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Lo que hay tras la turcomanía

Nota de La Estrella de Panamá

Lo artístico cultural. Las novelas por entregas en capítulos periódicos constituyen un fenómeno que surgió ya desde el siglo XIX y se cuentan entre sus servidores plumas como las de Benito Pérez Galdós y otras plumas famosas en Francia, y Estados Unidos. Aquella forma de cautivar a un público masivo, que no se aventuraba a entrar en el cultivo formal de la lectura contenida en un libro único, dio paso, con la llegada de las innovaciones técnicas, a las radionovelas primero y a las telenovelas después.

Esta última forma sentó sus reales en Latinoamérica, en momentos en que el público estaba sometido al influjo de la pauta gran-fílmica hollywoodense, en la cual el cautivador magnetismo del filme formal entregaba al público una historia completa en una sola sentada. La telenovela suministraba el recurso a la recurrencia del espectador atado a una serie de capítulos.

las_mil_y_una_nochesLos países latinoamericanos suplieron sus deficiencias técnico-financieras con el suministro de historias por sucesivas entregas. Todo ello se nutrió del microambiente en que se generaba, y así México pronto se vio obligado a reflejar en forma barata la realidad delincuencial de su diario y azaroso vivir y Venezuela dio lugar a lo que sus propios ciudadanos dieron en llamar teleculebrones, caracterizados por disputas entre varias parejas, todos ellos apelando al recurso de filmaciones en espacios reducidos, ya sean ellos habitaciones domésticas o recintos carcelarios.

No obstante, algunos países latinoamericanos, entre los que se destacaban Brasil y Colombia, dieron salida a temas históricos y folclóricos recreados con una minuciosidad de narración, decorado y paisajismo que suplían con éxito al gran cine. El interés por lo exótico, trenzado con la actualidad moderna, logró que la serie de genial factura brasileña El Clon mantuviera atrapada a audiencias que solo a través de la pantalla podían asomarse a las callejuelas del Zoco o Medina de Marrakech.

Aquella audiencia era ajena a la naturaleza del reino marroquí, de sus gobernantes y sus opositores victimados, desde Ben Barka, pasando por la familia de Oufkir, de sus trabajadores y naturalmente de la tragedia del pueblo saharaui. El decorado lo cubre todo. Es por todo lo anterior que las actuales series turcas, que relatan episodios de la magnificencia de su pasado imperial, cautivan al gran auditorio goloso, no solo de la trama sino de la filmación de costumbres, ropas y exteriores prescindiendo sí de la naturaleza del régimen turco actual.

La estética cinematográfica como vector económico y político

Más allá del comentario cultural, la invasión de estas series turcas en el ámbito latinoamericano pretende abrir, mediante la instrumentación cultural, un espacio de receptividad y permisividad hacia las acciones reales que el Estado turco realiza en su entorno.

Lo primero es la idea de la unicidad del Estado turco como reflejo de una nación homogénea. Nada más lejos de la verdad ni antes ni hoy; así como en las novelas no se expresa claramente la procedencia diversa de sus actuantes desde Crimea hasta Albania y se oculta que el Imperio otomano era multinacional y no solo turco, también en la actualidad Turquía pretende presentarse ante el mundo como la república de la nación turca y no como un Estado que encierra dentro de sí naciones distintas como los kurdos, los armenios, todas las cuales principalmente ocupan las regiones al este y sureste de la meseta de Anatolia, y los laz en el borde póntico del noreste. Muchos de esos grupos esconden su etnicidad y se hacen pasar como turcos étnicos por miedo a las represiones, ya que en ese país es severamente castigado el ciudadano que se exprese en otra lengua.

Al terminar el siglo XIX y el Inicio del XX existían dos imperios que se conocían como ‘cárceles de pueblos’, ellos eran: el austrohúngaro y el ruso. La I Guerra Mundial y la Revolución rusa abrieron las puertas de aquellas prisiones, dando lugar a que las múltiples naciones que surgieron en el seno de aquellos dos imperios constituyeran sendos Estados basados en el concepto nacional.

