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La doble bofetada, el día indicado

La bofetada esta vez no fue otomana, fue americana. Llegó por partida doble el día más indicado. Sin contar las advertencias previas -sin resultado efectivo alguno- de voceros del Pentágono o del Departamento de Estado, es la primera vez desde que empezaron las diferencias políticas entre Washington y Ankara -o más bien, desde que el gobierno de Erdogan asumiera el rol de díscolo aliado- que en los EE.UU. se alza una voz clara y contundente de STOP. Y le tocó a la Cámara de Representantes del Congreso salvar el honor de un país cuyo presidente ha demostrado ser el máximo exponente del panquequismo político en asuntos externos.

La bofetada fue doble porque supo concentrar en una misma sesión dos proyectos de resolución cuya finalidad era castigar al régimen turco: el del reconocimiento del Genocidio Armenio, como sanción moral, y el segundo, más actual y punitivo, con el pedido expreso de sanciones a Turquía por la invasión a Siria y la agresión contra los kurdos. Todavía falta que el Senado se pronuncie sobre ambas cuestiones. Y saber cuál será la actitud del verborrágico presidente Trump, que hasta el momento de escribir estas líneas no se ha pronunciado sobre el tema. De todos modos, la aplastante mayoría de votos a favor en ambas votaciones demuestra la postura inequívoca de los Representantes -no sólo de la oposición sino también de los propios Republicanos- de evidente rechazo a la política exterior de su gobierno y a la política de Erdogan en la región.

No es casual que la bofetada haya llegado un 29 de octubre: el día indicado para enviar ese mensaje claro y contundente. Se trata, nada menos, de la efeméride de la creación en 1923 de la “nueva” República de Turquía, erigida sobre los vestigios de la civilización y el patrimonio de pueblos originarios –armenios, asirios y griegos- exterminados o expulsados de sus territorios ancestrales.

Como es habitual, la reacción turca ante el reconocimiento del Genocidio fue inmediata. Ducho en exabruptos, el presidente Erdogan salió al cruce declarando que la resolución votada por la Cámara Baja del Congreso de los EE.UU. es “nula y carece de toda validez para Turquía”. Cabría preguntarse ¿por qué entonces reunir al pleno de la Asamblea legislativa turca para sacar una resolución condenatoria a ese reconocimiento? Es el clásico ojo por ojo. Y qué decir del remanido argumento de los “historiadores” y de los “archivos”, al que alude con una insistencia tal que le impide ver lo extemporáneo…

Dicho esto, queda una cuestión que algunos analistas ponen sobre el tapete: la “pureza” del reconocimiento y el hecho de haber sido “utilizado” por intereses ajenos. El Genocidio –todo genocidio- es antes que nada un tema de Política (con mayúscula). Pretender que los reconocimientos se mantengan en el ámbito puro y estricto de los derechos humanos es un dislate. Sabido es que los grandes poderes acallaron el Genocidio en su momento y en las décadas siguientes. Y que lo sacan a la luz cuando la coyuntura política los “obliga” a hacerlo. Pero el crimen de lesa humanidad permanece invariable, sin importar el tiempo transcurrido. Y el hecho de ser eventualmente “utilizado”, tampoco le resta su condición de tal.

Está claro que todo reconocimiento es positivo, más allá de la coyuntura política que lo haya estimulado. ¿Acaso tendríamos que habernos cuestionado sobre los motivos “ocultos” que llevaron a casi treinta estados y parlamentos a reconocer el Genocidio Armenio? Eso implicaría no sólo restarle importancia a dichos reconocimientos sino además, llevar agua al molino de los líderes turcos que intentan -en cada ocasión y según sea el caso- rebajarlos a simples “represalias” por motivos netamente políticos o a presuntas “cesiones” ante las comunidades armenias.

El conocido diputado Garo Paylan acaba de afirmar que la herida del Genocidio va a cicatrizar sólo cuando sea reconocido por el parlamento de Turquía. Hasta que ese remoto día llegue, agradeceremos todos y cada uno de los valientes reconocimientos, con la convicción de que la lucha por la justicia y la verdad histórica, a más de cien años, todavía es larga y es mucha.

Dr. Ricardo Yerganian
Exdirector del Diario ARMENIA
ryerganian@diarioarmenia.org.ar

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