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La economía armenia y la responsabilidad de todos

Opinión

dolar-tramEs sabido que Armenia tiene una economía acotada y condicionada por una serie de factores que la hacen frágil y expuesta a desequilibrios que hacen estragos en los sectores más bajos de la población.

Con un presupuesto anual más pequeño que muchas localidades del conurbano bonaerense, Armenia debe hacer frente a las necesidades socioeconómicas de su población, además de mantener equipadas sus fuerzas armadas y también proporcionar la debida asistencia al gobierno de Artsaj.

Sus principales ingresos proceden de las remesas que los armenios que trabajan en el exterior envían a sus familias, -en el primer semestre de 2016, esos envíos alcanzaron la suma de 622 millones de dólares, en su mayoría provenientes de Rusia, y en menor medida de Europa y estados Unidos-, el turismo que aporta cifras importantes, pero sensiblemente menores, y la exportación de una serie de productos entre los que se destacan el oro y otros metales preciosos, la industrialización de diamantes y algunas manufacturas agroindustriales.

Otro de los factores sensibles de la economía del país es el valor asignado a las divisas. No surge claramente de las estadísticas oficiales cómo funciona el mercado de cambios por lo que hay que suponer que las autoridades no tienen demasiada injerencia sobre la moneda extranjera. Hay que recordar, que diez años atrás, el dólar estadounidense se cotizaba a unos 550 dram por unidad, con el consiguiente correlato sobre los precios al consumidor. Hoy, esa misma divisa se cotiza en Armenia casi un quince por ciento menos, sin embargo, el costo de alimentos y servicios ha aumentado por lo menos un cuarenta por ciento.

Cabe preguntarse quién se beneficia con esa extraña desproporción en un mundo donde la inflación trastorna a muchos países parecidos a Armenia. Allí los importadores/monopolios  se benefician sobremanera porque adquieren un dólar más barato y venden sus mercancías con niveles de ganancias muy superiores. En este contexto las grandes perdedoras son las familias que reciben la ayuda de sus parientes del exterior que ven que la divisa sólida que reciben es devaluada artificialmente para provecho de usureros mafiosos que lucran con sus necesidades.

Un capítulo para las importaciones innecesarias. Recorriendo las góndolas de los supermercados de Ereván puede verse la enorme cantidad de artículos comestibles importados que perfectamente pueden producirse en el país a costos seguramente más accesibles para la población. En esa línea de mercancías se percibe una vasta variedad de productos de origen turco, absolutamente prescindibles, pues en su mayoría son golosinas, enlatados y hasta conservas de vegetales y hortalizas.

Evidentemente no existe una conciencia de consumir lo nacional como prioridad en ninguno de los sectores de la sociedad, pues el consumidor puede obligar al comerciante a no ofrecerle un producto si decide no comprarlo. Tampoco parece que las autoridades hayan puesto muchas trabas en los últimos años, teniendo en cuenta que a partir del cierre de las fronteras con Turquía, sus productos llegan de todas maneras al mercado armenio.

En fin, estas no son más que inquisiciones de un observador en su paseo por la capital de su tierra. Sin embargo, no estaría de más que ese patriotismo que tanto pregonamos se ponga en práctica repudiando los productos de quien nos bloquea, pero sigue comerciando con los corruptos de turno.

Jorge Rubén Kazandjian

 

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