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La guerra también es cosa de mujeres

Atrocidades del ISIS

Emilio Cárdenas*

El Diario, Montevideo, Uruguay.- La pequeña ciudad de Kobani está emplazada en la gobernación de Alepo, al norte de Siria. Muy cerca de la frontera con Turquía. Hasta no hace mucho, estaba habitada por 45.000 personas, mayoritariamente kurdos. Pero también por árabes, turcos y hasta armenios. Desde hace un par de meses, desde el 15 de septiembre pasado, ha estado bajo el ataque bárbaro de los fundamentalistas islámicos que pertenecen al llamado “Estado Islámico”.

Rehana

Conociendo su destino en caso de derrota, los kurdos de Kobani han resistido como leones. Desde hace un par de semanas con el apoyo aéreo de los aviones de los Estados Unidos, que además les han entregado, mediante paracaídas, municiones, alimentos y medicamentos.

La vecina Turquía, que durante meses permitió el tránsito fluido de los milicianos fundamentalistas a través de su porosa frontera, no ha salido en ayuda de Kobani. Es más, sus tanques y vehículos blindados, estacionados a poca distancia de la ciudad, del lado turco, han sido meros espectadores de los ataques demoledores de los fundamentalistas que no han podido doblegar enteramente la resistencia armada de los kurdos en una batalla que se libra calle a calle, edificio por edificio. Recién hace pocos días, en una suerte de concesión especial, el gobierno turco permitió el tránsito por su territorio de refuerzos kurdos provenientes del norte de Irak.

La llegada de esos refuerzos es inminente, pero al tiempo de escribir estas líneas aún no se ha concretado. La resistencia kurda en Kobani cuenta con la participación de hombres y mujeres por igual. Todos ellos defienden con ferocidad su identidad, estilo de vida, cultura y creencias religiosas. Saben que, de ser capturados, enfrentan la muerte, de las formas más inhumanas.

Entre los defensores de Kobani se destacan dos mujeres. Dos símbolos. Dos lecciones inmensas de coraje.

La primera de ellas es una combatiente que, con el seudónimo de Rehana (foto), dirigió a lo largo de varias semanas, a pelotones compuestos por sus hermanos kurdos.

Adquirió notoriedad cuando un periodista difundió electrónicamente su fotografía haciendo la V de la victoria y aclarando que había ultimado, con bravura sin igual, en distintos combates, a más de 100 terroristas. Pero la guerra es siempre cruel. Rehana fue capturada y decapitada por los terroristas que, como es habitual, difundieron las imágenes de su horrenda ejecución a través de las redes sociales.

Rehana es parte de la historia y, como mujer, ha dado testimonio de vida en un mundo donde, como ocurre entre los musulmanes, lo bélico está asociado a lo masculino.

La segunda es Meysa Abdo, que publicara un artículo en el “New York Times” el 28 de octubre pasado, en el que describe la situación de Kobani y su decisión inquebrantable de defender la democracia y el secularismo que caracterizan a los kurdos. Meysa puntualiza que las mujeres combaten en Kobani a la par de los hombres. Que están luchando en sus calles en defensa de los derechos de la mujer en todos los rincones del mundo. Y que los fundamentalistas que los asedian tienen tanques y artillería pesada en su momento provistos por los norteamericanos al gobierno de Irak. Aclarando que, pese a ello, seguirán combatiendo. Hasta que la muerte los llame, eventualmente.

Conscientes de que enfrentan a quienes rechazan la diversidad y que, sin remordimiento alguno, asesinan a quienes no se pliegan a ellos. En su triste apelación Meysa ruega al gobierno turco un cambio de actitud que permita, por lo menos, que los defensores de Kobani, hombres y mujeres, puedan luchar contra sus agresores con refuerzos provistos por los propios kurdos y con paridad de armamentos.

Queda visto que -de alguna manera- la guerra es también cosa de mujeres. Los testimonios de Rehana y Meysa así lo confirman. Parece mentira que en nuestros tiempos deba escribirse una crónica como ésta, referida a comportamientos bárbaros que la civilización, como siempre señala el Papa Francisco, no debe aceptar.

*Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

 

 

 

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