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Definiciones de la FRA-Tashnagtsutiún para el año 2017

Declaraciones de Hrant Marcarian, representante del Buró de la FRA-Tashnagtsutiún

Hrant MarkarianCompañeros: un año termina y comienza otro nuevo; tenemos por delante elecciones legislativas. Naturalmente, todo lo que digamos estará referido a los comicios. Pero en realidad, lo que pensamos, lo que decimos, lo que vivimos, se relaciona con Armenia, con nuestro pueblo y con el futuro de nuestro pueblo, independientemente de las elecciones.

En este sentido, tenemos tres prioridades, que no son sólo cuestiones partidarias. Son prioridades de toda nuestra nación. Tenemos tres temas, que están condicionados uno al otro; es decir, si uno tiene éxito, también lo tendrá el otro; y si uno fracasa, también fracasará el otro. De modo que para nosotros, todos son igualmente importantes e imprescindibles.

Primer tema: Debemos, de una vez por todas, crear una Armenia que tenga la posibilidad de desarrollarse simultáneamente como todos los países. Debemos tener una Armenia que se desarrolle en todos sus aspectos: económico, cultural, político y en otros sentidos. La imagen de la Armenia en desarrollo es diferente en la concepción de cada uno. Unos dicen que Armenia se desarrollará si entregamos Artsaj. Para ellos, Karabagh es el problema; entreguémoslo y Armenia se desarrollará. Otros dicen: depende del factor humano; la gente es el problema; cambiemos a esta gente por nosotros, y Armenia se desarrollará. Otros dicen que debemos salir de la atmósfera rusa, que debemos mirar a Occidente para que Armenia se desarrolle.

Hay múltiples enfoques; pero nosotros hace más de dos décadas que hemos adoptado una orientación, y en ese sentido continuamos. Decimos que los problemas de Armenia son problemas de un sistema, y que hacen falta cambios estructurales. Hemos puesto las bases de esos cambios en la nueva Constitución. Todavía hay muchos que no entienden el rol esencial que puede desempeñar esta Constitución en la vida de Armenia.

Después de las elecciones, veremos cuán esenciales y cuán profundos son los cambios del sistema, condicionados por la Constitución. Hemos sido los abanderados de estas transformaciones estructurales, hemos sido sus ideólogos, hemos sido los que lo hemos exigido desde 1991. Desde esa fecha hemos presentado en solitario, el reclamo de los cambios que tuvieron lugar recién el año pasado. Hemos estado solos, y al final, se nos unieron casi todos.

Hemos dicho que las leyes electorales deben reformarse de tal manera, que la misma ley garantice la legitimidad de las elecciones. Hoy les digo: esa cuestión en gran parte está resuelta. Por lo menos, estarán excluidos los fraudes en los distritos electorales. Y esto lo hemos hecho nosotros; hemos tenido la necesidad de hacerlo. Los otros han condicionado todo al cambio de las personas. Nosotros hemos condicionado todo a los cambios del sistema.

Nosotros, compañeros, en la realidad, hemos triunfado en nuestra orientación ideológica, en nuestra política, en nuestro objetivo. No hay reclamo que no hayamos planteado en 1991 y que hoy no hayamos corregido. Sin embargo, hay una cuestión: cuál será la fuerza que triunfe en este mes de abril. ¿Acaso será esa fuerza que entienda la importancia de esta Constitución, que hará realidad estas profundas transformaciones? ¿Que trabajará para eliminar de raíz la injusticia en este país, que hará que en nuestro país se aprecie la calidad y no el dinero? ¿Logrará esa fuerza llevar adelante todo esto? ¿O asumirá el poder una fuerza que haga que fracase este trabajo?

Estoy convencido, creo sinceramente, que con la fuerza de las transformaciones estructurales nosotros somos capaces. Nos hemos quedado firmes en las bases de esta Constitución. Lo que hemos hecho, lo hicimos con convicción. No hemos hecho las reformas persiguiendo intereses políticos o partidarios. Es posible que junto a nosotros haya habido gente que pensaba lo contrario. Pero hemos pensado hacer algo por nuestro país, lo que según nuestra opinión es correcto y valedero, que puede traer cambios fundamentales, que abrirá nuevos caminos a nuestro país. En ese sentido, hemos hecho nuestro trabajo. Resta que podamos continuarlo.

El tema siguiente es Karabagh. La principal garantía de Armenia en desarrollo es no retroceder en la lucha por Artsaj, para que nuestras victorias sean definitivas. No es un obstáculo la lucha de Karabagh, -nunca lo ha sido-, para el desarrollo de Armenia. Otros acontecimientos han sido motivo de que nuestro desarrollo se haya hecho lento, que haya tenido un ritmo menor. Pero Karabagh nunca fue la causa, porque la guerra es un mal si la afrontamos sin la debida consciencia. Y si uno es consciente de que es una cuestión de vida o muerte, que es una cuestión de honor, entonces organizará su país, su economía, su ejército de tal manera, que pueda desarrollarse y vencer. Y puedo nombrar el caso de muchos países, que aún estando en guerra, han logrado asegurar su desarrollo.