En la actualidad Turquía retiene para sí el título de “Cárcel de Pueblos”, aunque no lo reconoce y niega la diversidad que hay dentro de sí.

Los delirios del panturquismo. A partir de la visión distorsionada que tiene de sí misma, Turquía no solo se proclama homogénea, que no lo es, sino que el panturquismo de su clase dirigente le obliga a soñar con un nuevo Imperio Pan-turco que incluya desde Xinjiang en China, los países de Asia Central, Azerbaiyán en el Cáucaso, los países árabes en que existan minorías de habla turca como Siria e Irak, (conocidos como turcomanos), en Chipre, y finalmente la Turquía misma como centro imperial.

Esa doctrina ultrachauvinista se identifica como Turanismo y aboga por la unión de los pueblos uraloaltaicos (es decir los comprendidos entre los montes Urales y la meseta del Altai).

Vectores del expansionismo panturco

Toda doctrina chauvinista e irredentista requiere de complejas y rebuscadas argumentaciones basadas en glorias pasadas y ellas son elaboradas por políticos teóricos como Davotoglu (el actual primer ministro) y ejecutadas por una sinuosa y siniestra hermandad de acción práctica terrorista, conocida como los “lobos grises”.

Dentro de estas tendencias se ubica Recep Tayyip Erdogan, quien aboga por la eliminación del carácter laico del Estado y la imposición del velo a las mujeres. Este personaje hace uso de un ultranacionalismo, xenofobia y ultrapersonalismo que ha llevado a que las gentes sensatas de ese país se mofen adjudicándole el mote de ‘El Sultán’.

Más allá de las clandestinas puyas y bromas de sus adversarios, Erdogan ha demostrado su interés por el bienestar familiar comisionando a su hijo para que administre la colocación y venta del petróleo robado a Siria e Irak bajo la protección de las fuerzas de su país. Pero el dinero obtenido de ese inmoral saqueo debe lavarse… ¿Dónde habrá de lavarse? No nos atrevemos a efectuar conjeturas, pero nos llama la atención el hecho de que recientemente en Panamá se abriera hace poquísimos meses una representación diplomático-consular de ese país. ¿Buscarán una lavandería? Esto debe ser seguido y analizado.

La represión interna exacerbada

SultanErdoganConstruir un cuasi-sultanato no se consigue sin desvirtuar las bases republicanas del Estado construido por Atatürk y sin acudir al encarcelamiento sistemático de periodistas, de opositores y de los dirigentes de las minorías realmente existentes en el país.

El clima de represión interna utiliza el pretexto de la conmoción externa en sus fronteras para reprimir a los grupos étnicos adversos dentro y fuera de sus límites fronterizos.

Para lograr la apoyatura necesaria, se fraguan autoatentados detrás de los cuales nuevas escaladas represivas se montan sin fin, en un clima de violación sistemática del derecho internacional.

En ese ambiente la intervención de los Estados Unidos, pretendiendo regular las acciones de un aliado tan díscolo como Turquía, termina por colocar a los dirigentes estadounidenses en un situación sumamente desairada; así Obama recrea el símil del amo de dos perros (Turquía e Israel) que pretende sacar a pasear a sus cánidos ingobernables y se deja arrastrar por estos a una situación de pelea callejera no deseada.

Turquía invoca a la destrucción de su actual Estado

El resultado final será que el involucramiento de Turquía en las agresiones contra un Estado soberano como Siria y el despacho de tropas mercenarias desde su territorio hacia Yemen pondrán en evidencia la ilegitimidad del actual Estado turco ante la opinión pública internacional.

Tarde o temprano los kurdos de dentro y fuera de su territorio terminarán por construir el Estado propio al cual tienen derecho ya reconocido según el frustrado e incompleto Tratado de Sêvres; y el pueblo turco asumirá su responsabilidad en la federalización de su país con participación de sus minorías realmente existentes y ocultas por necesidad.

Juan Carlos Más C.
opinion@laestrella.com.pa

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