La sociedad turca ante el negacionismo del Genocidio Armenio como política estatal de Turquía.

La grieta del negacionismo

07 de mayo de 2019

Desde hace más de dos décadas pero con mucho más intensidad en años recientes, varios intelectuales turcos comenzaron a referirse, tanto en la propia Turquía como en otros países, al genocidio armenio, organizado y ejecutado por el Estado turco-otomano entre 1915 y 1923. No se trata, sin dudas, de un cambio radical ni masivo, aunque sí se observa una tendencia en ciertos niveles de la sociedad que lentamente descorre el velo para que un tema tabú que lleva más de un siglo, finalmente salga a la luz.

Historiadores, sociólogos, escritores, académicos, periodistas, abogados expresaron públicamente sus opiniones reafirmando la existencia de un plan criminal de exterminio de la población armenia en el Imperio Otomano. Muchos incluso se animaron a utilizar la frase prohibida: Ermeni soykirim (Genocidio Armenio).

Son centenares de voces que van en el mismo sentido. Algunos nombres son conocidos para la comunidad armenia de Buenos Aires, como el activista de los derechos humanos Ragip Zarakolu que visitó Argentina en abril de 2014. También sobresalen el trabajo historiográfico del investigador Tanner Akçam o el compromiso político del diputado de origen armenio Garo Paylan en el Parlamento turco. Ni que hablar de Hrant Dink y su prédica en las páginas del semanario Agos.

La sangre del dictador

Menos conocido es el caso del periodista y escritor Hasan Cemal, nieto de Ahmed Djemal Pashá, ministro de Marina del gobierno de los Jóvenes Turcos y miembro del Triunvirato que planificó y ejecutó el genocidio. En 2012 Hasan Cemal escribió un libro titulado 1915: Ermeni Soykirimi, en respuesta al asesinato en 2007 de su amigo Hrant Dink.

En 2011 Cemal fue el orador principal en un evento que tuvo lugar en la Universidad de California y al que fue invitado por la Unión General Armenia de Beneficencia Asbeds. Allí Cemal reconoció explícitamente el Genocidio contra el pueblo armenio y ofreció sus disculpas.

Tras viajar a Armenia y visitar el Memorial del Genocidio en Dzidzernagapert publicó en el portal T24 de Turquía: “Los armenios son un pueblo de Anatolia. Sus raíces y su patria se encuentran en Anatolia. Los armenios, como el pueblo kurdo, habían vivido en Anatolia antes de que los turcos aparecieran allí. La verdad es que Turquía aún no ha aceptado el hecho de que los armenios quedaron aislados de sus raíces históricas y de su patria en 1915”.

Seher o Heranush

Otro caso emblemático es el de la abogada, escritora y militante de derechos humanos Fethiye Çetin. En 2007 fue defensora de la familia del periodista armenio Hrant Dink en el juicio seguido por su asesinato.

Pero antes de eso escribió Mi abuela, una memoria armenio-turca (2004), un libro en el que cuenta una parte de su historia familiar. Años más tarde, publicó Los nietos, en el que se describe la mirada de los niños que descubren que sus abuelos, en realidad no son turcos sino armenios.

En verdad, ésta es su propia historia. De chica Çetin vivió en la pequeña ciudad de Maden (Turquía) y allí convivió con su abuela Sehen, una mujer musulmana feliz. Pero su perspectiva cambió décadas después cuando supo que en verdad su abuela no se llama Seher sino Hranush.

Cuando Hranush era chica, hacia 1915, la mayoría de los hombres en su aldea habían sido asesinados, entonces un gendarme turco la había robado de su madre durante las marchas de la muerte y la había adoptado. Hranush vivió silenciada como armenia hasta su muerte. Fue obligada a convertirse al Islam y asimilarse a la sociedad turca.

Es difícil establecer una fecha de origen de este fenómeno. En rigor, se fue dando a partir de los años ‘90 a través de diferentes manifestaciones, mayormente a título individual, pero con el tiempo fue tomando cuerpo con nuevas voces que se alzaron contra la política negacionista del Estado turco, en la primera década de este siglo.

Probablemente, el precursor haya sido Ragip Zarakolu con su actuación en defensa de los derechos humanos y de las minorías en Turquía a partir de los años ‘80, pero mucho más desde hace veinte años junto a su mujer Aishenur. Esto es así, pese a la vigencia de un Código Penal que en su artículo 301 castiga con pena de prisión la ofensa o el ataque a la identidad turca. Para ese cuerpo legal hablar del Genocidio Armenio configura un delito, en el marco de una serie de medidas jurídicas y políticas del Estado turco, y que expresan la política negacionista ese país respecto de este tema.
Sólo basta recordar que el 23 de abril de 2014, en vísperas del 99° aniversario del genocidio, en un discurso el actual presidente Recep Tayyip Erdoğan –entonces primer ministro- ofreció sus “condolencias” –no habló de genocidio- a los nietos de aquellos armenios que murieron o debieron partir al exilio por los hechos de 1915. La comparación con lo ocurrido este año, justificando el genocidio como un hecho que “fue lo más razonable en aquel momento”, ahorran todo comentario. A esto hay que agregar que el pasado 24 de abril, la policía turca bloqueó la ya habitual manifestación de la comunidad armenia y activistas de derechos humanos en la Plaza Sultanahmet de Estambul, frente a la antigua prisión donde estuvieron alojados los 235 intelectuales detenidos el 24 de abril de 1915. Hoy ese lugar es un museo de arte islámico.

Entre los intelectuales que hablaron del Genocidio Armenio se destacan:

*Ungor y Akcam realizaron aportes inestimables a partir de las fuentes turcas sobre el Genocidio Armenio.

Carlos Boyadjian
Periodista
coboyadjian@yahoo.com.ar

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