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Despertar en Ereván este 24 de Abril fue darse cuenta que sólo una vez podría ocurrir

Centenario del Genocidio Armenio

Samy-2Por fin llegué a Ereván, son las 3 am. del día 22 de abril de 2015. Había llovido toda la noche y se respiraba en el aire un clamor por la justicia y la verdad.

Tome un taxi y me dirigí al centro de la capital. Esa noche no pude dormir, mi corazón estaba latiendo a más de lo normal y me retumbaba en todo el cuerpo. Sí, como en mis sueños, estaba en Armenia y no lo podía creer.

Muy temprano, comencé a caminar por las calles y pude observar el inusual movimiento con gente que salía de todas partes. Columnas de personas que llegaban hacia el centro.
Pensé, seguramente son armenios y descendientes de armenios de todos los rincones del mundo. También pude observar un inusual control policial, custodiando los edificios públicos y observando en forma muy celosa a los peatones.

Me llamó mucho la atención, la limpieza, el orden y el cuidado minucioso de todos los espacios verdes de la ciudad. Eran horas previas a una fecha marcada a fuego para toda la armenidad. El centenario del Genocidio Armenio, con una diáspora convulsionada y en ebullición y una capital de Armenia renovada y llena de esperanzas.

El día 23 de abril, muy temprano, subí a lo más alto del edificio donde me alojaba, y allí estaba, el majestuoso monte Ararat totalmente vestido de blanco, abrazando y dándole fuerzas a una nación que todavía busca que reconozcan su verdad.

Dejando de lado la mirada turista y sintiéndome parte y dueño de esas tierras, pude ponerme en contacto con mis hermanos de Ereván, con mi pueblo, con mis raíces, con un trato de igual a igual con cada uno de ellos.

Les pregunte de su visión actual, sus expectativas, sus carencias. En fin, de todo lo que puede necesitar un ser humano para vivir dignamente en cualquier lugar del mundo. (Podríamos hablar mucho de este tema en otra oportunidad)

Samy-4Pero si me llamó poderosamente la atención, las ganas de progreso y el mucho nacionalismo, también la necesidad de que el mundo conozca, apoye y reconozca la verdad del pueblo y la Nación Armenia. Y que no quede durmiendo solamente en los libros de historia.

En este punto del reconocimiento hablamos mucho y es como si el pueblo armenio tiene otra mirada mucho más profunda y tal vez más politizada que en mis viajes anteriores.

El reconocimiento a viva voz del Papa Francisco, seguramente tuvo mucho que ver y caló muy hondo en toda la comunidad, esto legitimo una bisagra, un momento máximo de esplendor.


Un antes y un después. Es como luego de sus declaraciones todos los armenios del mundo sintieran más autoridad, orgullo, dignidad, satisfacción y una ratificación de todos sus reclamos.

Ese mismo día, el 23 de abril y siendo las 16 hs, me subí a un taxi para dirigirme a Echmiadzín, donde en pocas horas iba a comenzar la canonización de nuestros mártires.

El taxi me dejo a aproximadamente a ocho cuadras del lugar y como una procesión caminamos miles de personas hasta llegar a la explanada de la iglesia donde se iba a realizar en un altar a cielo abierto la santificación para todas esas almas, esos mártires y héroes.

Era impresionante la cantidad de hermanos que llegaban de todas partes, tratando de estar en los mejores lugares y no perderse ese momento histórico, único e irrepetible. En ese camino Y por esas casualidades y milagros del destino me cruce con las sobrinas de nuestro héroe Aram Yerganian.

Ellas buscaban armenios de Argentina pero especiaSamy-1lmente de Córdoba, y yo estaba ahí.

Pude charlar con ellas y les comente del valor que significa para los cordobeses tenerlo junto a nosotros y siendo inspiración para nuestros jóvenes y niños en su gestación ideológica. (Grabé un video muy emotivo)

Después de despedirme, me apresuré y por fortuna llegué a ocupar las primeras filas estando pegado al altar y cerca de las máximas autoridades tanto sea gubernamentales como eclesiásticas. Seguían llegando más y más hermanos de todo el mundo, era impresionante ver juntas todas las generaciones, niños, jóvenes, o personas mayores que apenas podían caminar. Nadie se lo quería perder, faltaban pocos minutos para dar inicio a esa glorificación tan esperada.

Y llego ese momento, eran las 19.15 hs. Esa era la hora elegida para dar comienzo a esa ceremonia tan ansiada, tal vez un número o una fecha que quisiéramos olvidar, omitir, pero imposible de negar.

