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Es más fácil culpar al mensajero que asumir responsabilidades

Opinión

 

Por resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, cada 2 de noviembre se conmemora el Día Internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra los periodistas. La fecha de la jornada fue elegida como conmemoración del asesinato de dos corresponsales franceses en Malí el 2 de noviembre de 2013.

Esta resolución histórica condena todos los ataques y violencia contra periodistas y trabajadores en medios de comunicación. También urge a los miembros de la ONU a hacer el máximo esfuerzo para prevenir este tipo de agresiones, a asegurar que los responsables rindan cuentas ante la justicia y a que las víctimas puedan acceder a los recursos necesarios para defenderse en estos casos. Durante los últimos años fueron asesinados más de setecientos periodistas como consecuencia del ejercicio de su profesión. Huelga decir que sólo en muy contados casos fueron detenidos los asesinos y menos aún las oportunidades que estos fueron enjuiciados y castigados según las leyes vigentes en cada país.

La prensa libre es la garantía de expresión que resulta imprescindible para sostener cualquier régimen democrático, sin embargo, dicha libertad de opinión deviene riesgosa para los gobiernos totalitarios. Es frecuente y casi lógico entonces, que países como Azerbaidján y la propia Turquía, acosen a los periodistas independientes y no duden en encarcelarlos si estos no se rinden a las prebendas y sobornos ofrecidos. La libertad de pensar y opinar debe ser la ley primera de todo comunicador. Esas premisas deben incidir en la calidad de la información, que debe quedar al margen de cualquier tipo de especulaciones e intereses secundarios. Sin embargo, no siempre esto es lo que ocurre. A menudo los periodistas son contenidos y hasta censurados por los dueños de los medios que los emplean y que administran sus publicaciones con lógica empresarial absoluta, muchas veces alejada de la verdad y ética que deben primar en toda expresión periodística.

También los periodistas tenemos nuestras fallas y defectos que se manifiestan muchas veces involuntariamente, pero que también tienen que ver con nuestra formación social y profesional. Así, un reportero que tenga raíces sociales y progresistas chocará contra el lector de derecha o conservador con el cual no coincidirá jamás. Entonces, muchas veces el periodista se reprimirá por medio a perder su medio de vida y tal vez su opinión quedará “lavada” al no poder concretarla. Difícil tarea entonces la de informar de acuerdo a la moral y ética que muchos reclamamos. En muchas ocasiones, el pensamiento de un periodista publicado en un medio de prensa gráfico o digital, encuentra voces de aprobación, pero en otras, la censura o el desacuerdo llegan en forma de reproche, más cuando el lector tiene acceso al autor de la nota. En nuestra comunidad tenemos muchos medios de prensa.

Curiosamente, son pocas las voces que se atreven a comentar o expresar una opinión en cuestiones domésticas, tal vez por temor a enfrentar una crítica. Los que lo hacemos semana a semana, no podemos menos que pedir a quienes nos leen, que tengan la indulgencia de aceptar una opinión discorde , más cuando estamos dispuestos a discutir nuestras afirmaciones en un contexto amigable.

Jorge Rubén Kazandjian

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