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La semilla de la justicia finalmente germinó en Estados Unidos

Henry Morgenthau y el NER, detrás del reconocimiento del genocidio

El reconocimiento del genocidio por parte de una cámara del Congreso de EE.UU. se basó, en especial, en reportes y gestiones oficiales realizados por el entonces embajador ante el Imperio Otomano, Henry Morgenthau, y los millones de dólares de ayuda humanitaria, recaudados a instancias de éste.

Hay momentos en la vida en que todo esfuerzo parece en vano. Algo así como predicar en el desierto o gritar a más no poder, pero sin que nadie escuche.

Es lo que debe haber sentido en 1915, casi con seguridad, el entonces embajador de Estados Unidos ante el Imperio Otomano, Henry Morgenthau Sr. Tres años de residencia en Constantinopla, entre 1913 y 1916, le dieron al diplomático una clara visión de la matriz autoritaria, xenófoba y racista del régimen de los Jóvenes Turcos.

Hace apenas unos días, durante el debate en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, que aprobó el reconocimiento del genocidio armenio (Resolución 296), el nombre de Henry Morgenthau volvió a pronunciarse con fuerza como hace más de un siglo.

Es que la citada resolución de la cámara legislativa estadounidense tiene entre sus fundamentos los reportes oficiales de Morgenthau desde Constantinopla, sus presentaciones y denuncias acerca de las matanzas ante el Congreso de Estados Unidos y también el trabajo humanitario que desarrolló el Near East Relief (NER), que impulsado por el propio embajador, salvó decenas de miles de vidas de armenios que marchaban directo a la muerte.

La resolución aprobada el pasado 29 de octubre destaca que “Estados Unidos tiene una orgullosa historia de reconocer y condenar el genocidio armenio, el asesinato de 1.500.000 de armenios por el Imperio Otomano de 1915 a 1923, y proporcionar ayuda a los sobrevivientes de la campaña de genocidio contra armenios, griegos, asirios, caldeos, sirios, arameos, maronitas y otros cristianos”.

La norma recordó explícitamente que “Estados Unidos ha reconocido oficialmente el genocidio armenio a través de la declaración escrita del 28 de mayo de 1951 del Gobierno de los Estados Unidos a la Corte Internacional de Justicia, con respecto a la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio”.

También citó otros cuerpos legales como la Proclamación del presidente Ronald Reagan N° 4838 del 22 de abril de 1981; la Resolución Conjunta 148 de la Cámara del 8 de abril de 1975, así como la Resolución Conjunta 247 de la Cámara, adoptada el 10 de septiembre de 1984.

Pero un punto fuerte de la argumentación a favor del reconocimiento de ese crimen de lesa humanidad, y por lo tanto imprescriptible, se refiere a la información oficial que envió Morgenthau desde el Imperio Otomano, donde prestaba servicios diplomáticos.

Sobre el embajador, la Resolución 296 de la Cámara de Representantes precisó que Morgenthau “organizó y dirigió protestas de funcionarios de muchos países contra lo que describió como ‘campaña de exterminio racial’ del imperio”. También recibió instrucciones el 16 de julio de 1915 de parte de su superior, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Robert Lansing, indicando que “el Departamento aprueba su procedimiento… para detener la persecución armenia”.

Agradecimientos en Alexandropol (hoy Gyumrí).

Juego peligroso

En 1914 Henry Morgenthau ya había intercedido ante las autoridades otomanas para salvar a miles de judíos de Palestina. Pero lo peor vendría a partir de la primavera del año siguiente. El embajador fue testigo de la ejecución del plan criminal del gobierno turco para borrar de la faz de la Tierra al pueblo armenio.

Y así lo hizo saber no sólo a su gobierno, al propio presidente Thomas Woodrow Wilson (1913-1921) sino también al Congreso de Estados Unidos. Wilson fue el mismo que en 1920 tras la Primera Guerra Mundial, tuvo a su cargo el mandato para determinar los límites nacionales en el desmembrado Imperio Otomano, que dio lugar a la propuesta de una Armenia de mayor superficie, incorporando las provincias occidentales de Erzerum, Bitlis y Van.

Pero no sólo alzó la voz en su país para denunciar las atrocidades cometidas por los turcos contra los armenios. Protestó incluso ante las autoridades del Imperio Otomano, entrevistándose -y discutiendo airadamente- con dos de los hombres fuertes del régimen, los ministros del Interior y de Guerra, Talaat y Enver Pashá.

En sus memorias, publicadas en 1918 (“Ambassador Morgenthau’s Story”), Morgenthau narra con lujo de detalles lo que vio en forma directa y la información que le llegó de las propias víctimas y de funcionarios de su gobierno. Cabe recordar que hasta que Estados Unidos entró en la guerra en abril de 1917, de hecho, su libro fue censurado.

