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La llegada al poder de los Jóvenes Turcos: Antes de 1915

El genocidio tiene tal peso histórico y moral que divide la historia y hace difícil detenerse a analizar las etapas anteriores. En este artículo, a partir de un hecho ocurrido en Buenos Aires se intenta una aproximación al contexto inmediatamente anterior a 1915.
Litografía. Revolución de los Jóvenes Turcos bajo el lema «Libertad, Igualdad y Fraternidad».

La constitución otomana, celebrada en Buenos Aires

El lluvioso sábado 24 de julio de 1909 hubo en Buenos Aires un festejo muy poco común. La revista Caras y Caretas publicó la noticia de esta manera:

La constitución otomana. Primer aniversario de su proclamación. El sábado pasado los residentes otomanos festejaron con un importante acto cívico, celebrado en el teatro Coliseo, el primer aniversario de la constitución otorgada a su país por el ex sultán Abdul Hamid.1

La misma revista informa que hicieron uso de la palabra en esa oportunidad dos invitados ilustres: Joaquín V. González y Alfredo L. Palacios. Los diarios La Prensa y La Nación también cubrieron el evento y aportaron más nombres de los oradores: Manuel Manouk, presidente de la comisión siro-otomana; José Daruich, Luis Dumani, Salomón Sfeir, Rachid Kura, Felipe Omad, Jorge Assaf. El director del periódico en árabe Assalam, Alejandro Schamun, aprovechó la ocasión para reclamar que se abriera un consulado otomano en la Argentina:

… para que de una vez dejemos de ser los parias sin patria y sin bandera, ya que en los pedidos anteriores nuestra voz se estrellaba ante la indiferencia del déspota. El odioso gobierno personal de Abdul Hamid tenía demasiado en qué pensar para preocuparse de estos compatriotas, a quienes las infamias de aquél los obligaban a buscar un refugio en los países más lejanos de la patria.2

¿Cuál era el sentido de semejante celebración? ¿Por qué se hizo un acto en Buenos Aires para conmemorar el primer aniversario de una constitución aprobada en Constantinopla, lo que en otras palabras significa festejar la llegada al poder de los Jóvenes Turcos?

En primer lugar, los “residentes otomanos” (la nota de La Nación también los llama “residentes turcos”) que organizaron el acto provenían de las actuales Siria y Líbano, situadas entonces dentro del Imperio Otomano. Los inmigrantes de aquella colectividad, árabes por idioma y cultura, pertenecientes a tres religiones, tenían expectativas muy favorables sobre el régimen de los Jóvenes Turcos que recién comenzaba. Ese clima favorable se repetía en la opinión pública internacional, en las comunidades y también en los nacionalistas armenios, que para entonces ya llevaban 20 años de lucha y muchos mártires. Nadie imaginaba que seis años después comenzarían las peores matanzas.

La opinión pública argentina también veía la nueva situación política de Constantinopla de modo positivo; en los diarios argentinos de la época, los Jóvenes Turcos estaban asociados a las ideas de reforma, progreso y libertad. Eso explica la presencia en el acto de dos personajes muy relevantes de la política, un conservador y un socialista. El primero, Joaquín V. González, desde 1907 era senador y ya había sido gobernador de La Rioja, diputado, precursor de la legislación laboral, ministro de varias carteras, presidente fundador de la Universidad Nacional de La Plata, profesor de Derecho y autor de buena cantidad de libros y artículos en la prensa. El segundo, Alfredo L. Palacios, había sido diputado nacional por la Capital Federal y es considerado el primer legislador socialista de toda América.

Los llamados Jóvenes Turcos habían tomado el poder en julio de 1908, dejando al principio en el trono al sultán Abdul Hamid II (sería depuesto en abril de 1909) quien se vio obligado a restablecer el Parlamento, cerrado por él mismo treinta años antes, y aprobar una constitución.

Rebelde. Embajador otomano Emin Arslan.

Los Nuevos Otomanos o Jóvenes Otomanos (1876)

A fines de la década de 1860 se formó una sociedad secreta de ideas reformistas llamada de los “Nuevos Otomanos”, que en 1876 logra derrocar al sultán Abdülaziz y coronar a Murad V.

