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Grandes pacifistas denunciaron al Sultán Abdul Hamid como paradigma del criminal panturquista

Juan B. Alberdi y Jean Jaurès lo plantearon en Buenos Aires

A fines del Siglo XIX, los agudos debates reflejados en las archivos públicos argentinos de la época, mencionan las filosas divergencias públicas entre políticos liberales como Sarmiento, Mitre y Alberdi, recurriendo entre ellos al calificativo “despotismo turco” como alusión directa al abominable Sultán turco-otomano Abdul Hamid.

Juan-Bautista-AlberdiEl constitucionalista tucumano Juan Bautista Alberti (1855-1884), presentadoJean-Jaures objetivamente por el Académico Dr. Horacio Sanguinetti en su imparcial ensayo sobre el autor de “El Crimen de la Guerra(A), destacó que el diputado socialista francés Jean Jaurès (1858-1914) le haya dedicado una de sus esclarecedoras conferencias dictadas en Buenos Aires en su inolvidable visita de 1911.

Recordemos también que ellos fueron contemporáneos (Jaurès y Alberdi en Europa) de las matanzas hamidianas, cuando los armenios fueron el objetivo de asesinatos sistemáticos desde el este de Anatolia (Armenia Occidental) hasta los suburbios de la entonces capital imperial de Constantinopla.

En 1894/1896 más de 300.000 súbditos armenios de la “Sublime Puerta” cayeron víctimas de la criminal política ordenada por Abdul Hamid II, conocido como el “Sultán Rojo”, ante las potencias europeas que callaron una vez más. Pocos políticos europeos, como Paul Cambón, embajador de Francia ante la Sublime Puerta, fueron inmediatamente conscientes del nuevo crimen de lesa humanidad de Abdul Hamid.

Algunos artículos aparecieron, pero en general la gran prensa estuvo en silencio.

Reacciones en Sudamérica

En la Argentina, el Partido Socialista, a través de su órgano autorizado “La Vanguardia” editó el texto íntegro en castellano de las conferencias porteñas de Jean Jaurès, donde se armonizaron ideas de avanzada de distinta cepa (el argentino Alberdi argumentó como católico y el francés Jaurès como socialista), pero ambos con la misma inspiración humanista. El prontuario criminal del Sultán Abdul Hamid fue seriamente analizado y denunciado por esos intelectuales en otras tribunas, que plantearon en Europa el valor de la dignidad humana.

La República Argentina había festejado en 1910 el Centenario del 25 de Mayo, reivindicando los ideales de los revolucionarios de 1810. La conmemoración patriótica se desarrolló bajo la presidencia de José Figueroa Alcorta, nacido en Córdoba. A continuación de las celebraciones, el fervor republicano se extendió el mes siguiente del fausto aniversario extendiendo las relaciones internaciones, incluyendo el inicio de relaciones con el Imperio de Turquía.

La interacción de las ideas de avanzada, con las culturas de naciones y pueblos muy diversos -aunque distantes- estuvo presente en las relaciones internacionales donde también llegó a ser relevante el valor moral y jurídico del aporte armenio, y también el de otras minorías oprimidas por sultanes despóticos.

Relaciones diplomáticas

En junio de 1910, el decadente Imperio turco otomano y la joven República Argentina habían acordadoEmir_Emin_Arslan diplomáticamente en Europa iniciar las acciones protocolares para establecer relaciones diplomáticas. El intercambio de cónsules se hizo antes de que los debidos convenios fueran aprobados en el parlamento. Por ejemplo, el Congreso Argentino lo aceptó mediante la respectiva ley 8184, recién en septiembre de 1911. ​

El afamado Emir Emín Arslan -foto-, de origen druso, fue el primer y único cónsul del fenecido Imperio Otomano que fue designado ante la Argentina. Arslan llegó al puerto de Buenos Aires en octubre de 1910.

Por su parte, la Argentina, designó a Don Jacobo P. Peuser, como Cónsul de Argentina en Turquía, quien redactó sustanciosos informes y propuso novedosos proyectos comerciales que por las turbulencias de las relaciones bilaterales, fueron influidas por los conceptos divergentes de las cuestiones de derechos humanos.

