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La escritora turca comprometida con los armenios

En La bastarda de Estambul, su autora Elif Shafak, traza una armoniosa cartografía entre lo doméstico y lo histórico y evoca los aromas de la cocina como simbolismo de una identidad. En esta novela, una joven norteamericana de origen armenio irá desgranando los secretos de dos familias unidas por la tragedia que separó a turcos y armenios. Pero además, es el primer puente trazado desde la literatura entre turcos y armenios. Y lo hace una ciudadana turca.

Los fiscales turcos han iniciado investigaciones sobre escritores de ficción, incluido el galardonado novelista Elif Shafak, en lo que los activistas describen como una grave amenaza para la libertad de expresión. La medida se produce después de un debate en las redes sociales en el que los novelistas que abordan temas difíciles, como el abuso infantil y la violencia sexual, han sido acusados de aprobar estas prácticas. Después de que una página de una novela de Abdullah Şevki se compartió en Twitter a principios de esta semana, el Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía presentó una denuncia penal contra la escritora.

De acuerdo con la plataforma de noticias turca Ahval, el pasaje presentaba un relato en primera persona sobre el asalto sexual a un niño desde los ojos de un pedófilo. Ahval informó que el Colegio de Abogados de Turquía también había presentado una queja pidiendo al gobierno que prohibiera el libro y acusara a su autor y editor de “abuso infantil e incitación a actos criminales”. Şevki y su editor han sido detenidos posteriormente. Desde entonces, los usuarios de las redes sociales han estado compartiendo pasajes de novelas de otros escritores, incluidas Shafak y la novelista Ayşe Kulin, y han hecho acusaciones similares.

Shafak dijo que había recibido miles de mensajes abusivos en los últimos dos días y que un fiscal le ha pedido que examine sus novelas, en particular, The Gaze, que se publicó en 1999, y Three Daughters of Eve, de 2016. “Cualquier cosa que tenga algún pasaje sobre el abuso sexual de niños en la literatura turca, quieren investigarlo”, dijo Shafak. “Este es un enfoque muy nuevo para ellos. Y, por supuesto, la ironía es que este es un país en el que tenemos un número creciente de casos de violencia sexual contra mujeres y niños. Los tribunales turcos no están tomando medidas, las leyes no han sido modificadas. Entonces, en un país donde deben tomar medidas urgentes para enfrentar la violencia sexual, en vez de eso, están procesando a los escritores. Es la tragedia más grande. Se ha convertido en una caza de brujas”.

La directora de English PEN, Antonia Byatt, dijo que la organización de la libertad de expresión estaba “profundamente preocupada” por las amenazas a Shafak. “Ella es una escritora extremadamente talentosa y nunca debería ser un crimen escribir ficción o comentar sobre el mundo en que vivimos”, dijo Byatt. “La libertad de expresión en Turquía está cada vez más amenazada. Demasiados escritores están en prisión, mientras que otros han sido obligados a exiliarse”. En 2006, Shafak fue juzgada y absuelta por “insultos a la identidad turca” después de que los fiscales notaron que un personaje en su novela La bastarda de Estambul se refirió al genocidio contra el pueblo armenio en la Primera Guerra Mundial como tal. Si bien la escritora reconoce que el abuso sexual aparece en algunas de sus obras de ficción, rechazó por completo la idea de que esto podría significar que lo aprueba. “No hacen distinción.Si un escritor escribe sobre estos temas: la pedagogía, la violencia sexual, el acoso sexual, esas oraciones se eliminan del libro como si estuviera defendiendo el acoso sexual”, dijo. “Es todo lo contrario. Toda mi vida he luchado por los derechos de las mujeres, los derechos de los niños, los derechos de las minorías, por lo que para mí este tipo de acusación es tan infundada. Y también significa que los escritores ya no pueden escribir sobre estos temas”. Según su editora en Turquía, Dogan Kitap, Shafak “siempre ha sido escritora de los derechos de las mujeres, los niños y las minorías”.

“Temas como el acoso sexual y el incesto son heridas sociales”, dijo Kitap. “Y, por supuesto, la literatura trata sobre heridas sociales. Elif Shafak es una de las mejores autoras turcas que hablan sobre las víctimas y las personas lesionadas. Sus libros son un regalo no solo para nosotros sino para la literatura mundial”. Turquía tiene una de las tasas más altas de matrimonio infantil en Europa, según la organización contra el matrimonio infantil Girls Not Brides. Se estima que el 15% de las niñas están casadas antes de los 18 años y el 1% está casado antes de los 15 años. Según Shafak, existen problemas similares en otros países del Medio Oriente: “Necesitamos un movimiento de mujeres fuerte y una mayor conciencia de género”, dijo. “La literatura puede tomar una parte importante en esta conversación. Pero ahora están atacando a los escritores”.

