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La conexión con la danza

Testimonios de voluntarias de birthrightarmenia.org

Opera-AnushAllá por septiembre, cuando se asomaba la idea de viajar a Armenia, o más bien se iba volviendo algo muy cercano a un hecho a punto de realizarse, se me cruzaron muchísimas ideas por la cabeza. Eventos a los que asistir, fotos que sacar, lugares que visitar, cosas que me quedaron pendientes de mi primera visita a Armenia… Pero entre tantas cosas, llegué a conformar un listado de eventos relacionados con la danza armenia. Con la ayuda de mis profesores de danza, Vahram y Tereza, llené esa lista, la metí en mi diario de viaje y me reencontré con ella, ya una vez instalada en mi hogar erevantsí.

En mis dos meses acá, tuve acercamientos a algunas cosas relacionadas con este arte, y la posibilidad de bailar, así en ronda, como lo hacemos en los casamientos, fiestas y cumpleaños. Asistí también a algunos ensayos en un centro cultural, no dejó de ser emocionante escuchar en un bar, con permiso para bailar, el tamzará tantas veces bailado junto al Conjunto Nairí, y las ganas de quererlo compartir con ellos… (por suerte hoy los medios tecnológicos nos ayudan a poder concretar esos deseos al menos un poquito, y enseguida a través de unos mensajes de whatsapp, pude transmitirles a Nairí lo que estaba sucediendo y ellos también estuvieron un poco ahí conmigo bailando y sobretodo entendiendo mi sensación).

Pero la semana que pasó, fue una semana muy esperada ya que se iban a concretar dos visitas a diferentes funciones de danzas.

En primer lugar el conjunto Paregamutyun, que se presentó nada más y nada menos que en la Opera de Ereván. (Allí mismo también pude asistir a ver la clásica opera Anush (foto) y fue mi primer encuentro con la opera)

Como explicar la sensación cuando la eufórica locutora comenzó a presentar al conjunto, todavía con la elegante cortina cerrada, y mi excitación se acrecentaba a medida que las luces iban disminuyendo su intensidad. La función estaba por comenzar….y de golpe… la música, a medida que el telón se abría y una a una las bailarinas comenzaban a aparecer. Sonrientes, prolijas, parejas, y con unos brazos infinitos dibujando miles de figuras. Y de golpe los hombres, con su fuerza y virilidad demostrando sus destrezas. Todo era una fiesta de color, ritmo, alegría…

Mi emoción fue instantánea. Hasta deje caer una lagrima cuando frente a mi veía a esas desconocidas bailarinas, pero dentro de mí se asomaba el recuerdo de cada función con Nairí. Recordar los nervios previos, la preparación, la alegría, los ensayos… Paregamutyun me deslumbró por sus bailes modernos y entusiasmo…

Pero todavía la semana tenía un concierto mas por descubrir…el del ballet estatal.

Esta vez en otra sala, y con orquesta en vivo…

Y la sorpresa al abrir el telón, cuando comienzan con la danza Azkakragán.

Mi emoción era notoria. Tarareaba la melodía, movía la cabeza a la par y en mi mente adelantaba los pasos venideros, sin dejar de mirar a la segunda bailarina de la fila (lugar que yo suelo ocupar cuando la bailamos en Buenos Aires), y todas esas sensaciones unidas me llevaban a pensar en lo afortunados que somos, y en cuanta conexión podemos tener desde la danza con nuestra tierra armenia.

A su vez, miraba con una alegría infinita a los bailarines, y descubría sus miradas cómplices, sus ojos y sus rostros delataban esa comunicación que suelen tener los artistas sin hablarse, sobre el escenario…

Y pensaba…

Estamos en continentes lejanos, hablando idiomas diferentes, con costumbres muy distintas, no nos conocemos, y sin embargo podría subirme a ese escenario y entenderme con una mirada y agarrarme de la mano de una bailarina y continuar sus pasos… (no iba a subirme al escenario, claramente, fue solo un pensamiento), pero ese pensamiento me llevó a reflexionar sobre la conexión con la danza.

Puede sonar difícil de entender, pero el arte tiene eso… Y muchas veces nos cuesta darnos cuenta de cuán lejos podemos llegar a través de esas expresiones. y en el caso de la danza armenia, tiene el plus de atravesar una cultura milenaria. Que sus danzas cuenten historias, nos hagan emocionar, nos hagan danzar, nos hagan enamorar y en cada paso, recordar un pedacito del lugar del que venimos…

No quiero bailar como los bailarines que vi, no quiero imitarlos. Quiero seguir disfrutando de esos espectáculos. Y confirmo que quiero seguir bailando. Para poder mantener esta hermosa sensación, que mis pies, sobre mi tierra firme, estén marcando el ritmo de mi querida tierra Armenia.

Natula en viaje

Natali Kevorkian
Buenos Aires, Argentina

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