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La resurrección de Jesús (Marcos 16.1-8)

Iglesia Evangélica Congregacional Armenia “Santísima Trinidad”

ԳերեզմանLa Biblia nos relata que después de tres días de la crucifixión, la muerte y sepultura de Jesús las mujeres fueron temprano el día domingo, una vez que había terminado el día de reposo, para cumplir con el ritual acostumbrado de ofrecer un último gesto de afecto y cuidado al cuerpo yacente de Jesús.

Ellas no tenían la menor idea de encontrarse con una tum­ba vacía. La resurrección no fue el resultado de sus expectativas o fantasías, sino un hecho real y concreto, operado por el poder de Dios y conforme a sus prome­sas.

Ellas esperaban encontrar un cadáver y se encontraron con alguien vivo. ¿Quién era? Marcos dice que era “un joven.” Mateo dice que era “un ángel.” Quienquiera que haya sido, el mensaje resultó ser cierto: Jesús no estaba muerto, sino vivo. Había resucitado.

No se asusten les dijo el ángel. Ustedes buscan a Jesús el Nazareno, el que fue crucificado.        ¡Ha resucitado! No está aquí. Miren el lugar donde lo pusieron.  Pero vayan a decirles a los discípulos y a Pedro: “Él va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán, tal como les dijo”. Marcos 16:6,7.

Tres cosas fundamentales se destacan en estos versículos:

“¡Ha resucitado!” Este versículo no nos dice cuándo ni cómo. Tampoco describe el cuerpo que Jesús tenía después de su resurrección. Sí nos dice que él re­sucitó y dónde resucitó. ¿Por qué es esto importante? ¿Qué significado tiene? Hay al menos cuatro cosas que podemos señalar:

(1) Esto significa que Jesús está vivo ahora. Los cristianos no sólo lo recordamos, sino que lo adoramos como el que vive y como quien participa de nuestra vida diaria (Gá. 2.20).

(2) Esto significa que Dios es más fuerte que el mal y que el mundo. Los seres humanos mataron a Jesús por el pecado que había en ellos. Pero este pecado no pudo con el amor y la՛ bondad de Dios, porque él libró a Jesús de la muerte (Hch. 2.23, 24).

(3) Esto significa que Dios es más fuerte que el pecado que está en nosotros (1 Jn. 3.20).  El mismo Dios que resucitó a Jesús puede resucitarnos a nosotros de una vida de pecado (Ro. 6.4, 11) y darnos vida eterna.

(4) Esto significa que Dios es más fuerte que la muerte. Si Dios resucitó a Jesús, él puede darnos vida después de la muerte de nuestros cuerpos y resucitarnos cuando Cristo vuelva a la tierra.

“No está aquí.” Las mujeres no estaban equivocadas en buscar a Jesús, pero lo estaban buscando en el lugar equivocado. El ya no está entre los muertos, sino entre los vivos, en nuestros quehaceres cotidianos y en nuestra vida diaria. Jesús no quedó encerrado en una tumba fría y oscura, sino que nos acompaña cada día trayendo la luz y el calor de su presencia, tal como él lo prometió (Mt. 28.20b).

“Él va delante de ustedes.” Jesús jamás empuja a sus seguidores. Él va ade­lante, enfrenta las dificultades y dice “Síganme.” Él quiere seguidores y no aventureros. Él abre el camino y pone dirección a nuestro andar.                              

¡Gracias a Dios, no seguimos a un muerto sino a un Señor que vive y nos guía cada día!

 

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