Entre enero y febrero de 1915, Morgenthau ya había comenzado a recibir reportes de inteligencia de los diez cónsules estadounidenses en el Imperio Otomano, sobre persecusiones y matanzas de armenios. La información era todavía algo fragmentada y sin aparente conexión de unos hechos con otros, por lo que el embajador no atribuyó la violencia a algo muy diferente de los tiempos de guerra que se vivían.

Pero conforme avanzaba el plan genocida, la cosa se puso más espesa. Las autoridades turcas cortaron la comunicación de Morgenthau con sus cónsules y censuraron sus despachos. Como el embajador se rehusaba a presentar informes en base a rumores, intentó verificar los hechos pero los turcos se esforzaban en impedirlo.

Para julio de 1915 la evidencia ya era abrumadora. Por su despacho habían pasado muchas víctimas armenias y misionarios estadounidenses contando relatos coincidentes con los cables consulares. El 10 de julio telegrafió a Washington e informó que estaba en marcha lo que llamó un “asesinato racial”. Recordemos que el concepto de genocidio todavía no existía, habría que esperar hasta 1943 y todo el trabajo de investigación de Raphael Lemkin para avanzar en ese punto.

El cable decía: “La persecución de armenios está asumiendo proporciones sin precedentes. Los informes de distritos ampliamente dispersos indican un intento sistemático de desarraigar a las poblaciones armenias pacíficas, a través de arrestos arbitrarios, torturas terribles, expulsiones y deportaciones de un extremo al otro del Imperio, acompañadas de frecuentes casos de violación, saqueo y asesinato, que se convierten en masacre, para traerles destrucción y miseria”.

Y más adelante agregó que estas medidas “son puramente arbitrarias y están dirigidas desde Constantinopla, en nombre de la necesidad militar, a menudo en distritos donde es probable que no se realicen operaciones militares”.

Acción decidida

Son conocidas las airadas protestas de Morgenthau a Talaat sobre la situación de los armenios y la respuesta sobre su condición de judío. Más revelador es su acción en tanto representante de Washington, porque es lo que da soporte a la declaración oficial del reconocimiento que hoy tiene entre preocupado y enojado al presidente turco Recep Tayyip Erdoğan. El próximo 13 de noviembre visitará la Casa Blanca pero las movilizaciones en su contra están a la orden del día.

Volviendo a Morgenthau, ante las atrocidades decidió actuar y apelar a la recaudación de fondos para financiar las campañas de asistencia humanitaria (“Done o pereceremos”) llevadas a cabo primero por el American Committee for Armenian and Syrian Relief y más tarde por el Near East Relief (NER). Se estima que en conjunto se recaudaron cerca de U$S 100 millones, equivalentes a unos U$S 2500 millones de hoy.

Además de dinero Morgenthau logró que en 1919 el gobierno de Estados Unidos aprobara el envío de una comisión, liderada por el general Harbord, cuya misión era cruzar el territorio del Imperio Otomano, literalmente el teatro de operaciones del genocidio, para analizar las condiciones políticas y económicas para una posible repatriación de los sobrevivientes.

A su regreso, presentó un exhaustivo informe ante el Departamento de Estado. Su informe proveyó “prueba irrefutable” del exterminio del pueblo armenio, a partir de relatos de horror, violencia, robo y destrucción, que afectó profundamente a los miembros de la misión militar Harbord. Además, confirmó que la campaña de limpieza étnica llevada a cabo por los Jóvenes Turcos había sido premeditada.

Carlos Boyadjian
Periodista
coboyadjian@yahoo.com.ar

Admiración y reconocimiento

Henry Morgenthau Sr. está en Armenia. No sólo en los corazones de todos los armenios por su trabajo en favor de las víctimas del genocidio. Literalmente, una parte de él yace en Tsitsernagapert. Por iniciativa del Piero Kuciukian, un investigador ítalo-armenio, el 23 de abril de 1999, en presencia de su nieto Henry Morgenthau III, una porción de tierra de su tumba en el cementerio Mount Pleasant de Nueva York, fue depositada en el Muro del Recuerdo en Tsitsernagapert. Morgenthau también es una de las diez personalidades mundiales presentes en el Hall de la Gratitud de la Universidad Estatal de Erevan. Desde 2015 integra ese selecto grupo junto a figuras como Franz Werfel, autor del libro “Los 40 días de Musa Dagh” (1932); y Raphael Lemkin, quien en 1943 conceptualizó y desarrolló la figura jurídica de genocidio como delito de lesa humanidad.

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