En ese mismo momento se pidió un minuto de silencio. Un silencio que nos paralizó, fue como si el tiempo se hubiera detenido, los segundos no pasaban, era un minuto interminable, infinito. Y allí en ese mismo lugar santificado y con lágrimas en los ojos, nos abrazamos y rogamos por el eterno descanso de todas esas almas que todavía buscan la paz.

Solo un segundo después comenzaron a retumbar las 100 campanadas.,

100 campanadas, por esos 100 años que quisiéramos olvidar.
100 campanadas, todavía las sigo escuchando.
100 campanadas, una eterna emoción.
100 campanadas, fuerza a toda una nación.

Ya de vuelta en la capital y con el tiempo totalmente desmejorado. En pocas horas iba a dar inicio un recital de música histórico, una banda de música de rock de los EE.UU. muy popular, compuesto por integrantes de origen armenio el grupo System Of A Down.

Siendo las 23 hs. del 23 de abril, dio comienzo como con un relámpago y una explosión hizo su entrada magistral, este grupo, una banda considerada orgullo nacional y el principal representante musical en la lucha contra el negacionismo del Genocidio Armenio.

Justo en el corazón de Ereván ,en la Plaza de la Republica ,colmada por más de 100.000 almas, todos fervorosos simpatizantes que a viva voz coreaban todos los temas, con un show que quedará en mi retina y el corazón para toda la vida.

Cantos y bailes armenios coronaron esa noche, un show imperdible e irrepetible. Creo que todavía el gobierno está asombrado por semejante movilización, euforia y efervescencia.

Y llegó el día 24 de Abril con una mañana lluviosa que presagiaba otro día complicado. Es como si el cielo también acompañara al duelo de todos los armenios, con gotas que parecían lágrimas de dolor y llanto.

Con una capital totalmente vallada, comencé a caminar a una zona especial que la municipalidad había puesto para que los colectivos nos trasladen en forma gratuita al Dzidzenagapert y poder asistir al acto central.

La lluvia se hacía cada vez más intensa, los colectivos abarrotados de gente que peleaba para subir, y poder llegar a una zona, pero todavía bastante alejada del monumento.

Samy-3Por fin llegué junto a decenas de miles de compatriotas y con paraguas en mano comenzamos a subir al monte. Nos separaban más de 1500 metros para llegar, la subida era extremadamente lenta con pasos cortos pero con una ansiedad que superaba todas mis expectativas. Todos llevábamos una flor en mano para poder depositarla junto a la llama eterna del monumento.

La explanada era un hormiguero, se organizaban grupos de doscientas personas para llegar ahí. Y por fin alcancé la llama votiva con mi corazón a punto de estallar. Con un Hair Mer eterno y que no quería que concluyera jamás, comencé a rezar y me sumergí en un instante bajo esas llamas eternas, como si estuviera solo frente a mis ancestros, compartiendo ese dolor, un momento que no olvidare jamás.

Mi objetivo se había cumplido, estaba en Armenia y rindiendo ese homenaje tan esperado y soñado, pudiendo devolver aunque sea sólo eso, haber estado ahí, como una reverencia hacia todos esos mártires.

Ya de regreso a la capital,me esperaba otra gran emoción, en pocas horas comenzada la gran caminata de las antorchas, organizada y en forma excelente por la Unión Juventud Armenia y con pleno apoyo de todas las organizaciones políticas, que partía a las 23 hs desde la Plaza de la República hasta el monumento del Dzidzenagapert.

Algo nunca visto, toda la ciudad nuevamente vallada y con avenidas y calles colmadas totalmente de personas con antorchas y luminarias en mano, con cánticos, y música de fondo con las canciones de Karnig y Harout, dio comienzo la marcha.

Parecía una marea humana, con más de 30.000 personas y a paso firme comenzó ese camino hacia la colina que duró hasta las 3.30 hs, que fue el regreso.

Era increíble estar allí y varias veces me hacia la pregunta. ¿Esto es verdad? ¿Yo estoy aquí?

Hermanados y de la mano, caminamos por las calles de Ereván .vitoreando a viva voz los reclamos del pueblo armenio.

Una manifestación totalmente pacífica, pero sin duda de mucha bronca contenida.

Un momento histórico, un viaje inolvidable y de mucha emoción.
Un momento imborrable y de no olvidar jamás
Un momento en la vida con un sello de fuego en mi piel.

Sammy Merdinian
(Córdoba)

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