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El Papa Francisco predicó la Verdad que libera

EL PAPA FRANCISCO ABANDONA BRASILUn siglo después, la voz rectora de la Iglesia Católica, como expresión clave de toda la cristiandad, volvió a escucharse para predicar la defensa de la vida, la paz y la justicia. En 1915, cuando llegaban al Vaticano las noticias de las detenciones del 24 de Abril, el entonces Papa Benedicto XV se dirigió, en una carta manuscrita, al titular de la monarquía constitucional del Imperio Otomano, pidiéndole que interceda ante los Jóvenes Turcos para salvar la vida de los centenares de líderes, religiosos e intelectuales detenidos y desaparecidos ilegalmente en Constantinopla.

Los documentos de la Santa Sede confirmaron que la diplomacia turca no varió sus métodos de mentir para confundir a la opinión pública y de falsificar los hechos. De la Sublime Puerta primero le respondieron en 1915 al Vaticano que intentaban satisfacer el pedido del Pontífice. Tiempo después, muy tarde ya, la realidad fue cruel y concluyente: los Jóvenes Turcos “no les hacían caso”, dijeron para justificar el crimen ya cometido.

Más de la mitad de una nación originaria fue asesinada en sus tierras ancestrales; destruidos sus templos, escuelas y hogares; apropiado y luego destruido gran parte de su legado a la civilización.

El domingo 12 de abril, llegó de Armenia a Roma la reproducción de un jachkar como los que fueron destruidos en el cementerio de Djughá, en la tierra armenia de Najicheván, al pie del bíblico monte Ararat. Esta señal también le incumbe a Azerbaidján, que no ceja en su agresión y en la destrucción del patrimonio de la humanidad.

A cincuenta años de perpetrado el Genocidio, cuando Talaat, Enver o Djemal nos habían augurado que sólo quedaría un armenio para museo, los descendientes de las víctimas intensificaron su trabajo por la Causa Armenia para hacer conocer la verdad y reclamar justicia.

Hoy siguen pretendiendo justificar el neo-otomanismo y el yihadismo de las repúblicas de Turquía y Azerbaidján involucrando a las otras naciones de fé islámica en el crimen de lesa humanidad cuyas secuelas humanitarias, geopolíticas y culturales ambos estados genocidas deben reconocer, reparar y restituir.

Gracias a Dios, el domingo 12 de abril, pocos días antes del Centenario, volvió a escucharse desde Roma, la voz de la justicia en la homilía del Papa Francisco. Los armenios de todas partes del mundo, desde la Diáspora y de la Madre Patria, renovaron su fe en la tarea realizada y su compromiso con un futuro en paz, justicia y bienestar para todos los pueblos. La prédica pontifical fue muy elocuente, y ocupa la primera plana de los medios.

Se acerca cada vez más la verdad, y es hora de que los gobernantes de Ankara y Bakú no sigan tergiversando el Sagrado Corán y piensen en redimir a sus ciudadanos de la culpa del crimen impune cuyo reconocimiento pende exclusivamente sobre las espaldas de esos estados. Será Justicia.

Carlos Luis Hassassian

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