A partir de entonces se desencadena una serie de hechos trágicos que ahogan otros tantos destellos de esperanza. El derrocamiento de Abdülaziz y asunción de Murad V fue el 30 de mayo de 1876. Cinco días después Abdülaziz fue hallado muerto en su cámara del palacio de Ciragan, con las venas cortadas. Una autopsia presenciada por numerosos médicos, varios de ellos enviados por embajadas europeas, certificó que no había en el cuerpo otras heridas que los cortes en las venas de los brazos, hechos con una tijera que se encontró en el lugar. El hallazgo conmocionó al Imperio y a toda Europa y surgió al instante una marejada de versiones conspirativas.

Murad V comenzó entonces su reinado en medio del suicidio de su tío y antecesor, la inminente guerra contra Rusia y un hervidero de confabulaciones. Sólo 90 días después, una comisión médica compuesta, otra vez, por doctores locales y extranjeros, certificó que Murad V había sufrido un colapso nervioso y no podía continuar en el trono. Todavía no se había aprobado la reclamada constitución.

Socialista. Diputado Alfredo Palacios.

El trono imperial cayó entonces en manos de un oscuro miembro de la Casa de Osmán, medio hermano de Murad, astuto y —pronto se sabría— despiadado. Era Abdül Hamid.

Por un tiempo, el proceso constituyente siguió y en diciembre de 1876 se aprobó la anhelada Ley Fundamental. El emperador nombró gran visir a Midhat Pashá, el más importante defensor de las nuevas ideas.

En abril de 1877, Rusia declaró la guerra al Imperio Otomano después de una serie de matanzas atroces en Bulgaria. La guerra fue la excusa ideal para que Abdül Hamid cerrara el parlamento y suspendiera la constitución el 14 de febrero de 1878, tras sólo un año de vigencia. Estaría suspendida durante 30 años.

Los Nuevos Otomanos se disolvieron; muchos fueron a Europa. Midhat Pashá fue acusado de conspirar para matar a Abdülaziz, el sultán suicida antecesor de Abdul Hamid, y asesinado en prisión en Taif (hoy Arabia Saudita) en 1883. Así terminó el intento de convertir al Imperio Otomano en una monarquía constitucional con derechos iguales para todos los súbditos.

La revolución de 1876 generó grandes esperanzas para los armenios del imperio. Un caso digno de mención es el del jurista Krikor Odian (Constantinopla 1834 – París 1887), que tuvo una participación importante en la redacción de la constitución de 18763 y poco después se vio obligado a exiliarse en Francia, como muchos otros “Nuevos Otomanos”.

El ambiente de los exiliados de París

Durante el régimen hamidiano se formaron en Europa grupos de exiliados que editaban sus propios periódicos opositores, publicaban notas la prensa europea y cabildeaban contra el régimen hamidiano.

Este clima está analizado con detalle en un libro de J. S. Kirakosyan,4 traducido al español hace pocos años. Aún para quienes no compartan sus posiciones, siempre críticas de los tres partidos armenios históricos, la lectura de esta obra de Kirakosyan es de importancia para estudiar el clima político anterior a 1915.

Paralelamente, un grupo de militares y burócratas armaban una suerte de logia secreta en Salónica.

Conservador. Senador Joaquín V. González.

La Revolución de 1908 y el regreso de los exiliados

Los intelectuales otomanos —ya conocidos genéricamente como Jóvenes Turcos— hicieron dos congresos generales de exiliados en Europa, uno en 1902 y otro en 1907. En este último participó el príncipe Sabahaddin, que era sobrino político de Abdul Hamid y por lo tanto tenía contactos cruciales en la corte; estaban algunos de los futuros líderes del Comité Unión y Progreso, como Ahmed Rıza, y también el Tashnagtsutiún envió como delegado a Khachatur Malumian. Muchos ausentes eran más valiosos aún que los presentes, porque conspiraban desde el interior del aparato de poder otomano.

Pero la toma del poder no quedó en manos de los intelectuales exiliados, sino a cargo del grupo de Salónica, con sus militares en actividad que podían influir sobre los jefes de las principales guarniciones y dejar al sultán desarmado. Lo lograron en julio de 1908, con muy poca oposición, al principio dejando en el trono al sultán Abdul Hamid.

