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La comunidad durante 2016: Un balance preocupante con diagnóstico reservado

Armenia-abril-16Un año más en la vida de nuestra comunidad. Un año más de una comunidad que tiene más de un siglo de vida en nuestro país y que ya transita la cuarta generación de descendientes de aquellos refugiados que llegaron huyendo de la muerte.

Comunidad que busca sobrevivir a la permanente crisis en que vive y de la que pocos parecen darse cuenta de su existencia, pero de eso hablaremos un poco después.

Es tiempo de balances personales e institucionales, momento de rendición de cuentas y hasta de evaluación. Nadie queda exento de estos cuasi deberes que el hombre moderno se ha impuesto como forma de vida. Sin embargo, hay muchas maneras de hacer los cálculos, si lo sabrán muchos tramposos.

Este año 2016 no deja prácticamente nada a nivel comunitario. Claro que luego de la conmemoración del Centenario del Genocidio Armenio ya era evidente que las movilizaciones de las que todos participamos serían un fenómeno difícil de repetir. En esta oportunidad no hubo casi reuniones organizativas para la conmemoración del Genocidio y la mayoría de las instituciones comunitarias puso el piloto automático y dejó transcurrir el tiempo descansando en quienes son los que nunca bajan los brazos y cuya particularidad es que trabajan en silencio, sin alharacas y son poco amigos de la foto con el dirigente de turno.

Obviamente, cada entidad de nuestra colectividad tiene un perfil propio y metas que difieren bastante de otras instituciones y organizaciones. Muchas veces los objetivos son sencillos y fáciles de alcanzar por lo tanto quienes dirigen esos entes pueden darse por satisfechos con muy poco.

Pero se equivocan, porque dejan de lado el verdadero potencial que realmente tienen y se contentan con igualar las estadísticas del pasado. Una verdadera lástima porque esa errónea política interna detiene la renovación institucional anquilosando sus estructuras directivas que envejecen cada vez más.

En el terreno educativo la realidad no es muy diferente. Nuestros colegios luchan por sobrevivir, pero esa lucha no tiene que ver siempre con lo económico, son otros los factores que afectan su desarrollo y uno de ellos es la indiferencia de gran parte de la comunidad, en especial de aquellos sectores más acomodados que ya se olvidaron de la escuela armenia y sus valores y prefieren enviar a sus hijos a otros establecimientos de más “alcurnia”.

En otro plano, el de las capas más bajas, los problemas sí son de corte económico porque no sobran las familias que pueden destinar la mitad de sus ingresos mensuales para solventar el estudio de sus hijos. También es cierto que muchos colegios ofrecen becas, pero en ocasiones son insuficientes o los padres se escudan en el pudor para no aceptarlas.

En cualquier caso, en el balance de los alumnados el porcentaje de los comunitarios armenios es cada vez menor. Un futuro previsible y preocupante al que casi nadie hasta el momento le presta la atención debida.

Nos referíamos al comienzo de esta nota a la crisis que vive la comunidad desde hace ya largos años. Seguramente muchos no estarán de acuerdo con esta idea o tal vez sean un poco más optimistas en relación a nuestro futuro. No dejemos que nos encandilen ciertos eventos gastronómicos tan de boga por estos tiempos y su concurrencia en apariencia elevada.

Tampoco tomemos como ciertos algunos parámetros de ciertas actividades culturales puntuales. Veamos por ejemplo qué ocurre con nuestras iglesias. Algunas los domingos tienen menos fieles que los oficiantes y el coro que los acompaña. Triste realidad que todos conocen y padecen, pero una vez más, ¿quién toma las medidas adecuadas para revertir esta situación?

Sin ánimo de identificar a ninguna organización o entidad en particular, en este caso el comentario nos referirá directamente al caso del club de fútbol comunitario que por algún motivo que no viene al caso analizar, fue prácticamente olvidado por la comunidad y hoy se debate en las categorías menores.

Y podemos visualizar la crisis también en los medios de prensa comunitarios donde vemos con cierta tristeza como cada año desaparece una audición o un medio gráfico. La mayoría de ellos están sostenidos desde el esfuerzo y el aporte económico personal de sus conductores o directores. Los periódicos no quedamos fuera de esta realidad. De la mano de los mayores costos impuestos por el aumento indiscriminado del servicio postal, el valor de la suscripción que equivale apenas al costo de tomar un café con amigos, es cada vez más resistido por propios y ajenos. Como siempre, por fortuna hay muchísimas y honrosas excepciones que hacen honor a su identidad y sostienen año tras año con su aporte a los medios que luchan contra las dificultades financieras y también contra la triste indiferencia de algunos.

Decía que hay muchas maneras de hacer las cuentas, si las hacemos para adentro y evaluamos el trabajo propio y sus logros visibles, tal vez más de una institución no tenga columnas en rojo. Ahora, si trasladamos el análisis a la interacción comunitaria o a la necesaria articulación con otras entidades, el balance es decididamente negativo.

Estos y otros temas son absolutamente opinables y existe la necesidad que se pongan en discusión en los lugares adecuados y con los actores correspondientes. Pero, la verdad es que ese escenario por ahora es lejano porque las propuestas de acuerdo comunitario fueron hechas hace mucho tiempo y en su momento nadie, sea éste una entidad o dirigente comunitario en particular lo rechazó de plano. Es decir, la columna vertebral del planteo del compromiso ofrecido es indiscutible, son las formas las que se deben acordar y poner en práctica.

Sin embargo, durante largo tiempo muchos prefirieron encerrarse y “festejar” para adentro dejando de lado la responsabilidad que tenían para con el conjunto de la colectividad. Parece que es difícil dejar de lado apetencias de poder y las ventajas de administrar “herencias” sin rendir cuentas ni a su propia conciencia.

Afortunadamente, sobre el cierre mismo del año, y luego de extensas y fatigosas tratativas se llegó a un consenso sobre cinco puntos relevantes que concertaron las instituciones más representativas de la comunidad, invitándose a todas las demás organizaciones a suscribir el acuerdo antedicho sobre el cual informaremos muy pronto.

El entusiasmo visto en la ceremonia de la firma que tuvo lugar el 27 de diciembre en el Arzobispado de la Iglesia Armenia permite suponer que tal vez ese acto pueda ser el comienzo de una nueva y superadora instancia comunitaria.

Jorge Rubén Kazandjian 

 

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