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La novela turca y nuestra comunidad

Mil y una nochesCuando hace algunos meses un importante canal de televisión argentino anunció la próxima incorporación de una novela turca en su grilla de programación, tuvimos la certeza de que nos enfrentaríamos a un nuevo desafío, esta vez el de confrontar con una manifestación cultural, más pensada para lavar la pobre imagen que tiene Turquía en las comunidades donde los armenios tienen presencia desde que tuvieron que refugiarse como consecuencia de las masacres que comenzaron en 1915, que la de alcanzar un éxito artístico.

La novela se estrenó a principios de enero y la gran difusión que le dio el canal que la transmite hizo que otros programas del medio la replicaran y dieran mayor difusión a un hecho que por sí mismo no hubiera tenido mayor trascendencia.

Seguramente, quienes la programaron sólo pensaron en su rédito económico y jamás repararon en la negativa repercusión que iba a tener en nuestra comunidad, tan sensible a las manifestaciones que lastiman tan profundamente nuestros sentimientos.

Pero, la novela también cosechó adeptos entre la sociedad. Se hizo habitual ver en Facebook comentarios favorables a los protagonistas del culebrón, alabando sus actuaciones o simplemente simpatizando con sus figuras. Real, pero difícil de comprender.

Más difícil de entender fue lo que se observó en un programa de actualidad del mismo canal el viernes pasado. Dos personas de origen armenio, fueron presentadas como “turcas” y se prestaron a la pantomima de bailar en “turco” o remedar a los protagonistas de la novela. La condena a este hecho desgraciado llegó de la mano de las redes sociales donde se multiplicaron el repudio y la crítica a los protagonistas.

El negacionismo turco tiene muchos rostros y éste es uno de ellos. La novela está producida a alto nivel y ofrece sólo escenarios fastuosos y alejados de la realidad social de ese país. Además, envía permanentemente mensajes subliminales como el nombre de uno de sus protagonistas llamado Kemal, o pone en boca de otra actriz la infortunada historia de un hijo perdido en la guerra de Karabagh. Es evidente que la intención de sus productores, seguramente guiados por la propaganda oficial turca encontró correlato en distintos países de Sudamérica, donde de la mano del apoyo económico ofrecido, obtuvo espacio en sus canales más importantes.

No ponemos en tela de juicio la orientación artística del canal, pero queda nos claro su pragmatismo económico que hace lugar a esta clara política de seducción turca.

Es posible que no podamos pretender que los responsables de la emisión de Las Mil y Una Noches la levanten del aire, pero sí podemos reclamar que la Causa Armenia tenga durante el 2015, año del Centenario del Genocidio Armenio, espacios dentro de los programas del Canal 13 y así poder expresar nuestra palabra en este año tan simbólico.

Confiamos en que así sea.

Jorge Rubén Kazandjian

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