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Guerra de Artsaj: Los servidores de Dios junto a los soldados armenios

rel-1La guerra que desató Azerbaidján a principios de abril no sólo movilizó a los militares, también los eclesiásticos armenios se involucraron en la emergencia cuando en el tercer día de las hostilidades Su Santidad Karekín II, Catolicós de Todos los Armenios, llevó a cabo una oración por la “Patria y los soldados que la defienden” en la Iglesia San Gregorio El Iluminador de Ereván.

 Apenas días después, Karekín II y Aram I, Catolicós de la Gran Casa de Cilicia, realizaron una visita sin precedentes a Artsaj que provocó un gran aliciente moral y espiritual a los soldados y civiles voluntarios que defienden las fronteras de Artsaj.

 Cuando Bakú lanzó su imprevista ofensiva el 2 de abril pasado, los capellanes del ejército ya estaban en sus posiciones con la Santa Biblia en una mano y un arma en la otra. Junto a las oraciones, asistieron a los soldados, reforzaron las líneas de defensa, excavaron zanjas y ayudaron a trasladar los proyectiles de artillería.

“El 2 de abril estaba donde se suponía debía estar, en el lugar de mi servicio en Ereván. Al saber de la escalada bélica contra el norte y sur de Karabagh, decidí ir a la primera línea al día siguiente. El 3 de abril ya estaba en la vanguardia. Allí me encontré con nuestro Padre Espiritual, tomé conocimiento de la situación y me dirigí al puesto de mando”, relata el líder religioso de las Fuerzas Armadas, obispo Vrtanés Abrahamian.

 El religioso es oriundo del distrito de Marduní de Artsaj y él mismo sintió los horrores de la guerra de liberación de Karabagh en el período 1991-1994.

“El primer día recorrí los frentes del norte y del sur. La situación en ambos era casi la misma, muy tensa. Esas posiciones eran familiares para mí porque las visitaba con bastante frecuencia. Pude comprobar el espíritu de lucha de nuestras tropas, no había temor. Por supuesto, la guerra imparte señales negativas al sistema nervioso, a la mente, el corazón y el alma. Las pérdidas irreparables son en extremo dolorosas”, dijo el sacerdote.

catholicos-in-GanzasarDe acuerdo al obispo, en la parte norte de la línea de contacto la situación era algo diferente ya que las zonas pobladas eran objetivos inmediatos del adversario.

“Junto a los militares, los civiles también estaban involucrados en las operaciones militares. Los combatientes eran dueños de la situación y fueron capaces de encontrar el modo más efectivo para expulsar al enemigo y demostrar que el ejército armenio era capaz de defender su tierra y su sagrada patria”, expresó el vicario castrense, agregando que en todo el frente se encontró con sacerdotes dedicados a su misión, que muchas veces para evitar convertirse en blanco fácil del enemigo, cambiaron su hábito por la vestimenta militar y acompañaron a los soldados en el combate.

La cercanía del clero junto a los soldados no es nueva en la historia de Armenia. Ya durante la batalla de Avarayr en el año 451 cuando el pueblo armenio se puso de pie por el bien de su fe y su Patria para enfrentarse a una fuerza persa formidable, los sacerdotes estaban en las primeras filas, distinguiéndose por su valor y coraje.

A principios del Siglo XX, los religiosos armenios también tuvieron un pequeño batallón de combate en la Batalla de Sardarabad. Y durante la Segunda Guerra Mundial fue a través de los esfuerzos de Kevork VI, Catolicós de Todos los Armenios y la Iglesia Armenia; que se formaron las columnas de tanques David de Sasún y David Pek, para luchar frente a la invasión de las fuerzas nazis.

El 13 de abril de 1997, Su Santidad Karekín I y el ministro de Defensa Vazkén Sarkissian, en una iniciativa conjunta, instituyeron el liderazgo espiritual de la Iglesia Apostólica Armenia en las Fuerzas Armadas. Los principales objetivos de ese liderazgo fueron alcanzados pues en la actualidad más de medio centenar de clérigos acompañan a los soldados armenios con la Biblia, el Evangelio y los principios de la fe cristiana para educarlos con los principios morales cristianos y en un espíritu patriótico nacional.

Durante la corta y muy tensa guerra de abril, además de los servidores espirituales de las Fuerzas Armadas, también un gran número de sacerdotes se ofreció para estar al lado de los soldados en el frente de Artsaj.

“Ésta fue la unidad espiritual del ejército que es el garante de la seguridad de nuestra tierra. Todos nuestros servidores, incluso desde el extranjero, se han comunicado para ofrecer su ayuda física, espiritual y material. Ésta fue una unión sin antecedentes que se transportó desde la unidad de la nación y el estado, donde se puso de relieve mostrando una hermandad que no sólo es capaz de orar, sino que es un organismo viviente representado por el Patriarca”, subrayó el cura.

Cabe destacar que durante los días de combate en Artsaj muchos soldados pidieron ser bautizados. “Fue la primera vez que los militares fueron bautizados bajo una lluvia torrencial, porque esos seres humanos tenían el deseo de convertirse en cristianos lo antes posible. Ese tipo de ceremonias también tuvieron lugar durante la guerra de liberación, pero ahora en el ejército regular más de una veintena de efectivos expresó su voluntad de ser bautizado en nombre de Jesucristo en medio del fuego de la artillería y el aguacero”, manifestó el obispo Abrahamian, quien recordó sin embargo, que el conflicto de Karabagh jamás fue de orden religioso para los armenios.

“Nunca convertimos esta lucha en algo religioso porque se trata de una lucha de liberación, una pelea para que seamos dueños de nuestro propio país, un combate por el derecho de nuestro pueblo a la libre expresión de su voluntad”, dijo el líder espiritual de las fuerzas armadas.

“Estamos en constante oración a Nuestro Señor para que la justicia prevalezca algún día. Lo que se le ha dado a los armenios por voluntad de Dios será recuperado”, concluyó el obispo Abrahamian.

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