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El momento de alzar la voz

No estaríamos descubriendo América al afirmar que en política y en diplomacia no existen amistades, sólo intereses. Ya lo dice el refrán castellano: el interés, dueño del mundo es. A diario constatamos que los estados, cuanto más poderosos, menos respetan el derecho internacional y mucho menos los tan mentados derechos humanos. Es más, estos no significan nada ante sus intereses estratégicos.

Así, no habría más que preguntarse por qué algunos países –entre ellos los Estados Unidos e Israel- no han reconocido oficialmente el Genocidio Armenio hasta el día de hoy. Si la respuesta es que no desean poner en riesgo las relaciones bilaterales con semejante desafío al gobierno de turno en Turquía, se trata de una justificación que carece de asidero. La prueba está en que más allá de las fuertes protestas o el retiro temporal de embajadores, Ankara no ha cortado lazos diplomáticos ni mucho menos económicos con ninguno de los estados que lo ha reconocido. Para más pruebas, las óptimas relaciones entre Rusia y Turquía a pesar del reconocimiento de Moscú o las relaciones bilaterales con Alemania, a pesar del “mea culpa” de Berlín.

Sería interesante entonces que los estados que guardan un silencio cómplice sobre el tema aclararan las razones de su postura con relación a uno de los genocidios que aún permanece impune a más de un siglo de haberse perpetrado. Una postura que además de ser un agravio hacia Armenia y los armenios, debería considerarse como una afrenta hacia la humanidad. No hay duda de que se escudarán, como suelen hacerlo, en sus “intereses nacionales”. Cabe preguntar cómo reaccionarían esos mismos estados y la comunidad internacional, si un presidente alemán negara o justificara el Holocausto…

Pero el Genocidio no es el único tema en cuestión cuando de intereses se trata. Otro ejemplo lo acaba de dar la Cancillería argentina, con motivo de la visita a Buenos Aires del Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Artsaj. Que la Argentina –como el resto de los países hasta el momento- no haya reconocido la independencia de Artsaj es una realidad. Pero de ahí a enviar una directiva a organismos públicos recomendando “abstenerse de recibir o encontrarse públicamente con el mencionado pretendido canciller”, ya es otro cantar y va más allá del no reconocimiento de la “autodenominada República de Nagorno Karabaj o Artsaj”, como reza la nota.

Es evidente que las presiones externas se habrán hecho sentir para que la Cancillería tomara una decisión de esta naturaleza. Pero teniendo en cuenta que no fue precedida por una declaración oficial de “persona non grata”, no es menos cierto que estamos ante un intento de coartar derechos básicos –como el de reunión y de libertad de expresión- que gozan las personas en una democracia. En este sentido, es de destacar la inmediata y oportuna reacción de Instituciones Armenias de la República Argentina (IARA), en una misiva dirigida al ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Jorge Faurie, como protesta por la mencionada directiva.

La importancia de hacer llegar nuestra voz a las más altas autoridades gubernamentales está fuera de discusión. Hace tiempo que hemos dejado de ser “los refugiados que llegaron a estas tierras”, como sin duda lo éramos durante las primeras décadas de presencia en la diáspora. Hoy somos parte integral e inseparable de esta y de cada una de las sociedades en las que vivimos y nos desarrollamos. Y no se trata de anteponer unos intereses nacionales a otros. Es que en este caso, no llegamos a percibir qué intereses argentinos estarían en juego para asumir dicha postura de rechazo.
Si lo que está en juego es el respeto a las normas del derecho internacional, nada más desacertado que comparar y equiparar el tema de la autodeterminación de la población autóctona de Artsaj con la pretendida autodeterminación de los ocupantes ingleses de las Malvinas… En cuanto al principio de la integridad territorial, habrá que analizar el trasfondo histórico-político y legal de cada caso minuciosamente, antes de utilizar fórmulas genéricas que sólo generan confusión. Finalmente, si lo que se pretende es el respeto a la no injerencia en los asuntos internos de otro país, es preciso señalar que desde 1992 la cuestión de Artsaj ha pasado a la esfera del grupo de Minsk de la OSCE, desde donde se intenta –sin resultados hasta hoy- una solución al conflicto.

Que la realidad está marcada por los intereses, es un hecho innegable. Lo importante es que en ningún momento dejemos de alzar nuestra voz frente a ellos, cuantas veces sea necesario.

Dr. Ricardo Yerganian
Exdirector del Diario ARMENIA
ryerganian@diarioarmenia.org.ar

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