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La nueva serie que debes agregar a tu lista

Episodio uno: Érase una vez un antiguo teatro, en una de las regiones más antiguas del mundo. Don Báchar Apricot -regente del teatro- ha heredado el puesto al morir su padre. El personal a su cargo es de lo más variado pero él sabe cómo llevar las riendas de la empresa. No es un hombre muy democrático, pero respeta las particularidades del personal. Hasta que un día la cosa se pone fea, porque actores extranjeros y bandidos locales ponen el ojo en el Albaricoque, nombre del antiguo teatro de Don Báchar.

Un grupo conocido como los guerreros –de los más antiguos operarios en la empresa- se hace con una importante zona del teatro y desconoce la autoridad del regente. Todos comprenden que detrás de la actitud de los guerreros está el famoso Payaso, un empresario adinerado de allende los mares, que trata a su vez de hacerse con el Albaricoque. Más aún, los guerreros han sido el aliado fiel del Payaso en la exitosa lucha contra los caratapadistas, unos lunáticos asesinos que sueñan con transformar el vecindario en lo que otrora fuera el colifato

El conflicto comienza porque el Villano -un matón prepotente y autoritario- siente que los guerreros son una amenaza a su extensa finca aledaña al Albaricoque, construida por villanos matones de antaño. Teme que aquellos puedan ser un mal ejemplo para sus guerreros parientes que a su vez habitan en la extensa finca. Además de sus hombres, el Villano domina a los bandidos locales a los que pronto envía a enfrentarse con los guerreros del teatro, en una lucha sin cuartel. Pero lo que todos intuyen es que el verdadero control del vecindario lo tiene el Zorro, un personaje poderoso, sin capa pero con espada, que ha descendido desde el gélido norte hacia esas zonas más cálidas…

Episodio dos: En un continuo tire y afloje –en esencia sólo un afloje- del Payaso contra el Villano, la relación entre ambos se torna tragicómica. Presiones, chantajes, declaraciones rimbombantes, amenazas de todo tipo, negociaciones y regateo al mejor estilo oriental son las armas tanto de uno como del otro. Asesores del Payaso llegan incluso a aconsejarle que saque a la luz el genocidio que los antecesores del Villano habían cometido más de un siglo atrás contra las poblaciones autóctonas del vecindario. Pero el Payaso –que en el fondo es un empresario al que sólo le interesan sus beneficios económicos personales- no se deja llevar por esos consejos. En realidad, decide solo y no tiene intención alguna de castigar al Villano. Allende los mares, malas lenguas afirman –sin pruebas concretas- que el Payaso mantiene negocios ocultos con el Villano

Al final, el Payaso –que ha dado luz verde al Villano contra los guerreros– decide quitarles el apoyo y retirar a sus hombres del vecindario. ¡No seas tonto! ¡No te hagas el duro! le ha aconsejado al Villano mediante una misiva el mismo día que comienzan los enfrentamientos, en un último intento por frenar sus ambiciones. Pero el Villano no es hombre de escuchar y sus amenazas casi siempre se cumplen. Así, luego de varios días de conflicto, el Payaso saca de la galera una propuesta para detener las hostilidades. La pausa que se pacta tiene como objetivo que los guerreros abandonen el teatro. Pero todavía falta el visto bueno del Zorro. Y el Villano corre hacia él, porque en el fondo no confía en la palabra del Payaso

Episodio tres: El Zorro maneja al Villano a su antojo. Sabe que éste no moverá un dedo sin su autorización. A pesar de viejos rencores, es hora de negociar y de dejar al Payaso fuera del juego. Bien ha calculado que los hombres del Villano no habrán de enfrentarse con los del Payaso porque éste los retirará del vecindario, tal y como sucede. Y que a los guerreros no les quedará más opción que acudir a Don Báchar, para pedirle protección ante la agresión del Villano, quien pretende exterminarlos y erradicarlos del vecindario.

Finalmente, el Zorro y el Villano llegan a un acuerdo: los guerreros deben abandonar la zona de conflicto que ambos contolarán y patrullarán. El Payaso pronto se apercibe de que ha sido –junto a los guerreros– el gran perdedor. Don Báchar ha salido beneficiado porque vuelve a controlar la casi totalidad del Albaricoque. Su puesto de regente ha sido asegurado gracias al Zorro, de quien ahora depende por completo. El Villano no ha logrado acabar con los guerreros pero de esta forma se asegura una victoria parcial y momentánea. El Zorro ha sido el gran vencedor de la partida: todos están a su merced.

Allende los mares, el Payaso no logra –o no quiere- tomar una decisión: qué hacer con el Villano. Trata de ganarse nuevamente al líder de los guerreros –a los que literalmente ha traicionado- y lo invita a su casa. Pretende ahora que los guerreros sean los guardianes de los pozos petrolíferos del vecindario, en los que él tiene intereses. Ante la noticia, el Villano pone el grito en el cielo. Pero el Payaso se ha asegurado de invitarlo con anticipación, a negociar una vez más, también a él. Por su parte, el Zorro reprueba enérgicamente esta nueva injerencia del Payaso en vecindario ajeno y el Villano –a la espera del inminente encuentro- hace saber que si el Zorro no respeta el acuerdo logrado, volverá a la carga contra los guerreros. Y como si fuera poco, ¡aparece muerto en el vecindario el jefe de los caratapadistas! Un verdadero intríngulis.

Mientras tanto, en el vecindario del Payaso, cansados ya de tantas payasadas, algunos ilustres vecinos empiezan a tomar la iniciativa. Hay que darle una lección al Villano y nada mejor que sacar nuevamente a la luz lo que más le duele: el genocidio que sus villanos antecesores habían cometido…

Dr. Ricardo Yerganian
Exdirector del Diario ARMENIA
ryerganian@diarioarmenia.org.ar

Nota del autor

La serie continuará pero todavía no se sabe de temporadas ni de episodios. Los personajes son ficticios. Cualquier semejanza con la realidad (no) es pura coincidencia.

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