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En Diarbekir impera la ira contra Erdogan, a quien todos consideran responsable del terror que se siente en Turquía

Crece en Turquía el miedo a una nueva guerra civil con los kurdos


Ferit-Öne-sepeliolatercera.com/DPA.-
Hace sólo dos meses que los habitantes de la metrópolis kurda de Diarbekir, en el sureste de Turquía, celebraban en las calles la entrada del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), prokurdo, en el Parlamento de Ankara, tras hacerse con el 13,1 por ciento de los votos.

Sin embargo, ya no puede hablarse de ambiente festivo: en Diarbekir impera el miedo a una nueva guerra civil y a un regreso de la década oscura de los 90. Y también impera la ira, ira contra el presidente, Recep Tayyip Erdogan, a quien casi todos en el lugar consideran responsable del aumento de la violencia en el país.

Decenas de kurdos se reúnen en una sala en Diarbekir para velar a Ferit Öner, de 24 años, más conocido por su nombre de combate Berxwedan Eylem. Öner se unió al proscrito Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y combatía en apoyo de los kurdos del norte de Siria, las Unidades de Protección Popular (YPG), contra la milicia terrorista Estado Islámico.

Cada vez que llega alguien nuevo al lugar, el imam hace un breve rezo, acallando el murmullo de los presentes que beben té. El religioso está sentado entre dos pósters: uno muestra el “mártir Berxwedan Eylem” y el otro a Abdulá Öcalan, el líder del PKK encarcelado desde 1999.

En los combates contra el Estado Islámico (EI), Ferit Öner murió junto con doce camaradas de las YPG, uno de ellos alemán y el resto ciudadanos turcos. Durante días, las autoridades turcas les negaron el permiso para trasladar los cadáveres. “Esas 13 personas murieron combatiendo al Daesh”, dice Fahrettin Öner, el padre de Ferit, haciendo referencia a las siglas en árabe del Estado Islámico (ISIS). “Tuvimos que esperar diez días en la frontera con 50 grados de temperatura los cadáveres de nuestros hijos”.

Nadie en la comunidad cree las afirmaciones del gobierno de Ankara de que Turquía quiere combatir ahora al Estado Islámico. “Ustedes dicen que nosotros atacamos al ISIS, pero ustedes atacan a los kurdos”, critica el tío de Öner, Sükrü Ari. Un empleado de la organización Meya-Der, cercana al PKK, que apoya a los familiares de las víctimas, lo ve de forma similar. “Erdogan no quiere que se interrumpa la escalada”, dice el activista llamado Veysi. “Erdogan está llevando al país a la guerra para seguir en el poder. Erdogan ha declarado la guerra a los kurdos”.

La lógica bajo esas acusaciones es la siguiente: como el HDP entró en el parlamento y estropeó así la mayoría absoluta del AKP de Erdogan, el presidente quiere nuevas elecciones. Pero antes de esos comicios el caos en el país debe garantizar que los electores vuelvan a preferir un gobierno estable (en solitario del AKP) y un líder fuerte (Erdogan). Con esa mayoría del AKP sería posible una reforma de la Constitución con la que Erdogan podría introducir un sistema presidencialista y ampliar sus competencias y su poder.

La violencia escala desde el grave atentado suicida de Suruç el 20 de julio, que se atribuyó el ISIS. Dos días después dos policías fueron asesinados en un acto que se atribuyó el PKK, lo que dio al gobierno un pretexto para comenzar ataques de represalia. En las redadas que siguieron fueron detenidos muchos más supuestos seguidores del PKK que del Estado Islámico. La aviación turca llevó a cabo unos pocos ataques contra el ISIS, pero sobre todo atacó posiciones del PKK.Y mientras tanto, a diario se producen ataques del PKK y enfrentamientos en el sureste de Turquía.

En el último, ocurrido el viernes 7 de agosto, murieron cinco personas y otras siete resultaron heridas en la provincia de Sirnak, en un enfrentamiento desencadenado por el intento de los policías de cerrar zanjas que habían abierto los kurdos en la carretera, según la agencia de noticias DHA.

Por otro lado, en una autopista entre las provincias de Agri y Van, combatientes del PKK pararon vehículos y los incendiaron, además de abrir fuego contra un autobús que procedía de Irán que no obedeció sus órdenes de parar. El asistente del conductor murió y tres pasajeros resultaron heridos. En el combate desatado a continuación murió un soldado.

El gobierno turco argumenta que combate el terrorismo, tanto del ISIS como del PKK. Estados Unidos y la Unión Europea piden proporcionalidad a Ankara pero al mismo tiempo le reconocen el derecho de defenderse contra el PKK.Lo absurdo de la situación es que cualquier golpe contra el PKK -que está en la lista de organizaciones terroristas de la UE y Estados Unidos- debilita a las YPG y con ello a la resistencia contra el ISIS.

El YPG es a su vez apoyado militarmente por Washington, aunque sea una rama del PKK y esté integrado en gran medida por sus combatientes. Esa actitud es “paradójica”, señala el abogado de Öcalan, Sinasi Tur. Él y sus compañeros del bufete exigen borrar al PKK de la lista y levantar el aislamiento de Öcalan en la prisión de Imrali.

Desde abril, el gobierno impide a las delegaciones del HDP ver al líder del PKK, lo que azuza la sospecha de que Ankara no busca una distensión. Desde hace años Öcalan ha apostado por la moderación y la paz y ninguna voz tiene más peso que la suya entre los kurdos.

También un grupo de jóvenes simpatizantes del PKK sentados en un patio interior de Lale Bey en el centro de Diarbekir exigen el final del aislamiento de Öcalan.

Esa zona de la ciudad es un feudo del PKK. En las paredes se ven las tres siglas de la organización, el acrónimo de sus filiales y el nombre de Öcalan. Las calles son tan estrechas que no pueden atravesarlas los vehículos acorazados y los cañones de agua de la policía. Y a pie nadie se atreve a patrullar.

Los jóvenes kurdos desconfían y quieren ver la acreditación de prensa del visitante. Tampoco se atreven a dar sus nombres. “El alto el fuego ha terminado”, dice uno de 17 años.

“Ya no hay proceso de paz”. Nadie quiere ni oír hablar del argumento de que el PKK es en parte responsable en la escalada de la violencia con sus ataques. El PKK sólo defiende a los kurdos, cree un joven de 27 años. “Todos somos el PKK”. Y su compañero de 26 años dice, en referencia a los combatientes del PKK en las montañas. “Nos uniremos a ellos si es necesario. Y si esto sigue así, será necesario”.

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