante. Este es un prejuicio arraigado. Las personas tienen hambre, pero no permiten que sus mujeres trabajen. Todavía lo perciben como un insulto a su virilidad».

A la edad de 12 años, los niños podían trabajar y ayudar a sus padres, convirtiéndose así en una ayuda para su entorno. Según explica, esta fue una de las razones por las que siempre eran bienvenidos en la familia. En cuanto a tener una niña, los padres siempre estaban preocupados ya que sabían que para prepararla para el matrimonio tenían que darle una dote decente. Además, el nacimiento de una niña era vergonzoso para una novia. Mari mencionó que esto no era típico solo de los armenios: «el rencor hacia las niñas era común en las naciones asiáticas».

Según Beylerian, una de las soluciones a este problema era el empleo para las mujeres. Las mujeres serían tratadas por igual y valoradas como hombres si ganaran dinero y compartieran la carga de la familia. «El empleo es nuestra salvación», escribe Mari en uno de sus editoriales.

Mari destacó que las mujeres armenias ya trabajaban muy duro en sus hogares; preparaban comidas, limpiaban, secaban frutas, cuidaban a los niños, cosían ropa de cama, lavaban la ropa e incluso ayudaban a sus esposos en los campos cuando faltaban trabajadores. Sin embargo, como no se les pagaba, su trabajo no se valoraba.

Beylerian relacionó la necesidad de empleos con la situación política en las provincias armenias. Estando en el exilio, habló sobre la importancia del trabajo para las mujeres como una forma de ganarse la vida donde sea que el destino las llevara.

“Un gran pesador dijo una vez: ‘Denme a sus madres y les daré una nación’. La meta de Ardemis debe ser preparar a las niñas, esposas y madres para que un día se pueda decir con orgullo. Aquí están sus madres, dennos una nación”.

La maternidad, el papel sagrado de la mujer armenia también tenía su lugar especial en la revista. Las mujeres tenían un papel importante en la crianza de niños patrióticos y educados que servirían para el bien de su país. Sin embargo, también criticaba la estructura familiar tradicional, «kertastán«, y señalaba que las armenias a menudo eran presionadas por sus suegras que no las dejaban criar a sus hijos como ellas querían.

“Ella es una mujer pero espera instrucción. Ella espera a que la conozcan por su responsabilidad. Ella es madre, pero espera que le enseñen cómo cuidar a su hijo. Ella tiene una familia, pero espera a que le muestren cómo manejar su hogar», detallaba.

Beylerian creía que las familias debían tener una estructura en la que las madres tuvieran su función especial sin la interferencia de sus familiares. La maternidad dio a las mujeres un mayor estatus que a los hombres. Ella estaba confiada en que las mujeres eran protectoras y guardianes de la «razón y el sentido», mientras que los hombres eran presos de la «pasión y el sentido».

La mujer tenía que estar preparada para el matrimonio. Debían ser adultas para comprender sus responsabilidades y la vida a la que ingresaban. En este sentido ella creía que los matrimonios inoportunos para las jóvenes eran una gran desgracia y por eso no escatimaba en espacio para educar y despertar a las jóvenes armenias.

«Por un destino imprevisto y cruel, la inexperta e ingenua mujer armenia es expulsada de su país y de su amada casa y se ve obligada a terminar en orillas inhóspitas, donde todo le parece duro: el aire, la tierra, el agua, los modales, las costumbres y el lenguaje. En mente y espíritu, no está preparada para nada y no puede digerir las ideas externas, es incapaz de reflexionar, de ver con claridad, de juzgar correctamente, por lo que es susceptible a ser engañada por un discurso bonito o una mirada tierna. Es comprensible que ella no pueda, sin un daño moral para sí misma, asumir cualquier tipo de trabajo. Creemos que, por encima de todo, debería trabajar en una carrera con normas y reglamentos definidos».

