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La pobreza como común denominador de los soldados caídos en Artsaj

Historias de héroes anónimos

12_Naira-y-esposoStepanakert (Hrant Kalstyan para Hetq).-En una conversación con sus padres, Rafik un joven soldado de apenas veinte años, les dijo que prefería que no le hicieran una fiesta de bienvenida al retornar a su casa luego de cumplir con su servicio militar.

“Le pregunté, querido, por qué no quieres “, dice Naira (foto) la madre del conscripto. “No tenemos dinero”, respondió el joven a lo que la mujer le dijo que no se preocupara, que era bueno su regreso. Esas fueron las últimas palabras que Naira intercambió con su hijo. Rafik Hakobyan murió la noche siguiente durante el combate que se desencadenó en el área de Talish a principios de abril de 2016.

De los soldados armenios que cayeron en defensa de su suelo hace poco más de un año en la frontera que separa Artsaj de Azerbaidján, el 51,3 % procedía de familias pobres y el 32,4% de familias en situación de extrema pobreza.

Una investigación llevada adelante por Hetq mostró que el ingreso promedio de cada familia de los soldados armenios caídos en cumplimiento de su deber es de alrededor de 30.000 dram, unos sesenta dólares. Esa suma representa el 54% de la canasta de consumo mínimo de Armenia.

Durante mi visita al pueblo de Karmrashén, región de Arakazodn, Naira me contó la historia de su familia. El tío de Rafik vive aquí en una casa de tres habitaciones junto a otros diez miembros de su familia.

Ellos se habían trasladado a Rusia hace cinco años. Naira trabajaba en una imprenta de San Petersburgo, mientras que su marido Klghat lo hacía en la industria de la construcción. Rafik, su hijo también colaboraba con la economía familiar se desempeñaba en una fábrica de calzado. La mujer cuenta que el empleador de Rafik se ofreció a liberarlo del servicio militar y deducir el costo de ese trámite de sus remuneraciones. Pero el joven se negó.

Enterados de la muerte de su hijo los padres de Rafik volaron a Armenia el 4 de abril. El costo de sus pasajes aéreos fue sufragado por un grupo de armenios que viven en San Petersburgo. Sus otros dos hijos, Alisa (18) y Narek (16), se quedaron en Rusia. “Los niños no pudieron venir a despedir a Rafik porque no teníamos dinero”, dice apesadumbrada Naira.

Los padres regresaron a Rusia un mes después del entierro de Rafik. Allí viven en un departamento alquilado. El trabajo también escasea, de hecho, cuando ocurrió la muerte del joven recluta, su padre se encontraba sin empleo.

En mayo pasado, cuando visité la familia, tres de los compañeros de Rafik estaban sirviendo en la primera línea de Artsaj.

Al igual que los habitantes de muchos otros pueblos armenios, los ciento veinte pobladores de Karmrashén sobreviven de la cría de animales y el cultivo de cereales y papas. Venden sus papas y algunas variedades de quesos. El pueblo es muy modesto y casi está despoblado.

El vicealcalde Samvel Torosyan, asegura que el 50 o 60 % de las familias tiene algún integrante que trabaja en Rusia u otras regiones aledañas. Agrega que el número de emigrantes era mayor antes, pero la devaluación del rublo hizo que algunos retornen.

También en Kegharkiunik

12_LenaEn Eranos, pueblito de la provincia de Kegharkiunik, vive la familia de otro de los héroes de Artsaj, Norig Sarkissian.

Las necesidades de los diez integrantes de la familia del soldado muerto son cubiertas por dos hermanos mayores de Norig que trabajan en Rusia. Durante nuestra visita, su padre había viajado a Ereván para buscar empleo.

Le pregunto a Lena, la madre de Norig, que iba a hacer su hijo luego de retornar del ejército. Ella nos respondió que también iría a Rusia en busca de trabajo como sus otros hermanos.

Misha

12_Misha-1“Tengo más de veinte familiares en la Federación de Rusia. La mayor parte de mis parientes tuvo que emigrar porque aquí se sofocaban, no podían sobrevivir, entonces se fueron”, nos dice Gamó, padre de Misha, otro soldado muerto en la guerra de los cuatro días. Hasta un mes antes de ser citado a las filas, Misha también trabajaba en Rusia. Con el producto de su labor y otras changas, Misha había comprado un tractor para su padre. “Te compré el tractor para que te mantengas ocupado hasta que regrese”, cuenta Gamó que le dijo su hijo. “Volvió demasiado pronto”, señala apesadumbrado.

