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El Ejército Armenio

Editorial de Troshag

Ejercito armenioEl 28 de enero es el Día del Nacimiento del Ejército Armenio. Las Fuerzas Armadas de la recientemente creada república nacieron en el campo de batalla, sobre la base de los grupos de voluntarios, que recibían su bautismo militar.

El ejército estatal armenio llevaría la influencia del germen del voluntariado durante largo tiempo. El recién creado ejército nacional se conformó con algunos oficiales profesionales del ejército soviético que regresaron espontáneamente a la patria, pero fundamentalmente, con las fuerzas de los jóvenes voluntarios que egresaban de las escuelas castrenses. Sin negarle crédito a los retornados desde las tropas soviéticas, por su calidad y cantidad no gozaron de gran predominio dentro de una unidad militar ya creada y por otra parte tuvieron algunos problemas para coexistir con los mandos ya establecidos.

Quienes contribuyeron a la formación del nuevo ejército fueron los voluntarios que desde su formación docente, profesional o política, encaminaron al sendero castrense a los soldados recién reclutados y subordinados a ellos.

Mientras tanto, la fuerza existente, se completaba con la generación de oficiales que egresaban del colegio militar. Nuestro ejército recorrió en su creación un difícil sendero donde el olor a pólvora quemada y el aliento conspirador del enemigo fueron una realidad constante.

A pesar de todos los desafíos que enfrentaron el oficial y el soldado armenio, siempre fueron los portadores de esa fuerte y victoriosa consciencia psicológica, y son los continuadores de la obra de sus antecesores, bregando por la liberación de la patria.

Sería un autoengaño pensar que el ejército que forma parte de una sociedad, pueda ser indiferente a las costumbres y vicios de la misma. Por otra parte, es peligroso arrastrar al ejército al campo de cuestiones y contradicciones internas comunitarias o políticas, como de las que fuimos testigos durante la guerra de cuatro días de abril de 2016. En esos días, cuando el soldado no abandonaba al comandante con quien enfrentaba a la muerte, y cuando ese superior era abatido, sacrificándose él mismo para salvar la vida de su subordinado; en ese momento, cuando un tercio de los soldados caía en el campo de batalla, no era el momento de hacer que los gritos de protesta por el despojo que algunos generales hicieron al ejército llegara a las trincheras,

Aunque durante muchos años nuestra mente fue torturada por la oscura duda de que llegado el momento extremo, a causa de todas las injusticias vividas, no pelearían el ejército, ni los excombatientes levantarían un arma contra el enemigo, en la guerra de los cuatro días, lucharon no sólo los jóvenes de 18-20 años, sino también decenas de voluntarios y el país se convirtió en una nación-ejército.

Este ejército estatal y popular enfrentó un sorpresivo golpe, durante el cual el artero enemigo pasó al ataque con gran cantidad de tropas, lanzando sobre las posiciones armenias más de 30.000 andanadas de cañones de 120 milímetros y más de un millar y medio de misiles Grad. A pesar de la exhaustiva preparación previa, el sorpresivo y masivo ataque enemigo no tuvo éxito, por el contrario soportó sensibles pérdidas de armamentos y logística, y de acuerdo a ciertas fuentes bajas diez veces superiores.

A pedido del agresor, la nueva guerra cesó a los cuatro días. Los proyectos del enemigo fracasaron y el lado armenio no pudo ser derrotado (evitemos la utilización de la palabra triunfo porque, aunque en pequeña medida, tuvimos pérdidas territoriales).

La verdad  es ésta, y no la debemos mancillar en nombre de cuestiones internas o con el argumento de que no nos gusta el gobierno. La prueba es que, a pesar de estas dífíciles circunstancias, el ejército armenio permanece alerta y activo; el soldado considera que sería más terrible permitir el acceso del enemigo hacia los pueblos armenios que su propia muerte.

Tanto en las acciones militares, como durante los ejercicios en época de paz, nuestro ejército se manifiesta inspirado por la herencia del vencedor, con su espíritu y profesionalismo. Se ha transformado ya en tradición que en las mesas armenias, se brinde indefectiblemente por el ejército y por el soldado. Ese ejército y ese soldado ya son presencia palpable y concreta para ellos y para la tierra que defienden.

El ejército armenio es lo más valioso que han logrado con la independencia los estados de Armenia y de Artsaj. De ese modo tomamos conciencia de que las fuerzas armadas armenias son la garantía de un presente seguro y de un futuro deseable del Estado.

Debemos lograr ser nación-ejército. No con la simple idea de que al servicio militar deben integrarse todos, sin distinción de sexo ni edades, sino con la conciencia individual del deber y de la obligación física y moral, que no puede limitarse solamente a los brindis.

Y sí, también, estableciendo en este país vínculos socialmente justos, que, con cuyo sentido moral y espiritual logremos mantener firme la columna vertebral del soldado que custodia nuestras fronteras

Por amaneceres en paz, fe inconmovible y voluntad inquebrantable al Ejército Armenio.  

*Órgano Central de la FRA-Tashnagtsutiún, Ereván.

 

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