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Dioses antes de Dios

Mitología y paganismo

El nomadismo fue una característica notable del antiguo armenio. Así, tribus protoarmenias que recorrían la Mesopotamia entera en busca de nuevas posibilidades para su sustento, también adquirían y sumaban diferentes leyendas y creencias. Tantas como cualquier mundo pagano que se precie. Aquí parte de esa historia plagada de quimeras que formaron a una nación.

Según la Biblia, el armenio es el primer pueblo que se hace al cristianismo. Debería atribuirse este efecto por estar precedido de una historia mitológicamente tan rica. En esa gran Meseta que albergó a las civilizaciones más antiguas y distintas, se confabularon las creencias más originales.

Paganos, todos, rendían culto al agua (ríos, lagos, lluvias), a las piedras (montañas, peñascos), al viento y al fuego, a la tierra.

Yervant: Míticos gemelos nacido de la Dinastía Arsacid distinguidos por una excesiva sensibilidad.
Garabed: Personaje mitológico precristiano asociado a la imagen de Juan el Bautista.
Nimrod: Considerado bisnieto de Noé (quien encalló en el Monte Ararat tras el Diluvio relatado en la Biblia) y gran cazador.
Sanasarí y Baghdasar: Dos hermanos fundadores de la ciudad de Sasún.
Sarkís: Héroe capaz de levantar el viento, las tormentas y ventiscas para ponerlos en contra de los enemigos y así vencerlos, de un soplo.
Al: Espíritu enano maldito mitad hombre y mitad animal, que atacaba a mujeres embarazadas y se robaba a sus recién nacidos.
Aralez: Criatura con forma perruna que resucitaban guerreros heridos de muerte lamiéndole las heridas.
Dev: Espectro de origen Zoroastro (Daevas) similar a los ángeles.
Shahapet: A pesar de su aspecto de serpiente, se lo consideraba un alma guardiana que habitaba las casas, los cementerios y los bosques.
Nhang: (Derivado de la antigua palabra persa que denominaba al cocodrilo) Monstruo marino en forma de víbora gigante, casi un dragón. Tenía el poder de transformar al hombre en un pez y así chupar su sangre.
Platek: Mamífero letal sin alas.
Pahapán hreshtak: Ángel de la guarda.

Espíritus del bien y el mal eran protagonistas, cualquier forma de representación de la vida y la muerte eran adoradas y regían los días de estos agricultores. Aproximadamente en el 3000 aC, estos signos de leyendas politeístas se forman junto a la creación del primer Estado y su subsiguiente desarrollo. Aparece aquí la figura del Patriarca Haik, épico héroe citado por las tradiciones históricas; y la de Aram, otro noble defensor. Los haikazún o descendientes de Haik, fueron los hombres más valientes y entre ellos contamos a Tork Anguegh (Tork el Feo) y Ará Keghetsíg (Ará el Hermoso).

Haik y Aram son considerados los “creadores” de la patria armenia y los guardianes frente a tanto pueblo invasor con el bastión de la libertad al frente. Esta cuna de los armenios situada en la antigua Aratta (siglos 18 y 17 aC) estaba regida por el dios-sabio Haik de Haia (Hayastán: Armenia en el original). Estas historias están mencionadas en los jeroglíficos hititas de los siglos 15 y 12 aC con el nombre de Haiasá.

Todas las fábulas, muchas y ricas en imaginería, toman elementos de la realidad que fueron propagándose y manteniéndose en el tiempo de la mano de los trovadores. Antiguos relatos persas, egipcios, sumerios, griegos y de tantos otros pueblos que cruzaban la Mesopotamia, dotaron a la mitología armenia de figuras e historias dignas de cualquier epopeya. Todo esto, sumado al destacado nivel cultural y artístico que ya acumulaban los primeros armenios, sirvió para que la historia entera se viera ornamentada con fantásticos héroes y espíritus.

La mitología del reino de Van (Urartú) la leemos en las inscripciones cuneiformes de la roca Puerta de Mher, encabezada por tres dioses paganos y sus respectivas esposas, también diosas: Jaldí, Teishebá y Shiviní más sus mujeres Arubani, Juba y Tushpa.

Anahit, la diosa más amada entre los armenios, y Aramazd, su compañero, fueron los dioses de la abundancia y la plenitud vital (los dragones –vishap- y los falos de Medzamor simbolizaban la fertilidad). La pareja dirigía a las diosas Asdghik y Nané y a los dioses Amanor, Mihr y Tihr quienes conformaban el cortejo de las principales deidades.

Ya en el período helenístico que data del siglo 3 aC al 3 dC, encontramos los paralelismos de rigor con sus equivalentes griegos y romanos. Así, Aramazd igualaba a Zeus en la mitología griega y a Júpiter en la romana; Anahit equivalía a Artemisa en la primera y a Juno en la segunda; Nané era Atenas y Minerva, Astghik era Afrodita y Venera; Vahagn era Heracles y Hércules y Mihr, el mismísimo Apolo (nominación adoptada por ambas mitologías).

Declarado el cristianismo como religión de Estado, esta cosmogonía da lugar a la religión. Entonces, donde hubo templos paganos se erigieron templos y altares para venerar a un solo dios cristiano; eso sí: usando las mismas piedras. De este modo, antiguas leyendas y creencias con sus festividades paganas se mezclaron con la nueva religión y muchas de esas ceremonias se mantienen hasta hoy.

Lala Toutonian
Periodista
latoutonian@gmail.com

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