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Elecciones en Armenia ¿Hay futuro?

eleccionesEl proceso electoral armenio dio comienzo con la oficialización de las listas de candidatos que aspiran a ser miembros del nuevo parlamento del país. Las elecciones del próximo 2 de abril serán el primer paso para comenzar a implementar los cambios constitucionales votados el año pasado. Uno de los cambios, tal vez el que ayudará a que los comicios sean más transparentes, es que a partir de esta votación todos los candidatos deberán pertenecer a alguna lista partidaria. En el pasado, de los 131 integrantes de la Asamblea Nacional de Armenia, 41 eran electos por el sistema de mayorías, es decir eran postulantes “independientes” que se presentaban en los distritos habilitados al respecto buscando el voto popular. La cuestión era que la inmensa mayoría de ellos accedía al parlamento mediante la compra de votos, ya sea por pagos en dinero en efectivo, promesas laborales o la obligación impuesta por el “líder” del pueblo o la región.

Armenia es una democracia muy joven y esa circunstancia hace que todavía su ciudadanía no tenga la gimnasia electoral suficiente ni tal vez los conocimientos políticos necesarios para discernir cuál es su mejor opción para su futuro. Y la clase dirigente poco hace para que el hombre común confíe en los políticos.

Muchos de los actuales líderes partidarios son parte de una herencia post soviética impuesta por el poder del dinero. Hay que hacer un gran esfuerzo para encontrar una vertiente política que tenga una verdadera plataforma política acorde con las necesidades y los medios humanos para concretar sus objetivos.

El Tashnagtsutiún presentó sus listas partidarias y anunció que no haría acuerdos preelectorales, postergando para después de los comicios la posibilidad de entablar alguna alianza. La FRA firmó un acuerdo de cooperación política con el gobernante Partido Republicano para trabajar en la reparación social y económica de un país que se debate de crisis en crisis.

Muchos lo criticaron y hasta denostaron al Tashnagtsutiún diciendo que era aliado del gobierno, pero lo cierto es que sus ministros trabajaron para sacar adelante sus distintas áreas, sólo con el compromiso de superar el estancamiento y no con otras intenciones. Son visibles los cambios producidos en Educación, Desarrollo Territorial, Economía -antes- y Medio Ambiente –ahora-.

Recorriendo las nóminas electorales puede verse que el camaleonismo político ya es tradición en Armenia. Desde el regreso a la arena política de Gaguik Tsarukian, hasta la trilogía que armaron Seirán Ohanian, Vartán Oskanian y Raffi Hovhannisian, hay una serie de apellidos “ilustres” que transitaron por varios partidos y colores políticos en estos años de independencia. La mayoría de ellos no tiene un pasado coherente y menos ofrece un porvenir venturoso. Parecen haber confluido para tratar de colectar algún voto perdido y obtener réditos inesperados e inmerecidos.

El Tashnagtsutiún intentará consolidar en el Parlamento una bancada que en las últimas elecciones vio disminuir su número. Para hacerlo no recurre a figuras rimbombantes ni a mecenas económicos que le financien su campaña electoral. Se presenta con el mismo programa con el que viene batallando desde hace mucho tiempo.

Los cambios constitucionales más importantes son propuestas de la FRA, por lo que nuestro partido sabe qué debe hacer si llega al poder. Sabe qué debe hacer si su presencia en el parlamento es determinante. Sabe y lo dice. Sabe y se compromete en público.

Falta conocer si la ciudadanía acompañará esta vez a la FRA o seguirá optando por aquellos que la llevaron al difícil momento que se vive en Armenia.

Jorge Rubén Kazandjian

 

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