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El gobierno de Turquía intenta seguir engañando a todos

En boca del mentiroso, lo posible se vuelve dudoso

EstamosDavutoglu cumpliendo el primer mes del año del centenario y los temas que se tratan en las mesas de las redacciones de los medios de comunicación armenios demuestran, a pesar del verano, la estimulante cercanía del centenario del 24 de Abril de 2015.

En Sudamérica los temas relacionados con la consigna “Recuerdo y Reclamo” y la flor del nomeolvides imponen a cada argentino-armenio, a sus amigos y conocidos seguir despiertos y atentos para ser activos participantes de la inolvidable experiencia, como en los años anteriores y en los que vendrán, cada vez con más fuerza, en cada 24 de Abril del reclamo mundial por la Causa Armenia, reivindicando la responsabilidad internacional del Genocidio.

Las cada vez más frecuentes “reflexiones” de los gobernantes del gobierno de Turquía confirman las definiciones de nuestros antepasados que calificaban como atrayente “lengua de víbora” a la engañosa dialéctica de Constantinopla antes, y de Ankara ahora. A pesar de su limitada influencia, la difusión armenia se siente en Anatolia, con la fuerza de los argumentos de la Diáspora y la paulatinamente perceptible acción de la diplomacia y de los intelectuales de las repúblicas de Armenia y de Nagorno Karabagh.

Desde las promesas incumplidas de los Jóvenes Turcos, a cuya “revolución” contra el Sultán de 1908 le siguieron pocos meses después las matanzas de Adaná, Turquía demostró (y no ha podido desmentir con ningún hecho posterior del kemalismo) su incesante plan genocida desde 1915. También desde entonces -pero muy lentamente- se comenzó a escuchar las voces esclarecidas de la nación turca, que recién puede leer la verdadera historia que intenta ocultar el negacionismo.

El primer ministro Ahmet Davutoglú, como un inocente querubín, pide “borrón y cuenta nueva” a los armenios, como si nada hubiera pasado. Habla de “historia compartida” y de “confianza mutua”, sin reconocer el genocidio, ni reparar el crimen y restituir los territorios usurpados. No habla de pedir perdón, como lo hizo Alemania. Él se rasga las vestiduras por el asesinato de Hrant Dink, pero todavía no se ha encontrado al autor intelectual de ese crimen, al que todos muestran como el estado de Turquía. Tampoco ha logrado hacer respetar los derechos humanos de todos y las prerrogativas de las minorías que todavía siguen siendo perseguidas.

Por su parte, también descaradamente, el Canciller de Turquía anuncia que los increíbles mensajes a los armenios “no son una táctica”, para seguir intentando el flagrante engaño. Hablan de ficticios “diálogos reconciliatorios”, para enceguecer más a Washington, a Moscú y a otras grandes potencias. El presidente Tayyip Erdogan quiere venir en febrero por el cono sur para pavonearse con una ficción donde una actriz de nombre árabe aparece como prototipo de un país donde el inminente visitante sigue negando públicamente la lucha y los derechos conquistados precisamente por las mujeres turcas. Afortunadamente, en otro escenario porteño, una obra de teatro nos recuerda al famoso caballero de La Mancha, quien perdió un brazo luchando y triunfó contra el Imperio Turco-Otomano en la batalla de Lepanto.

Para todos los ciudadanos latinoamericanos las constantes falacias de la política exterior turco-azerí nos inducen a actuar intensamente para escribir, difundir documentos y fotografías a raudales en las redes sociales, para que el idioma castellano sea también el vehículo ideal para compartir y transmitir las historias de vida familiares y haga conocer los reclamos de justicia en todo el mundo.

Como siempre, las mentiras de Turquía y los engaños de sus aliados tienen las “patas cortas”.

Carlos Luis Hassassian

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