Misha era hijo único. Su madre Chavahir, trabaja en la limpieza del colegio de Vartaplur, en tanto el padre es guardia de seguridad. “Ahora, apenas somos dos ancianos”, dice en voz baja Gamó, que agrega: “Que a mi hijo no le hubiera pasado nada, a mí no me hacía falta nada… Él quería volver, renovar nuestra casa, estudiar, trabajar, formar una familia. Teníamos muchos planes para él”. Antes de volver a la ruta el padre de Misha me pide que retrate la villa para que sepan que es el pueblo del héroe.

Gor

El padre y el hermano mayor de Gor Giragossian también retornaron de Rusia al enterarse de la muerte de su hijo. Los parientes de Gor viven en Arevig, un pequeño caserío de la provincia de Armavir. Allí habita su madre junto a sus tíos. Ella es docente mientras que el resto de los componentes de la familia son agricultores. El tío dice que ese año vendieron la uva que produjeron a sólo 20 tram el kilogramo, menos de tres centavos de dólar. Cuenta que sobreviven con las jubilaciones de sus ancianos padres.

Boris

12_MrazDos pueblos más adelante vive la familia de Boris Ozmanyan, que también vive de lo producido de su pequeño huerto y la pensión que recibe Mraz, su anciano abuelo. “Cada mes, cuando recibía los 39.000 dram (ochenta dólares) de mi mensualidad, compraba ropa y calcetines para mi nieto. Muchas veces enviaba prendas de más para sus compañeros más pobres que él”, dice en voz baja Mraz que pertenece a la etnia yazidi. 

Boris tenía educación superior, su hermano menor Ajón de 16 años de edad, no puede asumir la muerte de Gor. “Tiene miedo, no descansa, está fuera de sí. No duermo por las noches, estoy siempre a su lado por temor a que se haga daño”, manifiesta el anciano. Cuando se refiere al servicio militar de su nieto, dice que fue él quien lo impulsó a enrolarse.

Aramayis

12_lilitMuchas de las familias de los soldados muertos a las que visitamos nos dijeron que los jóvenes padecían de diversas afecciones luego de ser reclutados. Muchos incluso afirman que algunos fueron incorporados a las fuerzas armadas a pesar de estar enfermos.

La madre de Aramayis Mikaelyan, Lilit, subraya que su hijo fue enlistado a pesar de padecer una dolencia que le deformó ambas rodillas. Cuando reclamó a la autoridad militar por ese inconveniente, le respondieron que Aramayis no sería enviado al frente de batalla.

“A mi hijo querían ascenderlo a sargento sin tomar en cuenta su estado de salud”, expresa Lilit que dice que aún está muy nerviosa y enfadada. Ella habita en el pueblo Voskehad de Armavir. Aramayis estudiaba telecomunicaciones en Echmiadzín antes de entrar en el ejército. Su madre dice que podrían haber aprovechado sus conocimientos técnicos en vez de mandarlo a combatir al frente.

Aramayis era el mayor de dos hermanos. Arsén, el menor,  pronto tendrá edad para ser convocado a las filas. Lilit dice que a pesar que le reprochen no permitirá de ninguna manera que su otro hijo sea enrolado. “No quiero perder también a Arsén”, dice con lágrimas en los ojos.

Uno de cada tres soldados conscriptos tiene estudios superiores. Muchos otros poseen educación secundaria o están a punto de culminar sus estudios. Sin embargo, al analizar el nivel de educación de los caídos en la guerra de abril, pudo observarse que la enorme mayoría eran soldados de escasos recursos y de menor grado de formación.

Grado de educación

Sólo uno de los caídos tenía estudios universitarios. Hablando respecto a este tema, el exministro de Defensa Seirán Ohanian dijo oportunamente que muchos jóvenes de familia acomodadas con acceso a estudios terciarios o universitarios postergaban su ingreso al ejército y luego cumplían con su obligación militar. El militar trataba de explicar por qué la mayoría de los efectivos caídos en combate eran de familias de escasos recursos económicos. Pero ante una consulta concreta al respecto, Ohanian respondió que las sospechas de corrupción no se “correspondían con la realidad”.

La mayor parte de los caídos tenía residencia en Artsaj. Muchos de ellos estaba cumpliendo con su deber de ciudadano. También hay que destacar que muchos soldados muertos eran de Ereván. Pero la realidad indica que proporcionalmente a su población fueron mayores las víctimas que vivían en ciudades como Shirak, Kotaik y Arakadzodn. Shirak y Kotaik, son las provincias más indigentes del país con índices del 44,2% y 37,2% de pobreza.

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