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La Armenia de las contradicciones

yerevan-avenidaEn muchas oportunidades hemos señalado la enorme diferencia que puede observarse entre los sitios céntricos de Ereván y el resto de la ciudad. Contraste que se hace mucho más relevante si lo confrontamos con el interior del país.

El viajero desprevenido puede llevarse una impresión equivocada si no extiende su recorrido y se atreve a conocer una Armenia más profunda, más real y si se quiere más dolorosa. Es que basta con transitar apenas unos pocos kilómetros para que las luces del centro se extingan y la penumbra habitual se apodere de los distintos escenarios del interior.

Pero no es lo que los turistas puedan ver o no el motivo de estas líneas. En realidad el porqué es totalmente diferente y se refiere concretamente al despropósito de invertir millonarias sumas para construir enormes edificios que permanecerán vacíos por largo tiempo mientras la actual crisis esté en vigencia. La ausencia de un plan maestro para la capital armenia es palpable. Por un lado se demuelen inmuebles históricos o se los transforma en vulgares comederos como lo hicieron con la sede del primer Parlamento de Armenia, por el otro se erigen como por arte de magia nuevos centros comerciales que ofrecen locales de grandes marcas internacionales a un público escaso y de bolsillos flacos.

Uno se pregunta ingenuamente cuál es la intención de semejantes muestras de opulencia en una ciudad que cada día está más deshabitada y donde cada vez más se nota la concentración económica en unas pocas escalas de la sociedad.

vieja-fabrica-erevanSólo hay que tomarse el subterráneo que tiene un trayecto único que cruza la ciudad a una gran profundidad y llegarse al fin del recorrido para descubrir otra Ereván, donde las vidrieras son más terrenales y donde los vecinos se visten con modestia y casi humildemente. Apenas unas cuadras después puede observarse la verdadera cara de la crisis pues ya no se ven los vestidos de moda ni circulan los escandalosos vehículos con estrafalarias patentes asignadas coimas mediante, a gusto de sus compradores.

Allí la realidad es otra. Los comercios son sencillos y las mercancías ya no son las que las tiendas del centro ofrecen. Allí vive la gente común, el trabajador humilde que apenas gana algo más de doscientos dólares mensuales y no puede darse lujos. Allí residen los desocupados o los subocupados que sobreviven como pueden, que no tienen obra social ni sindicato que los ampare. Allí la desesperanza es dueña y señora de las almas de los trabajadores.

Puede alguien explicar cuál es el motivo por el cual las inversiones se dirigen a sectores de la ciudad que se transforman en frívolos en lugar de utilizarlas para reactivar las plantas fabriles que se observan ociosas alrededor de la estación del Metro Kordznarayin que significa algo así como la parada de las fábricas.  O por qué motivo las autoridades no diseñan planes de recuperación fabril en vez de autorizar construcciones fastuosas alejadas de las verdaderas necesidades populares.

Se me termina el espacio disponible pero no los interrogantes que cada vez son mayores y más difíciles de responder. Hace mucho tiempo que marchamos de contramano, tal vez haya llegado el momento para dar ese cambio de rumbo que nos quite el desaliento y nos impulse a buscar un futuro mejor para nuestros hermanos.

Jorge Rubén Kazandjian

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