Finalmente es inaceptable que haya gente que durante largos, muy largos años, hayan pensado en deshacerse de la cuestión de Karabagh. Yo no digo que ellos tengan una posición anti Karabagh, pero ellos piensan que tal cuestión es un obstáculo; que no es una dificultad que hay que superar, sino abandonar. Esta es una posición de hombres débiles. Para no decir antinacionales, o para no dar otros calificativos, digo solamente: esta posición es de hombres débiles que no pueden ser protagonistas del desarrollo del país ni factor de su fortalecimiento. El hombre de fuerte voluntad, patriota, transforma en el objetivo de su vida el desarrollo del país. Y para quien haya tornado el objetivo de su vida el desarrollo de Armenia, es obligatorio también el triunfo de Artsaj, la liberación definitiva de Karabagh. No puede ser de otra forma. Si uno no puede pensar en llevar Karabagh al triunfo, entonces, tampoco puede pensar en el desarrollo de Armenia. Es importante que llevemos la lucha de Artsaj hasta la victoria. Porque ello también es una garantía para el desarrollo de Armenia. La fuerza triunfante es la que puede dar importancia a los valores morales; la nación triunfante tiene dignidad, y puede construir un país ejemplar.  

Si el hombre no cree en esos valores, no puede tampoco creer en otros. Si yo soy un buen hombre, seguramente seré también un buen padre de familia. No puede ser de otra manera. El hombre no puede ser a veces ser bueno, y a veces, malo. En la cuestión de Karabagh, creo que dificultades hay muchas, pero la más grande, la que es más difícil de superar, es la debilidad interna, la sumisión interna. Y eso no lo debemos permitir, y por ese mismo motivo, en estas elecciones debemos ganar. Debemos tener éxito no para nosotros, sino para Karabagh, para Armenia. Debemos tener éxito para el mañana de Armenia y Artsaj, y no para nuestra profesión personal o para nuestro bienestar.

Yo confío en nuestro triunfo. Con muchos de ustedes hemos estado en Karabagh. La misma fuerza motora que nos llevaba a vencer las dificultades en Karabagh, para pelear, hoy las necesitamos para vencer en estas elecciones, porque con ello está condicionado el mañana de Armenia y Artsaj. Si no pensáramos así, y nos dedicáramos con esa entrega a la lucha, significaría que es toda una mentira, que el ser tashnagtsagán es mentira, que nuestra lucha del pasado es mentira. Y no dudo en decir: si pensáramos así, pisotearíamos la memoria de nuestros compañeros caídos. La continuidad de la obra de nuestros compañeros caídos dice: “Ahora debemos estar en las trincheras; en aquellas trincheras que asegurarán la victoria de Karabagh y el desarrollo de Armenia”. Estos no son hechos independientes entre sí; no son hechos que se contraponen; al contrario: son hechos que están condicionados uno con el otro. Y debemos poder realizarlo.

El tercer tema, que es tan importante como el primero y el segundo, es la exclusión de intromisiones extranjeras en nuestro país. Nuestro pueblo, con su sabiduría, con sus convicciones, con su historia, con el triunfo construido en Karabagh, debe demostrar al mundo que puede ser dueño de su destino, y que las dificultades temporarias jamás deben ser motivo o excusa valederos para la intromisión extranjera. Comprendo que en el mundo de hoy, muchas situaciones están interconectadas.  La independencia no significa aislamiento. Comprendo que hay que vivir a la par del mundo; pero debemos exceptuar la intromisión extranjera teniendo en cuenta el interés nacional. Ni Occidente ni Oriente, ni el Norte ni el Sur tienen derecho a crear una situación contra nosotros; mejor dicho: a través de nosotros, crear una situación en contra nuestra. Debemos evitarlo.

En otras palabras le dicen a eso quinta columna. No estoy diciendo que todas las fuerzas extranjeras son nuestras enemigas, pero todas son conscientes de sus propios intereses nacionales, entre los cuales nuestro interés nacional puede ser muy débil, relativamente. Para cualquier Estado, Lachín, Kelbachar, Zankelán ¿qué valor tienen? Para nosotros tienen significado, porque es Patria, y también es la garantía de nuestra seguridad. Para ellos ¿qué valor tienen? ¿Es posible entregarlas a Azerbaidján, a cambio de alguna cosa? Es posible; así piensan ellos. Ellos no son culpables; los culpables seríamos nosotros si permitimos que nos originen una situación de peligro. Debemos exceptuar las intromisiones extranjeras. Si no lo podemos hacer, si Armenia no se desarrolla, no obtendremos el triunfo en Karabagh.

Debemos transformarnos en la seguridad de este país. Esa garantía no está solo en plantarse en la frontera y pelear. Esa garantía debemos asegurarla no permitiendo al extranjero poner el pie aquí; que no pueda crear condiciones desfavorables. Nosotros no somos enemigos de ningún país; no deseamos el mal a nadie; pero debemos ser conscientes de nuestro bien. Debemos ser conscientes de que lo que hagamos para quedar bien con el extranjero, o para darle la posibilidad de entrometerse, es inaceptable. Esto debe ser excluido para que nuestro país se desarrolle, para que no registremos la retirada en Karabagh. Por eso debemos triunfar en estas elecciones. No para asegurar mejores condiciones para nuestras personas, sino para Armenia y Karabagh, para nuestra Patria, para nuestro Pueblo.

Estoy convencido de que esa garantía es el Tashnagtsutiún. Estoy seguro de que hoy hemos tenido un papel mucho más importante que en las anteriores elecciones, y hemos sido mucho más apreciados. Pero será distinto, si podemos realmente aumentar con los votos nuestra participación en el país.

Compañeros: con esta conciencia es que debemos prepararnos para este año que viene; de otra manera, con nuestra pasividad, con nuestra indolencia, con nuestras indefiniciones, con nuestra irresolución, voluntaria o involuntariamente habremos perjudicado a nuestro país y a nuestra gente. Debemos hacer todo lo posible, con el mismo convencimiento, de que si estuviéramos en el frente y peleando contra el enemigo, lo estaríamos realizando. En nuestra puja interior, debemos aportar lo mejor para lograr llegar a la victoria. 

 EREVÁN, 28 de diciembre de 2016.          

 

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