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La memoria como respaldo de nuestra identidad

“Dedicado al recuerdo del benefactor George Pushidjian”

George-Pushidjian“Cuando ocurrió el Genocidio mi madre tenía apenas tres años, huérfana de padre. Mi padre también era un niño desamparado de ocho años sin familiar alguno. Ellos lograron sobrevivir y construir una familia a pesar de todas las adversidades”, decía emocionado George Pushidjian al inaugurarse el Jachkar que tan generosamente donara a la comunidad hace poco más de un año.

En apenas una frase había podido entonces resumir el calvario de su familia después del genocidio. Ese sufrimiento había fortalecido a su padre Bahrí quien luego de salvar milagrosamente su vida de las caravanas de la muerte, comenzó con un largo peregrinaje que lo llevó en busca de un futuro mejor primero de Diarbekir a Uruguay, luego el retorno al Líbano donde formó su familia. Años después Bahrí junto a su esposa y sus hijos George, Anahid y Azadouhí vino a la Argentina donde se instaló en Valentín Alsina.

Pasaron los años George jamás olvidó la historia familiar que atesoró centímetro a centímetro en manuscritos donde volcó no sólo su propia experiencia de vida, sino que dando enorme importancia a la memoria como respaldo de su identidad armenia, depositó en esas valiosas páginas todos los recuerdos que sus padres le transmitieron..

George fue activo dirigente comunitario, como integrante de Unión Juventud Armenia supo lo que es la militancia por la Causa Armenia. Ganó experiencia que canalizó también a través de su pertenencia a la Comisión Administrativa de la Iglesia Armenia, siempre trabajando en bien de la comunidad. En sus genes traía el apego a la iglesia armenia y tal como lo había hecho su abuelo trabajaba para servir y no servirse como algunos otros.

Formó una familia fuerte y unida con su esposa Margarita y sus hijos Melik, Cristina, Raffi y Carolina. Y ese espíritu comunitario supo transmitírselo a sus hijos, quienes seguramente recorrerán el mismo sendero de dedicación y esfuerzo que él mismo transitó por tantos años.

Años atrás, cuando eran pocos quienes se atrevían a dialogar con los turcos debido a la llaga que todavía sigue abierta y sangrante, George tuvo el coraje de reconocer a un escritor de ese origen que con gran humildad y entrega había escrito un libro donde se abrían las puertas a la sincera reconciliación, reconociendo previamente la responsabilidad de Turquía en el crimen de genocidio contra nuestro pueblo. “Regocijas mi Corazón”, de Kemal Yalcin; fue traducida al castellano e impreso en Argentina a través del aporte desinteresado de George Pushidjian, que no dudó en repartirlo gratuitamente como testimonio del deseo de ir restañando nuestras heridas.

George fue parte de una comunidad que ya se va quedando sin sus valiosos referentes. Una comunidad donde ya no abundan los gestos patrióticos que buscan unir y que van en dirección al bien común y no al deseo e intereses particulares de los individuos.

La familia Pushidjian debe saber que el recuerdo de su patriarca George seguirá vivo entre nosotros porque fue un compatriota cabal, honesto y sincero. Que supo elevar su voz cuando fue necesario y que siempre estuvo donde se lo necesitó. Ese orgullo será el motor que impulsará también la vida de sus descendientes.

George Pushidjian descansa en paz porque hizo todo lo que su conciencia le ordenó dejando un legado a su comunidad, ejemplo que esperemos pueda ser imitado por muchos.

Jorge Rubén Kazandjian

 

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