Precursores de la radicación armenia

Juan-Czetz1La presencia de un valiente militar como Juan Czetz (Tzetzian) -foto-, que llegó refugiado de la revolución húngara de 1848, nos recuerda su encuentro fortuito con una sobrina de Juan Manuel de Rosas en Sevilla, con quien se casó. Luego de su radicación en Buenos Aires, el parentesco matrimonial no fue un obstáculo para su desempeño clave como funcionario del estado argentino para la organización del Colegio Militar primero, y más tarde, para dirigir el Instituto Geográfico Militar, valorizando su título europeo de agrimensor.

Mencionemos otra historia distintiva: con una valiosa continuidad, fue la de Don Juan Binayan, a quien recordó el Primer Ministro de la República de Armenia Simón Vratzian en sus tomos de memorias, cuando lo conoció personalmente en su histórica y fundamental primera gira institucional sudamericana en 1936, un año antes del fallecimiento de Juan Binayan. Aventajado alumno de S.S. Catolicós Meguerdich I (Jrimian Hairig), y seguidor armenagán de Meguerdich Portukalian, los rumbos impredecibles del destino armenio lo llevaron en 1896 a Chile y después a radicarse en la Argentina, como fundador de una notable estirpe vanetzí que requiere un dedicado biógrafo. (Datos de “Los Armenios en Argentina”. Narciso Binayan Carmona).

Son múltiples las historias de personalidades y la saga familiar; pero como la de cada refugiado armenio que llegó buscando amparo en Sudamérica tienen todas el sello de nobleza de quienes resistieron al designio de los sultanes primero, de los Jóvenes Turcos y de los kemalistas después.

Como los horneros criollos que día a día construyen sus nidos, la búsqueda de libertad de los refugiados armenios llegó también al centro del país, en Córdoba. En 1911 habían llegado a la Ciudad de Córdoba los Avakian; Sarkis, Ohannés, Hagop, Nigoghós, y Kalust: cuatro hermanos y un sobrino. Hasta 1915, eran unos setenta hombres armenios en Ciudad de Córdoba. No mucho antes, en 1890 había llegado el ferrocarril a la docta capital, pero la historia de nuestra comunidad es muy rica en realizaciones y grandes logros. (Fuente “Los armenios en Córdoba” de Levón Kilic Arslan).

El reflejo en los ideales pacifistas

minas-tcherazLa Conferencia de la Paz en 1899, fue una iniciativa del Zar Nicolás II, y se realizó en La Haya desde mayo a julio, como un importante encuentro internacional del que participó también el destacado periodista y gestor de la Causa Armenia, Prof. Minas Tcheraz -foto-. Con la experiencia de haber integrado la delegación del Catolicós Meguerdich I Jrimian al Congreso de Berlín en 1878, y ser el director de la prestigiosa publicación parisina “L’Armenie”, dirigió una vibrante petición pacifista y justiciera al Presidente Stael en nombre de los armenios refugiados en Europa. (B)

En el primero año del Siglo XX (setiembre-octubre de 1900), se celebró en París el Congreso Universal de la Paz, que contó con los aportes pacifistas de destacados dirigentes, intelectuales y escritores apoyando las expectativas reivindicatorias de los armenios y otras nacionalidades oprimidas. Se sucedieron otras conferencias y congresos en otras capitales europeas, donde encontraron mucha comprensión pero poca solidaridad efectiva y excepcionales acciones concretas.

Un valioso testimonio argentino

Leandro DespouyEl Dr. Leandro Despouy, destacado intelectual y político contemporáneo de filiación radical, publicó en la prensa argentina (C)un valioso artículo que reprodujo oportunamente el Diario ARMENIA, del que seleccionamos fragmentos que nos ayudan a comprender hoy el tema de este artículo, evaluando el cabalmente el legado del socialismo y el pensamiento pacifista, como complemento necesario para estas líneas.

“Jaurès llegó en el contexto de los excesivos fastos del Centenario de la Revolución de Mayo. Estaba haciendo una gira por Brasil y Uruguay invitado por Juan B. Justo, fundador del Partido Socialista argentino, que desde 1904 tenía un diputado: el legendario Alfredo Palacios.