Por las referencias al Genocidio Armenio en su novela, La bastarda…, Shafak fue acusada en Turquía “de insultar al pueblo turco” bajo el Artículo 301 del Código criminal turco. El caso fue desestimado en junio de 2006. Sin embargo, los acusadores volvieron a abrir el caso en julio de 2006 y Shafak estaba en riesgo de afrontar tres años de prisión, al igual que su traductor y editor. El 21 de septiembre de 2006, el caso renovado contra Shafak también fue desestimado por falta de pruebas.

La importancia de esta obra

“No maldecirás lo que caiga del cielo. Ni siquiera la lluvia. Caiga lo que caiga, por intenso que sea el aguacero, por helada que esté el aguanieve, jamás lanzarás blasfemias contra lo que el cielo nos tenga reservado. Eso lo sabe todo el mundo. Incluida Zeliha. Y a pesar de todo, ahí estaba ella ese primer viernes de julio, caminando por la acera junto a la densa congestión de tráfico, corriendo a una cita a la que llegaba tarde y maldiciendo como un carretero, a los adoquines de la calzada, a sus altos tacones, al hombre que la perseguía, a los conductores que tocaban frenéticos el claxon cuando es un hecho demostrado que el estruendo no tiene ningún efecto en la densidad del tráfico, a la dinastía otomana entera por haber conquistado en su día la ciudad de Constantinopla para luego emperrarse en su error, y sí, a la lluvia, aquella maldita lluvia de verano”.

Así da comienzo un viaje más que una historia entre los sabores de Oriente que descubrirá Armanoush en su visita a Estambul. Nacida en Estados Unidos, la protagonista de la novela, notará en un primer momento las diferencias culturales entre su entorno americano y ese primer paso a Oriente como resulta Turquía. Ella, hija de un matrimonio separado entre un armenio y una estadounidense, parte de su Arizona natal para buscar sus raíces. El actual compañero de su madre, Mustafá, forma parte de una familia de renombre en Estambul y descubre que ésta se relaciona directamente con la de su padre en una época donde armenios y turcos convivían en paz. La recibe este gran matriarcado que resulta su familia política y las mujeres resultan verdaderas amazonas. Zeliha es el personaje destacado, rebelde, que decidió no abortar y tener a su hija Asya quien cuenta con diecinueve años en la novela e inmediatamente hace buenas migas con Armanoush. La foto familiar la completan otras mujeres de armas tomar pero prefieren cocinar teniendo el pasado muy presente pero despojados de melancolías, apenas como disparador del futuro. Y los trapos sucios siempre se lavan en casa, lo sabemos. Entre ambas jóvenes se irá desvelando una turbia historia familiar que el clan de mujeres sabrá resolver sin miramientos ni disculpas.

Lo importante: no hay odios en esta historias, ni victimismos. Sí hay dolor, aceptación, reconciliación y perdón. Shafak le da luz a la mujer en la sociedad turca, algo que no ocurre en la realidad salvo para aquellas que se atreven a contraponer los estigmas sociales.

No solo hay un contraste entre realidad y narrativa sino que se chocan. Así es como la autora toca dos temas significativos: la mujer turca y la negación del Genocidio Armenio.

“Estamos atrapados. Atrapados entre Oriente y Occidente. Entre el pasado y el futuro. Por una parte están los laicos representantes de la modernidad, tan orgullosos del régimen que han construido que delante de ellos no se puede ni soltar una palabra de crítica. Tienen al ejército y a la mitad del Estado de su lado. Por otra parte están los tradicionales convencionales, tan enamorados del pasado otomano que no se puede ni soltar una palabra de crítica. Tienen de su parte a la sociedad en general y a la otra mitad del país. ¿Qué nos queda a nosotros?” reza en otra parte de la novela.

Estos saltos temporales son los que permiten este mapa que adelantábamos al inicio de la nota hacer de esta narrativa un reflejo de la realidad. No quedan heridas visibles, se sanan a fuerza de piedad.

Lala Toutonian
Periodista
latoutonian@gmail.com

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