Maternidad

Una de las fortalezas de Beylerian fue que combinaba todos los roles importantes de la mujer y explicaba a fondo cada uno. Al hablar sobre la maternidad, no rechazó la idea del empleo femenino. A su vez, al hablar de educación, no establecía que el objetivo principal de una mujer era convertirse en académica. La mujer ideal de Beylerian era una mujer educada, con una familia, que sabía cómo expresarse, conocía sus derechos y tenía su propia opinión en el desarrollo de su nación.

Mujeres sobre mujeres

En las páginas de Ardemis, uno puede encontrar un artículo dedicado a la condesa Mariam Tumanyan, que se presenta como un gran ejemplo de la mujer armenia activa que cambió las percepciones, convirtiéndose en un modelo a seguir para las nuevas generaciones. La autora señala que las mujeres armenias comenzaron a romper los estereotipos y que de amas de casa humildes y modestas se transformaron en mujeres socialmente activas. También enumera las actividades de Tumanyan y la elogia como una joven empresaria. En especial, la redactora se sorprende por sus iniciativas para ayudar a los inmigrantes de Armenia occidental que habían huido de la masacre, por su contribución a la vida teatral y cultural de Tiflis, así como las noches de caridad de la élite armenia.

Además de los editoriales progresistas y liberales de Beylerian, Ardemis también fue una gran fuente de inspiración y educación para las mujeres de diversas clases. En esta publicación se podían encontrar cartas de lectores de todo el mundo, artículos sobre occidente y el feminismo e informes sobre publicaciones de nuevos libros u otros eventos. También fue una plataforma para compartir poemas y cuentos educativos. Ardemis era el pequeño mundo de un gran pensador.

Un siglo después, sin embargo, nadie recuerda a Mari Beylerian y Ardemis. Debemos preguntarnos honestamente: ¿cómo podemos cambiar la sociedad y hacer que se escuchen las voces de las mujeres si no conocemos a mujeres como ella? Fue un ejemplo para miles de armenias hace un siglo, pero aún sigue siendo una inspiración y de ahora en adelante no será olvidada.

Arpine Haroyan

EVN Report

 

 

[1] Las manifestaciones de Kum Kapu ocurrieron en el distrito de Kumkapi de Constantinopla el 27 de julio de 1890. El objetivo era despertar al patriarcado armenio y exigir la renuncia del patriarca, que había sido acusado de ser indiferente ante las miserias de los armenios en Turquía. Los manifestantes exigían que se discutiera de inmediato con la Sublime Puerta.

 

[2]La manifestación de Bab Ali fue organizada por el Partido Henchakian en 1895. Esta fuerza presentó una carta escrita en francés a embajadas extranjeras y al gobierno turco dos días antes de la manifestación por las reformas que debían introducirse en las provincias armenias del Imperio Otomano. Las demandas eran contra las masacres de armenios por el gobierno, los arrestos injustos, el castigo a los presos, las injusticias kurdas, recaudaciones de impuestos corruptas y la masacre de Sasún. Otras demandas incluían: igualdad ante la ley, libertad de prensa, libertad de expresión y de reunión, que a todas las personas detenidas se les otorgara el derecho de habeas corpus, que se les permitiera a los armenios portar armas si los kurdos no eran desarmados, una nueva delineación política para las seis provincias armenias, una nueva delineación política para las seis provincias armenias, un gobernador europeo para ellas y reformas agrarias y financieras. El partido solicitó que todas estas demandas sean extendidas a todos los ciudadanos otomanos que no poseían tales derechos. La manifestación pacífica de Bab Ali recibió una fuerte respuesta de la policía turca. Estallaron la violencia y los enfrentamientos, cientos de personas fueron encarceladas y decenas terminaron muertas.

 

[3] Lerna Ekmekcioglu, «Ardemis: un diario de mujeres armenias publicado en Egipto, 1902-1904», Journal of Armenian Studies, 2004

 

 

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