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La verdadera historia de Solimán el Magnífico

Para conocer la verdadera historia

Solimán-el-MagníficoLa segunda parte de la iniciativa propagandística novelizada de Ankara, lleva el nombre del más destacable de los sultanes; recordado por su capacidad, por su atención a la cultura y también por la sangrienta política de sus conquistas, mediante las cuales intentó llegar y dominar toda Europa. Recordemos que a principios del siglo XIII, cuenta José Pijoan en “Summa Artis”, que una banda de turcos acampada en el Korasán, fue obligada a desplazarse por la invasión mongola que llegó a Persia. Ellos fueron la base del futuro Imperio Otomano.

Solimán nació en Trebizonda, el 6 de noviembre de 1494, ocupando el Sultanato entre 1520 y 1566, cuando fue derrotado en la última batalla que emprendió. La sucesión dinástica en el Sultanato, se dirimía mediante el asesinato entre los familiares de los candidatos a ocupar el trono.

Solimán se dedicó a guerrear con las potencias de su época, conquistando Belgrado, Rodas, Hungría, el norte de África; tanto que combatió intentando infructuosamente conquistar Viena (1529-1566). Había reunido 250 mil hombres, pero la actual capital de Austria afrontó veinte asaltos consecutivos; allí los otomanos perdieron 80 mil hombres.

La vigorosa resistencia fue encabezada por el príncipe Federico, quien consiguió el apoyo de otros países, lo obligó finalmente a levantar el sitio.

Consciente de su debilidad, Solimán emprendió la retirada hacia Asia. Se apoderó de la Alta Armenia, que la dividió con el imperio persa, y avanzó hacia las murallas de Bagdad.
La influencia de la flota otomana en el Mediterráneo fue muy corta, pero fue notable su acción en las ciencias y las artes, lo que no fue seguido por sus sucesores.

Llamado El Magnífico en Occidente, en Oriente, su apodo fue Kanuni, es decir, el Legislador. Había heredado el título de Califa tras la muerte de su padre, Selim I, y siguió expandiendo el Imperio Otomano. Era consciente que la pobreza artística turca era evidente por la inexistencia de un teatro propio, hasta el siglo XIX; que su poesía era sobre todo mística, reflejando la fina poesía persa, a la que imitaba; y que su música se reducía a marchas militares, lo que contrasta con el grupo fino-ungrio de su mismo origen, pero de mayor calidad cultural.

Las crónicas relatan diversos hechos y memorias de personalidades de la época. También son numerosas las pinturas y los grabados con su imagen. El arquitecto Sinán, de origen armenio, realizó varias de sus obras, muchas de las cuales todavía perduran.

Debe recordarse que impuso a las familias cristianas la obligación de entregarle un recién nacido de cada cinco, para su compañía de jenízaros. Esa perspectiva del personaje histórico se condice mucho con los proyectos, pero poco con las predilecciones de Tagip Erdogan, quien intenta -a pesar de todos los factores en contra- ingresar a Europa por vía diplomática.

Cada vez más, su objetivo real se hace evidente. Qué mejor ropaje para Erdogan, que la personalidad de Solimán el Magnífico que difunde la novela. Sin embargo, el contraste no lo favorece. Tiene todos los defectos y ninguna de las virtudes.

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