Se produjo entonces un clima de alivio y festejo dentro del imperio y en la opinión pública mundial. En París, el quincenario “Pro Armenia”, en cuyo comité de redacción estaban nada menos que Clemenceau, Anatole France y Jean Jaurès, publicó el 5 de septiembre de 1908 una proclama de la FRA-Comité Responsable de Constantinopla, que muestra el ambiente de esperanza que predominaba. Dice la proclama:

Nuestra idea ha triunfado; nuestra fe florece ahora (…) se confirma que nuestra sangre no ha corrido inútilmente y que nuestros esfuerzos y dedicación no han sido en vano. Este día confirma que, sola, la Federación Revolucionaria Armenia ha asegurado la pacificación entre todos los elementos de Turquía; ha hecho abrirse en la historia una nueva era; ha dado esperanza a un soberbio porvenir. Que los restos de la tiranía desaparezcan ante la aurora intelectual y ante la fraternal Federación. Vivan, pues, la Justicia, la Libertad, la Igualdad, la alegría universal, y que el pasado sea sepultado.

El umbral del horror

Pronto el reloj de la Historia parecería acelerado y descontrolado. En abril de 1909 es frustrado un contragolpe militar y como resultado es depuesto el sultán Abdul Hamid para ser reemplazado por Mehmet V, monarca sin poder real. Durante este golpe se producen las masacres contra los armenios de la provincia de Adana. En 1911 el Imperio pierde contra Italia la Guerra de Libia. En 1912 y 1913 sufre nuevas derrotas en las guerras balcánicas. En abril de 1912 el Comité Unión y Progreso organiza unas elecciones parlamentarias fraudulentas (las “elecciones a garrotazos”, Sopalı Seçimler) en las que se queda con 269 de las 275 bancas. En mayo de ese año se produce la ruptura definitiva entre la FRA y el Comité Unión y Progreso.5 En 1913 se produce en Constantinopla un golpe de estado, es destituido el gran visir Kamil Pashá y asesinado el ministro de marina; se afianza el poder absoluto del triunvirato y el CUP. En 1914, los nuevos dueños del país lo arrojan en la carnicería de la Primera Guerra Mundial. Pocos meses después, el pueblo armenio era condenado otra vez al suplicio.

Epílogo en Buenos Aires

Las relaciones consulares entre Constantinopla y Buenos Aires se establecieron como respuesta a los reclamos de la creciente colectividad árabe, de nacionalidad otomana, a los que aludimos al principio de este artículo. El Imperio Otomano sólo tuvo un representante en la Argentina. Fue el emir druso Emín Arslán (1868 – 1943), que nació en Monte Líbano y se desempeñó como cónsul general en Buenos Aires entre 1910 y 1914. Arslán había sido uno de aquellos exiliados en Europa durante la década de 1890. Como se opuso a la entrada de su país comitente en la guerra, fue destituido y el Imperio Otomano encargó sus relaciones consulares con la Argentina al cónsul alemán. Arslán fundó en 1915 la revista La Nota, donde el público argentino pudo leer algunas de las primeras noticias sobre el genocidio.

Pablo Tornielli

Abogado e investigador*

tornielliforos@gmail.com

*Pablo Tornielli es abogado e investigador independiente en el área de la inmigración árabe en la Argentina.

Citas del autor

  1. Caras y Caretas, n.° 565, 31 de julio de 1909, p. 55.
  2. La Prensa, domingo 25/07/1909, p. 9, columna 4, y La Nación del mismo día, p. 11, columnas 5 y 6.
  3. V. por ejemplo, Pascual C. Ohanian (1989), La Cuestión Armenia y las Relaciones Internacionales: Tomo 1, pp. 113 y 256.
  4. John Sahakí Kirakosyan, Jóvenes Turcos – Antecedentes históricos y geopolíticos del genocidio armenio. Ciccus, Buenos Aires 2015. El autor fue ministro en la República Socialista Soviética de Armenia
  5. Hratch Dasnabedian. History of the Armenian Revolutionary Federation, Dashnaktsutiun, 1890-1924. Oemme Edizioni, Milán 1990.

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