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Las antorchas que iluminan el futuro de los armenios

Marcha de antaorchas ErevanHoras antes del 24 de Abril las calles de Ereván fueron desbordadas por una juventud que marchó en peregrinaje a la colina de Dzidzernagapert para rendir su homenaje al millón y medio de víctimas del Genocidio con el que Turquía quiso aniquilar al pueblo armenio para borrarlo de la faz de la tierra.

Como cada año, miles de jóvenes transitan el sendero desde la Plaza de la República hasta el santuario que honra la memoria de quienes sucumbieron ante la barbarie de un genocida al que no le tembló el pulso para matar a hombres, mujeres y niños indefensos poniendo de manifiesto su crueldad y desapego hacia sus semejantes, ciudadanos del mismo imperio.

Como cada año las antorchas iluminan la noche de Ereván, aun templada a pesar de haber ya avanzado la primavera, empuñadas por jóvenes y adolescentes que recorren el camino en peregrinación, entonando canciones patrióticas y precedidos por sacerdotes, se elevan por el sinuoso camino en dirección a la llama eterna que simboliza la vida de un pueblo que decidió resistir el salvaje crimen de lesa humanidad y recomenzar su vida allí donde el destino lo depositó como refugiado.

Como se sabe, al igual que en muchas otras comunidades del mundo, incluida la Argentina, estas marchas son impulsadas por Unión Juventud Armenia, organización juvenil que las sostiene y las comparte con sus semejantes de todas las extracciones políticas y sociales.

La modernidad nos ofrece la posibilidad de poder seguir por la web el desarrollo de cada edición anual de la ya tradicional marcha del 23 de abril. Muchos tuvimos la fortuna de presenciarlas y acompañarlas con un sentimiento imposible de describir cuando a la medianoche del 24 de Abril comienzan a colocarse las primeras flores en torno al fuego sagrado de Dzidzernagapert. Momentos de extrema emoción donde las lágrimas afloran espontáneamente en muchos, mientras la garganta se cierra y es difícil articular palabras con voz estremecida y quebrada.

Flamean las banderas de todos los países que reconocieron el Genocidio de los armenios, mientras que también las insignias del Tashnagtsutiún y Homenetmen son ondeadas orgullosamente por manos jóvenes que recién están conociendo la historia de estas dos organizaciones que han sido fundamentales para la reconstrucción de la Nación armenia en una Diáspora nueva, débil en un comienzo, pero que junto con el esfuerzo de otras instituciones hermanas como HOM y Hamazkaín, fue tomando exitoso impulso hasta transformarse en un verdadero apoyo para la Madre Patria.

Ambas, Armenia y Diáspora conforman el corazón de una Nación que a 102 años de sufrir el genocidio se muestra dispuesta a seguir luchando por sus justas reivindicaciones. La etapa del reconocimiento ya está superada, hoy la prioridad es combatir el negacionismo, nueva fase del crimen jamás reconocido. Tampoco hay que dejar de lado los reclamos de restitución y reparación, ejes del profundo temor de Turquía, porque sus autoridades saben que tienen mucho que resignar si la balanza de la justicia se inclina finalmente hacia el pueblo armenio

En tanto, cada uno de nosotros en todas las comunidades que conforman la Diáspora, debe comprender que la causa armenia no se defiende sólo cada 24 de Abril, que ese deber que cada armenio lleva en su ADN debe ponerse de manifiesto cada día, cada hora de nuestras existencias.

Hay un millón y medio de almas que claman justicia y quienes tenemos el compromiso de procurarla somos nosotros, los herederos de ese pueblo que luego de arrastrarse dolorosa y trágicamente por el desierto de Der el Zor, logró sobrevivir y hoy más de un siglo después sigue más vivo que nunca.

Jorge Rubén Kazandjian

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