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El día que un comando de la FRA paralizó a las potencias europeas

La toma del Banco Otomano en 1896.

En un esfuerzo por llamar la atención y alertar a las potencias europeas, un comando de 26 personas a las órdenes de Papken Siuní y Armen Garó tomaron el Banco Otomano en Estambul e hicieron rehenes a los empleados.

Las matanzas generalizadas de armenios registradas en 1895 y la aspiración a la puesta en práctica de los programas de reformas prometidas por parte de las potencias llevaron al comité de la FRA – Tashnagtsutiún a tomar la decisión de estremecer al gobierno del sultán Abdul Hamid y a la diplomacia europea con un golpe certero para acelerar la concreción de las reformas previstas.

Luego de prolongadas consultas, los organismos responsables de la FRA – Tashnagtsutiún decidieron ocupar la sede central del Banco Otomano, que si bien era el banco imperial, estaba en manos de capitales europeos. Tomar una institución monetaria internacional significaba perjudicar los intereses financieros de los capitalistas franceses e ingleses principalmente y humillar al gobierno turco ante los estados europeos. En consideración de estos aspectos se decidió tomar el Banco Otomano para que el sultán y los estados europeos se comprometieran a poner en práctica las reformas prometidas, amenazando, en caso contrario, volar el edificio con sus 150 empleados europeos.

El jefe de las acciones fue Papken Siuní, cayó víctima de las balas de unos guardias y al mismo tiempo le explotó una granada que llevaba en la mano. El resto de sus 25 compañeros logró tomar el banco al tiempo que Armén Garó, un ingeniero de tan solo 23 años, asumía la jefatura general de la operación.

Armén Garó fue muy claro explicando que su grupo no quería el Banco ni sus cajas y que sólo quería llamar la atención de las potencias sobre la suerte de los armenios de Anatolia y recordarles las disposiciones del Tratado de Berlín.

Efectivamente la toma del Banco Otomano causó una profunda impresión en el palacio del Sultán y en el seno de los círculos diplomáticos de Estambul. El hecho de que un grupo de armenios tomara el edificio del banco imperial a plena luz del día, era una incalificable vergüenza para el gobierno otomano.

El sultán Abdul Hamid, muy enfurecido, ordenó sacar a los ocupantes del banco por cualquier medio. Pero el intérprete de la embajada rusa, Maximov, afirmó en nombre de todos los representantes diplomáticos acreditados, que el propio palacio del sultán sería bombardeado desde las naves de guerra estacionadas en el Bósforo si cualquiera de los empleados europeos de la institución sufría algún daño. El sultán aceptó y dejó en manos de Maximov la búsqueda de la solución de este problema. Luego de largas negociaciones mantenidas entre Maximov y los armenios ocupantes del edificio, éstos decidieron abandonar el banco esa misma noche y trasladarse a un barco francés. Sólo constataron que no habían causado víctimas ni afectado los caudales del banco. Maximov les prometió entonces que al día siguiente les entregaría un documento firmado por los embajadores de las potencias en el que se fijaría el término de seis años para la puesta en práctica de las reformas que los militantes exigían. Ante el asombro de Maximov, solo 17 fedaíes ocuparon el barco. El gobierno turco estaba convencido y así les hizo saber a todos que el número de ocupantes del banco no bajaba de las 200 personas.

Si bien el resultado no satisfizo en su totalidad las exigencias planteadas inicialmente por los armenios, la toma del Banco Otomano, aquel 14 de agosto de 1896, causó una gran impresión sobre la opinión pública europea. Gracias a este llamado de atención los círculos diplomáticos se ocuparon de Turquía y de la cuestión de las reformas para mejorar la situación de las minorías en el Imperio.

Como consecuencia de la toma del banco, el miedoso y tiránico Sultán Hamid trató de “hacer las paces” con los revolucionarios armenios enviando al armenio Dadén Bey a Ginebra, como interlocutor personal para, desde ese momento, tratar directamente con el Buró de la Federación Revolucionaria Armenia.

Opiniones

Para Juan Pablo Simonian del Gomidé Aram Yerganian de Córdoba “el episodio del Banco Otomano constituyó el valiente estallido de la indignación contenida”.

Por su parte, Agustín Analian del Gomidé Aram Manukian sostuvo que “este hecho le anunciaba al mundo entero el comienzo de acciones no menos audaces y sacrificadas que perseguían el objetivo de devolverle a su pueblo su autoestima y dignidad”.

“La rebeldía en las figuras de los fedaí tashnagtsagán que arriesgaban sus vidas se cristalizó en este acto que sacudió las potencias europeas cuyos intereses se vieron amenazados en la toma del Banco Otomano” opinó Alis Atamian del gomideutiún Vramian.

Quién fue Armén Garó

Nacido como Karekín Pastermadjian el 9 de febrero de 1872 en Erzerum, Armén Garó fue una importante figura de la FRA – Tashnagtsutiún. En 1896 fue uno de los impulsores de la toma del Banco Otomano. También tuvo un rol predominante en el armado de la Operación Némesis, destinada a ajusticiar a los responsables del Genocidio Armenio. Entre 1918 y 1920, Garó fue el primer embajador de la República de Armenia en los Estados Unidos.

Doctor en Química, antes había sido diputado por Erzurum en el Parlamento otomano entre 1908 y 1912. Tuvo enorme participación el proceso de resistencia a la dominación turca. Siendo el lugarteniente de Tro lo reemplazó al ser éste gravemente herido en la batalla de Bayazid. Murió a consecuencia de una enfermedad cardíaca en Ginebra, Suiza; el 23 de marzo de 1923, mientras asistía a una conferencia sobre Rusia. El Tashnagtsutiún lo considera como uno de sus máximos líderes y figuras preponderantes.

Los primeros armenios refugiados que llegaron a la Argentina fueron 15 de los 25 idealistas que habían ocupado el Banco Otomano en septiembre de 1896. Tras quedarse unos meses luego viajaron hacia los Estados Unidos.

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