La invitación había sido hecha durante una reunión en Copenhague (1910), donde Jaurès encabezaba el socialismo francés. En Buenos Aires, pronunció cinco conferencias en el teatro Odeón, en las que deslumbró por su idealismo y su particular y vehemente oratoria, que hizo volar un puño de su camisa entre el público. Ni Justo ni Jaurès, que participaban en la II Internacional, abjuraban de la potencialidad de la clase obrera, que, proponían, estaba destinada a servir al derecho, la libertad y la humanidad, sin visualizar -como el leninismo– su rol como vanguardia revolucionaria.

Su pensamiento era conocido en la Argentina. En 1900, el escritor Manuel Ugarte había publicado en El Tiempo de Buenos Aires, una crónica de la conferencia “El arte nuevo y el socialismo” pronunciada por Jaurès en un mitin socialista encabezado por Anatole France.

Defensor del próspero y culto pueblo armenio y de su Causa, y solidario con la Federación Revolucionaria Armenia que resistía las matanzas precursoras del Genocidio, en 1900 Jaurès fundó, con Clemenceau, Quiles y Zola, el periódico Pro Armenia y, en 1904, el mítico L’Humanité. Junto a Emile Zola defendió a Alfred Dreyfus en el extenso proceso judicial marcado por el nacionalismo y el antisemitismo de la dirigencia francesa. Su amplio perfil incluía un profundo sentido del humanismo y un consolidado pacifismo; acérrimo opositor a la guerra –la razón más fuerte de su lucha–, esto le costó la vida: fue asesinado por Raoul Villain, un mercenario nacionalista, el 31 de julio de 1914.

Tres días después, estallaría la I Guerra Mundial. Arrastrados por el conflicto, los partidos socialistas europeos –y el argentino– viraron de sus posiciones antibelicistas e internacionalistas al nacionalismo, a partir de una guerra definida por Jaurès como interimperialista y colonialista. Ante su inminencia, dijo en el Congreso de Basilea (1912): “Llamo a los vivos para que se defiendan del monstruo que aparece en el horizonte, lloro sobre los incontables muertos caídos en el Oriente, cuya fetidez llega hasta nosotros como un remordimiento; destruiré los rayos de la guerra y los arrojaré a las nubes”.

De nada valieron sus esfuerzos y los de Rosa de Luxemburgo, entre otros, por convocar a una huelga general internacional a fin de evitar la gran contienda y hacerle frente a “la horrible pesadilla”. La guerra provocó la escisión del movimiento socialista internacional. Según Trotsky, el asesinato de Jaurès “fue el último eslabón de una confusa campaña de odio, mentiras y calumnias que mantenían contra él todos sus enemigos (…) que debían limitarse a atacar sus ideas y sus métodos de acción: como personalidad era casi invulnerable”.

La actualidad de su pensamiento ha inspirado en socialistas de todo el mundo la construcción de alternativas políticas democráticas y progresistas…. En nuestro país, Raúl Alfonsín –que lo admiraba– no solo recobró el ideario de Alem e Yrigoyen: fue pensando en hombres como Jaurès que impulsó la incorporación de la UCR a la Internacional Socialista.

La actualidad de su pensamiento, finalmente, radica también en los contextos de crisis civilizatoria que en aquel entonces desembocaron en grandes tragedias y hoy nos comprometen a trabajar intensamente para prevenirlas y evitarlas.”

Este fragmento tan concluyente del Dr. Leandro Despouy, destacado también por su trayectoria en la defensa de los Derechos Humanos, es el mejor colofón para comprender el ideario de quienes coincidieron en denunciar la política criminal del Imperio Turco-Otomano encabezado por el Sultán Abdul Hamid.

Carlos Luis Hassassian

Fuentes:

A) Horacio Sanguinetti. Alberdi: Revisión Crítica. 2010. Pablo Casamajor Ediciones.

B) H. Torossian. Armenia y la Causa Armenia. Trad. y Editor Jorge Sarafian. Buenos Aires, 1985.

C) https://www.clarin.com/…/centenarios-socialismo-argentina_y_el_mundo_0_H1GZBi…

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